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lunes, 27 de abril de 2015
UNA VIÑA SIN RAMAS SUPERFLUAS
Han pasado muchos años después del inicio del reino de Jesucristo con trono en el cielo y con súbditos en la tierra. Este reino ha viajado con niños (porque de ellos es el reino de los cielos) por diferentes naciones y culturas del globo, hasta que nosotros por gracia de Dios fuimos conquistados. Imposible es, que en las fuentes de contagio que han sido miles en pantanos del ángel caído, no haya adquirido un virus resistente que mantiene el cuerpo anémico y en el enanismo si lo comparamos con la población mundial. Al tratar de restaurar la salud eclesiástica, como es dicho que somos cuerpo, es preciso dejarnos examinar como el paciente que voluntariamente se sujeta al médico que lo atiende, y si el análisis del galeno dicta salud completa ¡que bueno! y si el cirujano diagnostica tratamiento, ¿por qué no aplicarlo?
En la salubridad requerida, habría que desaguar los viejos pozos con parásitos que a uno le quedan en la mente por haber cruzado en el viaje, el río de la apostasía. ¿Nó pasamos el atolladero del romanismo, por el charcal de Lutero, por el fango del presbiterianismo y por las estancadas insalubres aguas de los bautistas, para mencionar unas pocas? Sería menester deshacernos de la basura preconcebida en los sentidos por nuestras obstinaciones, defendiendo posturas indefendibles, y quitar el ripio que estorba la edificación de nuestros fundamentos en la roca de la verdad.
¡Mirad, pues, cómo el viñador, el cafetalero y el jardinero podan las ramas superfluas del viñedo, del cafetal y del jardín! USTED. ¿És usted el único que no tiene doctrinas preconcebidas y superfluas ramas que podar?
Una vez, el rey Federico el Grande de Prusia visitó la prisión de Ptsdam. La población carcelaria conversando con él, toda manifestó ser inocente de los cargos acusatorios contra ellos. "Les felicito, -dijo el rey- de que todos sean tan puros". Cuando faltaban pocos segundos para retirarse el rey, uno de los convictos exclamó: "¡Señor: Yo sí soy culpable, y la pena de muerte es mi merecido!" Ordenó el rey diciendo: "Para que no corrompa a tantos prisioneros puros, libren a ese hombre".
Para restaurar la salud del reino de luz, también hay que estirpar tradiciones y podar preconcepciones porque hacen sombra ante el sol y la luna. La iglesia y la unidad de ella en una ciudad, de acuerdo a la Biblia, no es un concepto, ni es una idea o una utopía; debería ser una realidad física, vista, audible y palpable.
miércoles, 1 de abril de 2015
El ciego de nacimiento y los interrogantes de los opresores. Juan 9
Curación de un ciego de nacimiento
Vers. 1-5:
Al pasar, vio a un hombre ciego de nacimiento. Sus discípulos le preguntaron: "Maestro, ¿quién ha pecado, él o sus padres, para que haya nacido ciego?". "Ni él ni sus padres han pecado, respondió Jesús; nació así para que se manifiesten en él las obras de Dios. Debemos trabajar en las obras de aquel que me envió, mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo".
Introducción:
Vers. 1-5. El discípulo muy naturalmente pregunta por las características, origen y significado de la enfermedad que afecta joven ciego de nacimiento. La creencia popular de aquel tiempo admitía dos explicaciones para situaciones como estas: 1) Esta persona habría cometido un pecado como causa de la enfermedad, o 2) sus padres habrían pecado y el niño sufriría las consecuencias. En resumen, el discípulo estaba preguntando por aquello que había ocurrido como para llegar a esta situación de enfermedad. La relación entre enfermedad y pecado estaba muy condicionada como explicación del origen de las epidemias. La respuesta de Jesús es muy clara: “Ni él ni sus padres han pecado, nació así para que se manifiesten en él las obras de Dios”. Dicho en otras palabras, nada de lo que hubiera podido ocurrir en el pasado, relacionado con la conducta moral o ética de esta persona o de sus padres, son explicaciones válidas de una enfermedad. No existe una explicación de este tipo para la enfermedad de una persona. Es exactamente la misma argumentación del Libro de Job en el Antiguo Testamento. Allí son los amigos de Job los que a lo largo de todo el libro buscan relacionar algún error, pecado o falta conocida o desconocida, como causal de las calamidades actuales de Job. La estructura de este pensamiento vigente en aquel entonces y, aún muy vivo en el pensamiento de muchas personas religiosas en nuestro tiempo, nos conduce a una extraña teología en la cual los sanos son bendecidos por Dios y esa salud física es expresión de un correcto comportamiento ético y moral. En cambio los enfermos serían signos visibles del rechazo divino a personas moralmente incorrectas. Esta teología es, por supuesto insostenible, desde una perspectiva evangélica. Jesús no busca este tipo de explicación. El origen de las enfermedades, lo sabemos hoy, son los microbios, los gérmenes, los bacilos, las bacterias, etc.
Indudablemente Dios puede utilizar el sufrimiento vivido por una persona para manifestar su poder y desde esa perspectiva adquiere una significación que no tenía antes y que tampoco la tiene fuera de este contexto. La acción de Dios frente a los enfermos y las enfermedades es de misericordia y nunca de juicio.
Preguntas para reflexionar :
1. ¿Qué tiene en común la situación del ciego con nuestra situación en la epidemia del SIDA ?
2. Si preguntamos por las causas de la enfermedad de una persona, ¿no estaremos ya buscando enjuiciar porque presuponemos que algo malo ocurrió en el plano moral o ético?
3. ¿Podemos decir categóricamente enfermedad es sinónimo de castigo divino y que el gozar de buena salud es signo claro de aprobación de Dios?.
4. ¿Podemos decir que todos los enfermos son pecadores y los sanos son justos y salvos?
· “...el sufrimiento, cuando se sabe que uno es hijo o hija de Dios, aparece a una luz nueva. El judaísmo antiguo es, en este punto, muy cruel. Cada sufrimiento es castigo por un determinado pecado particular. Tal es la firme convicción de la época (véase Juan 9 :2). Dios velaría porque la culpa y el castigo se rijan exactamente por el principio de “medida por medida”. Cuando se encuentra a un tullido, paralítico, ciego o leproso, es obligación piadosa murmurar : “¡Alabado sea el Juez fiel !” Cuando muere un niño pequeño, tiene que haber habido determinados pecados de los padres, pecados que Dilos ha castigado. Y, así, en el sufrimiento se ve el azote de Dios. Jesús rechaza enérgicamente que se hagan tales elucubraciones....El sufrimiento es, más bien, una llamada a la conversión : una llamada dirigida a todos. Mientras que los contemporáneos pregunta : “¿Por qué envía Dios el sufrimiento?”, los discípulos de Jesús deben preguntar : “Para qué envía Dios el sufrimiento? (Joachim Jeremias : “Teología del Nuevo Testamento” Vol. I pag. 216)
Vers. 6-7:
Después que dijo esto, escupió en la tierra, hizo barro con la saliva y lo puso sobre los ojos del ciego, diciéndole: "Ve a lavarte a la piscina de Siloé", que significa "Enviado". El ciego fue, se lavó y, al regresar, ya veía.
ver. 6 a 7 : El uso de la saliva como gesto de sanidad en la realización de un milagro, en el vocabulario simbólico del evangelista, nos lleva al contexto de una nueva creación. Es un gesto de un nuevo comienzo, de nueva vida y de una segunda oportunidad. En el libro del Génesis el gesto de creación es barro y soplo mientras que en Juan es barro formado con saliva. La curación obrada por Jesús es una recreación de la dignidad de la persona en su plenitud. El envío a la piscina de Siloé también lo podríamos interpretar como un signo que nos recuerda el bautismo que nos conduce al vocabulario de morir y renacer.
Preguntas para reflexionar :
· Frente a las etiquetas impuestas por la sociedad en la que vivimos, ¿podría la comunidad cristiana ser un santuario que protege la dignidad y la identidad de toda persona ?
Vers. 8-12: Los vecinos y los que antes lo habían visto mendigar, se preguntaban: "¿No es este el que se sentaba a pedir limosna?". Unos opinaban: "Es el mismo". "No, respondían otros, es uno que se le parece". El decía: "Soy realmente yo". î Ellos le dijeron: "¿Cómo se te han abierto los ojos?". El respondió: "Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, lo puso sobre mis ojos y me dijo: 'Ve a lavarte a Siloé'. Yo fui, me lavé y vi". Ellos le preguntaron: "¿Dónde está?". El respondió: "No lo sé".
Vers. 8 a 12 : Cuando la persona ciega es restituida en su plenitud y en su dignidad, porque salud y dignidad iban juntas en el contexto de pensamiento judío de aquel tiempo, los vecinos reaccionaron extrañados y con una profunda ironía. Todo el diálogo revela esa sospecha e incredulidad. Los vecinos ponen en duda la nueva identidad de esta persona ciega, no pueden creer en la acción de Dios que devuelve al ciego a su lugar de dignidad en la sociedad y en la comunidad de fe. El núcleo de este relato está en la actitud de Jesucristo que nos enseña que el rigorismo está en contra de la voluntad de Dios.
Preguntas para reflexionar:
· Como comunidad cristiana, ¿puede nuestra presencia junto a las personas que viven con VIH-SIDA recrear la dignidad y defender el lugar que le pertenece por derecho evangélico en la comunidad humana?
Vers. 13-17:
El que había sido ciego fue llevado ante los fariseos. Era sábado cuando Jesús hizo barro y le abrió los ojos. Los fariseos, a su vez, le preguntaron cómo había llegado a ver. El les respondió: "Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo". Algunos fariseos decían: "Ese hombre no viene de Dios, porque no observa el sábado". Otros replicaban: "¿Cómo un pecador puede hacer semejantes signos?". Y se produjo una división entre ellos. Entonces dijeron nuevamente al ciego: "Y tú, ¿qué dices del que te abrió los ojos?". El hombre respondió: "Es un profeta".
Vers. 13-17: La defensa y justificación del ministerio con las personas que viven con el VIH-SIDA, actualmente no es necesaria hacerla frente los extraños a la fe cristiana sino con los miembros más cercanos de la comunidad de fe, de los amigos y de los familiares. Los más grandes cuestionamientos a esta acción de reconstrucción de lazos fraternos, de inclusividad, de anuncio de buenas nuevas se producen dentro del círculo más estrecho e íntimo de todos aquellos que se sienten llamados a esta acción pastoral.
Preguntas para reflexionar
· Debemos analizar si nuestra comunidad y nosotros mismos estamos dispuestos a desafiar el “sábado” (un erróneo uso de las Escrituras) para comprometernos en la promoción de los derechos humanos de las personas que viven con VIH-SIDA o en la construcción de una acción educativa que sea completa y científicamente fundada.
Vers. 18-23:
Sin embargo, los judíos no querían creer que ese hombre había sido ciego y que había llegado a ver, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron: "¿Es este el hijo de ustedes, el que dicen que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?". Sus padres respondieron: "Sabemos que es nuestro hijo y que nació ciego, pero cómo es que ahora ve y quién le abrió los ojos, no lo sabemos. Pregúntenle a él: tiene edad para responder por su cuenta". Sus padres dijeron esto por temor a los judíos, que ya se habían puesto de acuerdo para excluir de la sinagoga al que reconociera a Jesús como Mesías. Por esta razón dijeron: "Tiene bastante edad, pregúntenle a él".
Vers. 18-23: Muchas familias, por temor a ser aisladas y estigmatizadas ellas mismas, también abandonan a sus hijos o hijas cuando más les necesitan en medio de la epidemia de VIH-SIDA. Muchas veces los líderes religiosos sinceros, pero con una equivocada metodología bíblica, son los más duros en emitir juicios y condenas. El uso con fines discriminatorios que se quiere hacer de los resultados de los análisis de sangre que detectan la presencia del virus del VIH es francamente ilegal e inmoral. Una de las condiciones para se excluido de la sinagoga era el reconocer a Jesús como Mesías y Señor. Este era el credo de la iglesia apostólica.
Preguntas para reflexionar:
· ¿No sería suficiente para reconocer a una persona como miembro del Cuerpo de Cristo el que proclame que Jesús es Mesías y Señor?
· En este preguntar la misma persona sobre lo sucedido, no nos llevaría a pensar en la necesidad de que la comunidad cristiana se transforme en abogada de la confidencialidad del diagnóstico teniendo en cuenta las graves consecuencias que pueden aparecer en el nivel de trabajo, familia, escuela.
Vers. 24-34:
Los judíos llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron: "Glorifica a Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador". "Yo no sé si es un pecador, respondió; lo que sé es que antes yo era ciego y ahora veo". Ellos le preguntaron: "¿Qué te ha hecho? ¿Cómo te abrió los ojos?". El les respondió: "Ya se lo dije y ustedes no me han escuchado. ¿Por qué quieren oírlo de nuevo? ¿También ustedes quieren hacerse discípulos suyos?". Ellos lo injuriaron y le dijeron: "¡Tú serás discípulo de ese hombre; nosotros somos discípulos de Moisés! Sabemos que Dios habló a Moisés, pero no sabemos de donde es este". El hombre les respondió: "Esto es lo asombroso: que ustedes no sepan de dónde es, a pesar de que me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, pero sí al que lo honra y cumple su voluntad. Nunca se oyó decir que alguien haya abierto los ojos a un ciego de nacimiento. Si este hombre no viniera de Dios, no podría hacer nada". Ellos le respondieron: "Tú naciste lleno de pecado, y ¿quieres darnos lecciones?". Y lo echaron.
Vers. 24-34: Nos enfrentamos a dos posiciones encontradas: por un lado están ubicados los fariseos que con las Escrituras en las manos, han podido demostrar que Jesús quebrantó la legislación y la tradición con relación al sábado y en consecuencia es evidentemente un pecador. El “ciego” de nacimiento afirma que Jesús lo ha curado, es decir, le ha quitado estigma de su vida lo que le permite reincorporarse a la sociedad civil y religiosa. Desde esta reconstrucción de su lugar de dignidad en la comunidad confiesa que Jesús es un profeta. Esta confesión es causa de excomunión. Aquello que los padres del ciego temían confesar, el hijo tiene la valentía de hacerlo sin importarle las consecuencias. Aquellos que eran considerados sabios en esta historia, muestran que en realidad son los verdaderos ciegos de la historia. Sus equivocados conocimientos teológicos y el mal luso de las Escrituras les han impedido comprender la realidad. El ciego puede hablar y dialogar en este relato. La voz del excluido y del marginado es escuchada como metodología para construir una pastoral.
Preguntas para reflexionar:
· Cuando se desea construir una acción educativa de prevención, o una acción pastoral: ¿con quién debemos dialogar?
· Al ser expulsado el ciego de la sinagoga: ¿de qué lado se ubico Jesús?.
Vers. 35-38
Jesús se enteró de que lo habían echado y, al encontrarlo, le preguntó: "¿Crees en el Hijo del hombre?". El respondió: "¿Quién es, Señor, para que crea en él?". Jesús le dijo: "Tú lo has visto: es el que te está hablando". Entonces él exclamó: "Creo, Señor", y se postró ante él.
Vers. 35-38: Al enterarse Jesús de que el ciego al cual había curado fue expulsado de la sinagoga, se acerca y le hace una pregunta muy simple pero profunda: “Crees en el Hijo del Hombre”. Este es el único requisito de inclusión en la comunidad cristiana. Esta pregunta suena también como una cálida invitación. En el lenguaje del evangelista Juan el título “Hijo del Hombre” puede significar el modelo arquetípico al cual es llamado todo ser humano, es el proyecto del ser humano nuevo que se relaciona armónicamente con Dios, con sus semejantes y con la creación. En realidad Jesús le está preguntando si cree en ese proyecto de vida que ha venido a revelar y mostrar que es posible vivirlo ahora y aquí. El verdadero milagro no está ubicado en la curación de la vista sino en la curación de la mente y del corazón. El milagro es la confesión del ciego que hace suyo el proyecto de Dios.
Preguntas para reflexionar:
· ¿Qué pre-requisito impuso Jesús al ciego para curarlo?
· ¿Qué consecuencias prácticas tiene en la vida del ciego el desafío religioso e institucional de Jesús?
· ¿Qué significa esta acción en una tarea educativa y pastoral hoy en la iglesia?
Vers. 39-41:
Después Jesús agregó: "He venido a este mundo para un juicio: Para que vean los que no ven y queden ciegos los que ven". Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le dijeron: "¿Acaso también nosotros somos ciegos?". Jesús les respondió: "Si ustedes fueran ciegos, no tendrían pecado, pero como dicen: 'Vemos', su pecado permanece".
Vers. 39-41: Jesús vino al mundo para revelar la voluntad de Dios. El ver del mundo es diferente del ver de Cristo. La mirada de Dios no es exactamente igual a la mirada de los seres humanos. Los que ven según las reglas del mundo son muchas veces ciegos desde la perspectiva del Reino. La acción pastoral de Jesús pone al descubierto esta situación. La epidemia del VIH-SIDA esta produciendo un efecto revelador de situaciones de exclusión, de ceguera, tanto en la sociedad como en las iglesias cristianas. Muchos que se creían excluidos de la comunión que Dios está construyendo con los seres humanos en la historia, descubren que son el objeto del amor de Dios. También está poniendo bajo la luz del evangelio las actitudes de exclusión y falta de comunión de muchas personas sinceramente religiosas pero equivocadas. A la luz de esta epidemia estamos descubriendo la mezquindad de nuestro amor, lo poco inclusiva que son nuestras comunidades, lo ilusorio de nuestra comunión y los infinitos temores y prejuicios que aún debemos enfrentar.
Preguntas para reflexionar:
· ¿Podemos intentar una respuesta a la primera pregunta de los discípulos al comienzo del relato?
· ¿Podemos intentar aplicar este pasaje a la realidad revelada por la epidemia del VIH-SIDA?
viernes, 20 de marzo de 2015
ESTUDIO ESQUEMATICO DEL JUICIO FINAL.
I - Objetivo general.
Que los creyentes en Jesucristo, adquieran una visión de conjunto de la doctrina del Juicio Final.
I-1 Objetivo específico.
Que en cada uno de los puntos el creyente adquiera una clara comprensión de las verdades asentadas.
II - Referencias bíblicas fundamentales.
Sn. Juan 5.25:27,30 (Jesucristo); Daniel 7.9:10,22,26,27 (Daniel); Hechos 17.31 y He. 9.27 (San Pablo); San Mateo 25.32:46 (Jesucristo); 2a Co. 5.10 y Ro. 14.10 (San Pablo); Ap. 20.11:15 (San Juan); Salmo 50.1:7 (Asaph).
III - Definición.
Entiéndase por JUICIO FINAL, el evento escatológico en el cual Dios juzgará y pronunciará sentencia definitiva respecto de los hombres, los ángeles caídos y Satanás. Sn. Mt. 25.32 y 2a Co. 5.10; Ecl. 12.14; 2a P. 2.4 y Ap. 20.2,10.
IV - Propósito del Juicio final. El propósito del juicio final es doble.
Manifestar su gloria y misericordia. Ro. 9.22,23; Sn Mt. 25.31. (Dios)
Manifestar su justicia. Ro. 2.5,6; 2a Ts. 1.7:9; Ap. 19.11. (Dios)
V - Elementos del Juicio final.
V-1 El juez infalible y eterno, JESUCRISTO. Sn Jn. 5.22:27; Sn Mt. 25.35:40
V-2 El reo o reos que comparecerán delante de Dios: hombres, ángeles desobedientes y el Diablo. 2a Co. 5.10 y Ecl.12.14; 2a P. 2.4 y Ap. 20.2,3,10.
V-3 Ley o normas base del Juicio final:
a) Ley natural. Ro. 1.19:21; Ro. 20.2,3,10.
b) La revelación o el Evangelio. He. 2.2,3; He. 10.26:29.
VI - Materia del Juicio final. (exclusivo para los humanos)
VI-1 Acciones u obras realizadas. Sn Mt. 25.31:46; 2a Co. 5.10; Ap. 20.12.
VI-2 Palabras y expresiones dichas. Sn Mt. 12.36,37; Stg. 3.10:12; Sn Lc. 8.17; Sn Lc. 12.2,3 y Sn Mr. 4.22.
VI-3 Pensamientos e intenciones del corazón. Salmo 139.2:4; Sn Mt. 9.4; Sn Jn. 2.24,25.
VII - Fases del Juicio final.
VII-1 Conocimiento de la Causa por el Juez. Dn. 7.10; Mal. 3.16; Ap. 20.12. (Informes de los acusados.
VII-2 Promulgación de la sentencia. Sn Jn. 17.24; Ap. 21.7; Sn Mt. 25.34,41,46; 2a Ts. 1.9; Is. 66.24.
VII-3 Ejecución de la sentencia. Ap. 20.14,15; Ap. 22.1:7.
VIII - Tiempo y duración del Juicio final.
VIII-1 Al final del mundo. Sn Mt. 13.38:40; 2a P. 3.7; Sn Mt. 11.22.
VIII-2 No es posible determinar la duración. Sn Mt. 7.22; 2a Ti. 1.22; Ro. 2.5; Ap. 11.18; 2a P. 3.7:10.
IX - Conclusiones
IX-1 Que Dios tiene establecido un determinado día para hacer juicio a los hombres, los ángeles caídos y Satanás.
IX-2 Que dicho Juicio será universal, formal y final.
IX-3 Que Dios hará el Juicio Final en la persona de Jesucristo.
IX-4 Que el tiempo de la realización del Juicio y su duración no es posible determinarlo.
IX-5 Que la sentencia será para toda la eternidad.
Notas adicionales:
A - La Biblia hace mención de otros juicios:
1) El juicio del pecado en el mundo. Sn Jn. 1.29; He. 2.9; 1a Jn. 2.2; Ef. 5.25:27.
2) El juicio de la pecaminosidad del hombre. Ro. 6.1:6; Ef. 4.22:32; Ga. 5.24; Col. 3.9,10.
3) El juicio de Satanás en la cruz. Sn Jn. 12.31; 14.30; 16.11; Col. 2.14:15.
4) El juicio para los creyentes. He. 12.3:15; Sn Jn. 15.2; 1a Co. 11.30:32.
5) El juicio de las obras del creyente. 2a Co. 5.10; 1a Co. 3.9:15; Ro. 14.10.
6) El juicio del pueblo de Israel. Sn Mt. 24.1:25,46; Ezq. 20.33:44; Malq. 3.2:6.
7) El juicio de todas las naciones. Salmo 2.1:10; Is. 63.1:6; 2a Ts. 1.7:10; Ap. 19.11:21.
8) El juicio de los ángeles. 2a P. 2.4; Ap. 20.7:10; 1a Co. 15.24:26.
En el supuesto de admitir varios juicios, la conclusión es inevitable, habrá un JUICIO FINAL.
B - La preocupación práctica del cristiano de hoy debe ser: ¿qué estoy haciendo para servir, agradar y honrar a Dios?
El cristiano debe ser consciente de que será juzgado de su ser entero en la presencia de Dios. Es responsable de sus pensamientos, palabras y acciones de sí mismo y para sus semejantes; al mismo tiempo que para Dios.
martes, 3 de marzo de 2015
CAPÍTULO III "He Ahí tu Hijo ...He Ahí tu Madre"
"Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos" (Jn. 15:13). Nuestro Señor Jesús dijo eso, y al haber estado considerando las palabras que El pronunció desde la cruz, nos hemos dado cuenta de cuan grande es Su amor. No solamente murió por Sus amigos, que también murió por Sus enemigos. "Siendo [nosotros] aún pecadores, Cristo murió por nosotros" (Ro. 5:8).
"Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y, María Magdalena. Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo. Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa" (Jn. 19:25-27).
Ese discípulo, por supuesto, era Juan. El fue quien escribió el Evangelio que leva su nombre, y dio testimonio de estas cosas.
Si usted y yo hubiéramos estado en Jerusalén aquella tarde de la pascua, cuando Jesús fue crucificado, me pregunto cuan cerca de la cruz hubiéramos estado. Una cosa es cantar: "Tenme cerca de tu cruz, Señor," y otra muy distinta estar realmente cerca de la cruz. Los cuatro soldados romanos estaban allí, pero lo estaban porque ese era su deber. Las cuatro mujeres estaban allí, junto con el apóstol Juan, pero no porque tal era su deber. Estaban allí debido a su devoción; amaban al Señor Jesús. María, Su madre, estaba allí; María Magdalena estaba allí; Salomé (la hermana de Su madre) estaba allí; María, la mujer de Cleofas, estaba allí; y Juan estaba allí.
Usamos la frase "cerca de la cruz" muy a menudo. Se ha convertido en una de las frases de cajón evangélicas. Hemos orado: "Señor, mantenme cerca de tu cruz," y hemos cantado que queremos estar cerca de la cruz. ¿Qué significa realmente estar cerca de la cruz de Cristo?
Obviamente, no estamos hablando acerca de geografía literal. La cruz ya no existe, y usted y yo no podemos ir a las afueras de la muralla de Jerusalén y ubicarnos cerca de la cruz. Estamos hablando de una posición espiritual; estamos hablando de una relación especial a Jesucristo.
Esta tercera palabra desde la cruz nos ayuda a entender lo que significa estar cerca de la cruz. Tal vez lo mejor que podemos hacer es sencillamente hablar con las personas que se encontraban allí.
Entrevistemos a María Magdalena, Salomé, las dos Marías y a Juan, y veamos lo que realmente significa estar cerca de la cruz de Cristo. ¿Qué significó la cruz para cada una de estas personas?
Un Lugar de Redención
Empecemos con María Magdalena. Es mencionada como última en la lista de Juan 19:25, pero yo quiero empezar con ella. Si usted se hubiera acercado a María Magdalena aquella tarde, y le hubiera preguntado: "María Magdalena: Tú te hallas cerca de la cruz. ¿Qué significa eso para ti?" pienso que ella le hubiera respondido: "La cruz para mi es un lugar de redención."
María Magdalena había sido libertada por el Señor Jesucristo. Es desafortunado que algunos que estudian la Biblia, y algunos predicadores también, hayan confundido a la mujer de Lucas 7 con María Magdalena. Lucas 7:36-50 registra un evento en el cual nuestro Señor estaba cenando en casa de un fariseo. Una mujer se le acercó; era una mujer de detestable reputación. Ella rindió adoración al Señor Jesús, y le ungió con un perfume muy costoso. Mucha gente ha identificado a esta mujer con María Magdalena; pero esto no es verdad. No sabemos el nombre de aquella mujer.
María Magdalena es mencionada en Lucas 8:2 como una mujer de la cual Jesús había arrojado siete demonios. Lo mismo se registra en Marcos 16:9. María Magdalena no solamente estuvo al pie de la cruz, sino que también temprano en la mañana de la resurrección fue a la tumba de Cristo. María Magdalena había estado cautiva de Satanás. Personalmente no puedo concebir lo quesería estar poseído por un demonio; mucho menos lo que es estar dominado por siete. No sabemos lo que hacían que ella hiciera; pero ella estaba en terrible y horrible esclavitud. Ahora, antes de que hagamos un juicio sobre ella, recordemos que Efesios 2:1-3 señala claramente que cada persona que no es salva camina "conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia." Las fuerzas demoníacas obran todavía en las vidas de los incrédulos hoy en día, y estas fuerzas demoníacas quisieran igualmente dominar las mentes y perturbar los corazones del pueblo de Dios. Satanás estaba obrando en la vida de María Magdalena, y entonces Jesús la libertó de aquellos poderes demoníacos. Siempre que pienso en liberación, pienso en Hechos 26:18. Dios le dijo estas palabras a Pablo, para indicarle lo que sería su ministerio del evangelio: "Para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados." Cuando usted confía en el Señor Jesucristo, estos cambios maravillosos tienen lugar en su vida. Usted sale de las tinieblas a la luz; de la oscuridad mental, de las tinieblas morales y de la noche espiritual a la maravillosa luz del evangelio de Jesucristo. Usted pasa del poder de Satanás al poder de Dios. Dios empieza a controlar y a usar su vida. Usted pasa de la culpa al perdón, y de la pobreza a la riqueza como heredero de Dios por medio de la fe en Cristo. Esto es lo que Jesús hizo por María Magdalena.
Este milagro de redención es una cosa costosa. Cuando Jesús libertó a María Magdalena del poder del Maligno, le costó algo a El. Estando al pie de la cruz, María vio el precio que fue pagado.
Jesús tuvo que morir para que nosotros podamos ser redimidos. Para que yo pudiera pasar de las tinieblas a la luz, El tuvo que pasar de la luz a las tinieblas. Para que yo pudiera ser libertado de Satanás y pudiera venir a Dios, El tuvo que ser abandonado por Dios. Para que yo pudiera ser libertado de la culpa y perdonado, Jesús tuvo que ser hecho pecado por mí. Para hacerme rico a mí, El tuvo que convertirse en el más pobre de los pobres. No sorprende que María haya estado allí al pie de la cruz. No sorprende que ella haya estado allí cuando Jesús fue sepultado. No sorprende que ella estuvo en la tumba temprano en la mañana de la resurrección. María Magdalena había experimentado la redención. Al estar cerca de la cruz, María decía: "La cruz para mí es un lugar de redención."
¿Es la cruz lugar de redención para usted? ¿Puede usted decir: "He confiado en Jesucristo, y El me ha hecho pasar de las tinieblas a la luz, del poder de Satanás al poder de Dios, de la culpa del pecado al perdón, de la pobreza a una herencia por medio de la fe en El"? Si esto no es verdad en su vida, entonces a usted le falta todo aquello por lo cual Jesús murió para dárselo. Pídale que le salve, y entonces usted puede tomar su lugar al pie de la cruz, un lugar de redención.
Un Lugar de Reprensión
La segunda persona con la cual quisiera hablar es Salomé. Salomé era una persona interesante. Era la madre de Santiago y Juan, la hermana de María, y la mujer de Zebedeo. La recordamos como la mujer que vino con sus dos hijos pidiendo tronos para ellos. El relato de tal incidente se encuentra en Mateo 20:20-28. Salomé, Santiago y Juan se acercaron a Jesús y le dijeron: "Queremos pedirte algo." Jesús les preguntó: "¿Qué queréis?" (v. 21). Ellos le habían oído decir que los apóstoles iban a juzgar a las doce tribus de Israel, y que se iban a sentar en tronos; y querían asegurarse de tener buenos lugares. Así que dijeron a Jesús: "Quisiéramos tener nuestros tronos, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda." Jesús les dijo: "¿Podéis beber del vaso que yo he de beber, y ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado?" (v. 22). Con mucho desenfado contestaron: "¡Claro que podemos!" Jesús les dijo: "Así será; en verdad, así será." Por supuesto, Santiago fue el primero de los apóstoles en dar su vida en el martirio. Juan fue el último de los apóstoles en morir, y atravesó gran persecución y sufrimiento antes de ser llamado al hogar celestial.
"Salomé, queremos preguntarte: ¿Qué clase de lugar es la cruz? Tú te encuentras cerca de la cruz. ¿Qué significa eso para ti?" Pienso que ella hubiera contestado: "La cruz para mí es un lugar de reprensión. Aquí me siento recibiendo una fuerte reprimenda, porque fui muy egoísta. Quería que mis dos hijos tuvieran los lugares de honor; quería que estuvieran a la derecha y a la izquierda del Señor Jesús. Ahora estoy aquí viéndole, no en un trono, sino en una cruz; y me siento avergonzada de mí mismo."
En verdad, debía estar avergonzada de sí misma-tanto como deberíamos estarlo nosotros cuando oramos egoístamente. Su plegaria fue una oración egoísta; "Quiero algo para mis hijos. No importa lo que cueste. ¡Eso es lo que quiero!" Su oración brotaba del orgullo, no de la humildad.
¿Merecían tronos esos dos hombres? Los tronos no son repartidos al descuido; uno tiene que ganárselos. Salomé había olvidado el costo de la verdadera recompensa. No hay corona sin cruz; no se puede llevar la corona sin haber bebido el vaso. Incluso nuestro Señor Jesucristo mismo no retornó a Su trono sino por medio de la cruz.
La cruz fue para Salomé un lugar de reprensión. Cuánto necesitamos nosotros cantar: Cuando contemplo la portentosa cruz Sobre la cual de gloria el Príncipe murió, Mi ganancia más valiosa como pérdida se vé, y mi mal fundado orgullo se reduce a nada.
¡Que no ocurra, oh Dios, que me gloríe, Sino en la muerte de Cristo, mi Señor! Todas las cosas vanas que me seducen tanto Ante Su sangre, en humildad, las sacrifico.
Algunas veces las cosas más egoístas que hacemos son el resultado de una oración equivocada.
Ningún cristiano crece más allá que su vida de oración. Salomé no trajo sus oraciones a la cruz. Como consecuencia, sus oraciones eran egoístas, terrenales, de orgullo e ignorancia. No se dio cuenta del precio que iba a tener que pagar.
Dios contesta la oración, pero debemos asegurarnos de que podemos pagar el precio. Santiago de hecho pagó el precio-murió como un mártir.
Juan de hecho pagó el precio-tuvo que sufrir y fue perseguido. Salomé miró a la cruz como un lugar de reprensión; y yo confieso también que muchas veces, al contemplar la cruz, he sido reprendido; por cuanto mis oraciones han sido egoístas por entero, mi oración ha sido de orgullo. Dios me ha mirado, y me ha dicho: "¿Estás dispuesto a beber el vaso?" "¡Oh, no! Señor. Lo que quiero es una respuesta a mi oración." "Pero, tienes que beber el vaso. ¿Estás dispuesto a ser bautizado con el bautismo del sufrimiento?" "No, Dios. Simplemente lo que quiero es la bendición, no el sufrimiento." Salomé nos dice, a cada uno de nosotros: "La cruz es un lugar de reprensión." Dios se complace en honrar a Sus siervos y a Su pueblo. Un día iremos a disfrutar de Su gloria eterna. Pero, antes de la gloria, tiene que haber sufrimiento. "El Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione" (1 P. 5:10).
María Magdalena nos dice que la cruz es un lugar de redención. ¿Ha sido usted redimido? Salomé nos dice que la cruz es un lugar de reprensión. Tal vez al estar nosotros cerca de la cruz Dios reprenda nuestro egoísmo, nuestro orgullo y nuestro deseo de gloria sin sufrimiento.
Un Lugar de Recompensa
Ahora miremos a María y a Juan-María, la madre de nuestro Señor Jesús, y Juan, el discípulo al cual Jesús amaba. Si usted hubiera estado al lado de María, en el Calvario, y le hubiera preguntado: "¿Qué significa estar cerca de la cruz?" pienso que ella hubiera replicado: "La cruz, para mí, es un lugar de recompensa." Es interesante notar que encontramos a María al principio del Evangelio de Juan, y al final del mismo. La encontramos en Juan 2 y en Juan 19, pero los dos incidentes están en contraste. En Juan 2 María está en una boda y participando de la alegría de la fiesta. En Juan 19 está participando de la tristeza de un funeral. En Juan 2 el Señor Jesús dio una demostración de Su poder, y tornó el agua en vino. En Juan 19 nuestro Señor Jesús moría en agonía y vergüenza. Pudo haber ejercido Su poder y haberse librado a Sí mismo; pero, de haberlo hecho, no hubiera acabado la obra de la salvación. No vino para salvarse a Sí mismo, sino para salvarnos a nosotros.
En Juan 2 encontramos a María hablando, pero en Juan 19 ella guarda silencio. Su silencio es interesante; de hecho, es muy importante. En Juan 2 es de esperarse que ella diga algo. El vino se había acabado, y eso era una tragedia social en los días de Jesús. En alguna parte leí que una persona podía ser multada por invitar gente a una fiesta y no tener suficiente vino. María se acercó a Jesús y le dijo: "No tienen vino" (v. 3). Jesús suplió esa necesidad de acuerdo a Su corazón de gracia y amor.
Pero en Juan 19 María guarda silencio. Pienso que si alguna persona pudiera haber rescatado de a cruz a Jesús era Su madre, María. Todo lo que hubiera tenido que hacer era acercarse a los soldados romanos y decirles: "Yo soy su madre; yo le comprendo mejor que nadie. Lo que él dice no es verdad; por consiguiente, déjenlo en libertad." Si María hubiera presentado esta clase de testimonio podría haber rescatado al Señor Jesús. Pero guardó silencio. ¿Sabe usted por qué guardó silencio? Porque ella no podía mentir. Allí, junto a la cruz, su silencio fue un testimonio de que Jesucristo era el Hijo de Dios. Si alguien conoce a un hijo, ciertamente es su madre. Si Jesucristo no hubiera sido lo que reclamaba ser, María hubiera podido salvarlo. Pero permaneció en silencio, y ese silencio es un elocuente testimonio de que el Jesucristo que adoramos es Dios-Dios el Hijo venido en carne humana.
La cruz era un lugar de recompensa para María. ¿En qué sentido? En el sentido de que el Señor Jesucristo no la ignoró, sino que la recompensó al dejarla con el discípulo amado, y viceversa. María debe ser reconocida con honor, pero no debe ser adorada. En el Evangelio de Lucas se nos dice que María mismo dijo: "Mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador" (Lc. 1:47). María fue salva por la fe, igual que cualquier otro pecador. El ángel no le dijo: "Bendita tú sobre las mujeres." Lo que le dijo fue: "Bendita tú entre las mujeres" (v. 28). Reconocemos que María fue bendita, porque sufrió para traer al mundo al Salvador.
Simeón le había dicho: "Una espada traspasará tu misma alma" (Lc. 2:35). En la cruz ella experimentaba el clímax de ese sufrimiento. Cuando se descubrió que estaba encinta, empezó para ella el sufrimiento, la vergüenza y el reproche. Fue mal entendida. La gente murmuraba de ella. Se casó con José, un carpintero, y vivía en pobreza. Dio a luz al Señor Jesús en un establo.
Tuvieron que huir de Belén para escapar de la espada, y sin embargo algunos niños inocentes murieron a causa de su nene. Me preguntó cómo se sentiría María en cuanto a eso. Se gozó porque su hijo fue librado, pero debe haber sentido la espada en su propia alma al enterarse de que otros niños inocentes habían muerto.
Cuando nuestro Señor Jesús fue un adolescente, le había dicho: "¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?" (v. 49). Eso marcó el inicio de una experiencia de separación, una separación creciente. En ocasiones María realmente no le entendía. ¡La espada atravesaba su propia alma! María, al pie de la cruz, sufría. Sufría porque El moría. Sufría por la forma en que moría-en una cruz, contado con los transgresores. Sufría por el lugar en donde moría-en público, a la vista de toda suerte de gentes. Era tan cosmopolita la muchedumbre, que Pilato hizo escribir en tres idiomas la declaración para la cruz. ¡Nuestro Señor no fue crucificado en un callejón escondido! ¡Fue crucificado a vista de todos, en público, en vergüenza! Y María estaba allí, sintiendo la espada que atravesaba su alma.
Pero Jesús la vio, y le dio seguridad de su cariño. Siempre lo hace así. Tal vez usted esté atravesando un calvario. Tal vez usted está sufriendo intensamente por algo que ha ocurrido. Quiero que sepa que el Señor Jesús siempre nos da seguridad de Su amor. A María le dijo: "Mujer [un título de respeto], he ahí tu hijo" (Jn. 19:26). ¿Se refería a Sí mismo? Pienso que no. Pienso que se refería a Juan. Luego dijo a Juan: "He ahí tu madre" (v. 27). ¿Qué es lo que estaba haciendo? Estaba estableciendo una nueva relación. A María le estaba diciendo: "Voy de regreso al cielo. Por esto tú y yo debemos tener una relación enteramente nueva.
Pero, para dar paz a tu corazón, para restañar la herida causada por la espada que te ha atravesado, te entrego a Juan." Le aseguró Su amor al tomar a Su discípulo amado y hacerlo hijo de María. El Señor Jesús sintió el dolor de ella. Conocía la soledad que la afligía, y la recompensó dándole al discípulo que tanto había amado.
Leí en alguna parte que el testamento más largo que se conoce consta de cuatro enormes volúmenes. Tiene 95.940 palabras. El testamento más corto del que se tiene noticia está en Inglaterra, y contiene solamente tres palabras: "Todo para mamá." Jesús no tenía posesiones terrenales para dejar.
Los soldados ya se habían jugado sus vestiduras. ¿Qué podría dejarle a María? Le dio a Juan. "Desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa" (v. 27).
Para María la cruz era un lugar de recompensa. Al final, Dios recompensa a los que han sufrido.
Un Lugar de Responsabilidad
Ahora debemos hablar con Juan. "Juan, ¿Qué significa para ti estar al pie de la cruz?" Pienso que Juan hubiera contestado: "Este es un lugar de responsabilidad."
Nuestro Señor Jesús reinaba desde la cruz. Estaba en control. Daba órdenes. Daba direcciones a Sus seguidores y seres queridos. Restauró a Juan. Juan le había abandonado y había salido huyendo. Todos los discípulos habían hecho lo mismo. El Pastor había sido herido, y las ovejas esparcidas. Pero Juan regresó hasta la cruz. ¡Fue restaurado y perdonado! Usted y yo podemos habernos descarriado, podemos haber desobedecido o aun haber negado al Señor; pero podemos retornar. Juan regresó hasta la cruz. No era el lugar más seguro para colocarse, ni el más fácil de ocupar. He estado junto a algunos moribundos, pero nunca en una situación ni remotamente parecida. Regresar requirió valentía y amor de parte de Juan. El Señor Jesús lo restauró, y fue Juan mismo el que luego escribiría: "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad" (1 Jn. 1:9).
Jesús no solo que restauró a Juan, sino que también le honró. Le dijo: "Juan, tú vas a tomar mi lugar. Ya no estaré más en esta tierra para velar por mi madre humana, María; de modo que tú vas a tomar mi lugar. Vas a llevarla contigo, y tú vas a ser para ella un hijo." Lo interesante es que todos nosotros estamos tomando Su lugar. Después de Su resurrección, dijo: "Como me envió el Padre, así también yo os envío" (Jn. 20:21). Usted y yo representamos a Cristo delante de otros. Juan debía amar a María, por cuanto debía ocupar el lugar de nuestro Señor en la vida de ella. Usted y yo tenemos que amar a otros en la manera en que el Señor Jesús nos ha amado. Juan fue el discípulo al cual amaba Jesús.
Es interesante notar, en los capítulos finales de su Evangelio, cómo Juan mostró su amor por el Señor Jesús.
En Juan 13:23 leemos que Juan "estaba recostado al lado de Jesús." El amor siempre es algo del corazón. En Juan 19:26 leemos que Juan estaba al pie de la cruz. Una cosa es recostarse en el pecho de Jesús privadamente, en el aposento alto, y algo totalmente distinto ponerse públicamente al pie de la cruz. Pero el amor siempre ocupa su lugar y sufre. Juan 20:4 nos dice que Juan corrió al sepulcro. Más adelante reconoció a Jesús y dijo: "¡Es el Señor!" (21:7). El amor siempre reconoce al ser amado. Luego, el amor le hizo seguirle. Jesús dijo:
"Sígueme," y Juan le siguió. Finalmente, el amor da testimonio. Juan dijo que él daba "testimonio de estas cosas" (v. 24), porque las había visto y sabía que eran ciertas.
La cruz es un lugar de responsabilidad. Si usted y yo nos hemos acercado a la cruz, tenemos una grande responsabilidad-la responsabilidad de amar al Señor Jesús, y luego vivir por El y amar a otros. La vida cristiana no es una vida fácil, pero es una vida maravillosa. Estoy convencido que la vida cristiana es una vida mucho más fácil que la vida de pecado. "Junto a la cruz"-ese es el lugar donde El nos quiere. Es un lugar de redención. Si usted nunca ha confiado en el Señor Jesús, usted puede ser redimido. Sencillamente venga a la cruz por fe y confíe en El. "Junto a la cruz" es un lugar de reproche.
Todo nuestro orgullo y egoísmo se desvanece cuando nos ponemos al pie de la cruz y vemos al Señor Jesús sufriendo por nosotros.
"Junto a la cruz" es un lugar de recompensa. "Mujer, he ahí tu hijo . . . He ahí tu madre" (Jn. 19:26,27). Es un lugar de responsabilidad. Cuando nos acercamos a la cruz, por medio de la fe en Cristo Jesús, no podemos escaparnos, no podemos escondernos. Debemos ocupar nuestro lugar e identificarnos con El en comunión con Sus sufrimientos. Entonces podemos ir y hacerla obra que El nos ha llamado para que hagamos.
Cualquier cosa que sea lo que Dios le ha llamado a hacer, amigo mío, hágala. Si se acerca a la cruz descubrirá que es un lugar realmente maravilloso.
"Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y, María Magdalena. Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo. Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa" (Jn. 19:25-27).
Ese discípulo, por supuesto, era Juan. El fue quien escribió el Evangelio que leva su nombre, y dio testimonio de estas cosas.
Si usted y yo hubiéramos estado en Jerusalén aquella tarde de la pascua, cuando Jesús fue crucificado, me pregunto cuan cerca de la cruz hubiéramos estado. Una cosa es cantar: "Tenme cerca de tu cruz, Señor," y otra muy distinta estar realmente cerca de la cruz. Los cuatro soldados romanos estaban allí, pero lo estaban porque ese era su deber. Las cuatro mujeres estaban allí, junto con el apóstol Juan, pero no porque tal era su deber. Estaban allí debido a su devoción; amaban al Señor Jesús. María, Su madre, estaba allí; María Magdalena estaba allí; Salomé (la hermana de Su madre) estaba allí; María, la mujer de Cleofas, estaba allí; y Juan estaba allí.
Usamos la frase "cerca de la cruz" muy a menudo. Se ha convertido en una de las frases de cajón evangélicas. Hemos orado: "Señor, mantenme cerca de tu cruz," y hemos cantado que queremos estar cerca de la cruz. ¿Qué significa realmente estar cerca de la cruz de Cristo?
Obviamente, no estamos hablando acerca de geografía literal. La cruz ya no existe, y usted y yo no podemos ir a las afueras de la muralla de Jerusalén y ubicarnos cerca de la cruz. Estamos hablando de una posición espiritual; estamos hablando de una relación especial a Jesucristo.
Esta tercera palabra desde la cruz nos ayuda a entender lo que significa estar cerca de la cruz. Tal vez lo mejor que podemos hacer es sencillamente hablar con las personas que se encontraban allí.
Entrevistemos a María Magdalena, Salomé, las dos Marías y a Juan, y veamos lo que realmente significa estar cerca de la cruz de Cristo. ¿Qué significó la cruz para cada una de estas personas?
Un Lugar de Redención
Empecemos con María Magdalena. Es mencionada como última en la lista de Juan 19:25, pero yo quiero empezar con ella. Si usted se hubiera acercado a María Magdalena aquella tarde, y le hubiera preguntado: "María Magdalena: Tú te hallas cerca de la cruz. ¿Qué significa eso para ti?" pienso que ella le hubiera respondido: "La cruz para mi es un lugar de redención."
María Magdalena había sido libertada por el Señor Jesucristo. Es desafortunado que algunos que estudian la Biblia, y algunos predicadores también, hayan confundido a la mujer de Lucas 7 con María Magdalena. Lucas 7:36-50 registra un evento en el cual nuestro Señor estaba cenando en casa de un fariseo. Una mujer se le acercó; era una mujer de detestable reputación. Ella rindió adoración al Señor Jesús, y le ungió con un perfume muy costoso. Mucha gente ha identificado a esta mujer con María Magdalena; pero esto no es verdad. No sabemos el nombre de aquella mujer.
María Magdalena es mencionada en Lucas 8:2 como una mujer de la cual Jesús había arrojado siete demonios. Lo mismo se registra en Marcos 16:9. María Magdalena no solamente estuvo al pie de la cruz, sino que también temprano en la mañana de la resurrección fue a la tumba de Cristo. María Magdalena había estado cautiva de Satanás. Personalmente no puedo concebir lo quesería estar poseído por un demonio; mucho menos lo que es estar dominado por siete. No sabemos lo que hacían que ella hiciera; pero ella estaba en terrible y horrible esclavitud. Ahora, antes de que hagamos un juicio sobre ella, recordemos que Efesios 2:1-3 señala claramente que cada persona que no es salva camina "conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia." Las fuerzas demoníacas obran todavía en las vidas de los incrédulos hoy en día, y estas fuerzas demoníacas quisieran igualmente dominar las mentes y perturbar los corazones del pueblo de Dios. Satanás estaba obrando en la vida de María Magdalena, y entonces Jesús la libertó de aquellos poderes demoníacos. Siempre que pienso en liberación, pienso en Hechos 26:18. Dios le dijo estas palabras a Pablo, para indicarle lo que sería su ministerio del evangelio: "Para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados." Cuando usted confía en el Señor Jesucristo, estos cambios maravillosos tienen lugar en su vida. Usted sale de las tinieblas a la luz; de la oscuridad mental, de las tinieblas morales y de la noche espiritual a la maravillosa luz del evangelio de Jesucristo. Usted pasa del poder de Satanás al poder de Dios. Dios empieza a controlar y a usar su vida. Usted pasa de la culpa al perdón, y de la pobreza a la riqueza como heredero de Dios por medio de la fe en Cristo. Esto es lo que Jesús hizo por María Magdalena.
Este milagro de redención es una cosa costosa. Cuando Jesús libertó a María Magdalena del poder del Maligno, le costó algo a El. Estando al pie de la cruz, María vio el precio que fue pagado.
Jesús tuvo que morir para que nosotros podamos ser redimidos. Para que yo pudiera pasar de las tinieblas a la luz, El tuvo que pasar de la luz a las tinieblas. Para que yo pudiera ser libertado de Satanás y pudiera venir a Dios, El tuvo que ser abandonado por Dios. Para que yo pudiera ser libertado de la culpa y perdonado, Jesús tuvo que ser hecho pecado por mí. Para hacerme rico a mí, El tuvo que convertirse en el más pobre de los pobres. No sorprende que María haya estado allí al pie de la cruz. No sorprende que ella haya estado allí cuando Jesús fue sepultado. No sorprende que ella estuvo en la tumba temprano en la mañana de la resurrección. María Magdalena había experimentado la redención. Al estar cerca de la cruz, María decía: "La cruz para mí es un lugar de redención."
¿Es la cruz lugar de redención para usted? ¿Puede usted decir: "He confiado en Jesucristo, y El me ha hecho pasar de las tinieblas a la luz, del poder de Satanás al poder de Dios, de la culpa del pecado al perdón, de la pobreza a una herencia por medio de la fe en El"? Si esto no es verdad en su vida, entonces a usted le falta todo aquello por lo cual Jesús murió para dárselo. Pídale que le salve, y entonces usted puede tomar su lugar al pie de la cruz, un lugar de redención.
Un Lugar de Reprensión
La segunda persona con la cual quisiera hablar es Salomé. Salomé era una persona interesante. Era la madre de Santiago y Juan, la hermana de María, y la mujer de Zebedeo. La recordamos como la mujer que vino con sus dos hijos pidiendo tronos para ellos. El relato de tal incidente se encuentra en Mateo 20:20-28. Salomé, Santiago y Juan se acercaron a Jesús y le dijeron: "Queremos pedirte algo." Jesús les preguntó: "¿Qué queréis?" (v. 21). Ellos le habían oído decir que los apóstoles iban a juzgar a las doce tribus de Israel, y que se iban a sentar en tronos; y querían asegurarse de tener buenos lugares. Así que dijeron a Jesús: "Quisiéramos tener nuestros tronos, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda." Jesús les dijo: "¿Podéis beber del vaso que yo he de beber, y ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado?" (v. 22). Con mucho desenfado contestaron: "¡Claro que podemos!" Jesús les dijo: "Así será; en verdad, así será." Por supuesto, Santiago fue el primero de los apóstoles en dar su vida en el martirio. Juan fue el último de los apóstoles en morir, y atravesó gran persecución y sufrimiento antes de ser llamado al hogar celestial.
"Salomé, queremos preguntarte: ¿Qué clase de lugar es la cruz? Tú te encuentras cerca de la cruz. ¿Qué significa eso para ti?" Pienso que ella hubiera contestado: "La cruz para mí es un lugar de reprensión. Aquí me siento recibiendo una fuerte reprimenda, porque fui muy egoísta. Quería que mis dos hijos tuvieran los lugares de honor; quería que estuvieran a la derecha y a la izquierda del Señor Jesús. Ahora estoy aquí viéndole, no en un trono, sino en una cruz; y me siento avergonzada de mí mismo."
En verdad, debía estar avergonzada de sí misma-tanto como deberíamos estarlo nosotros cuando oramos egoístamente. Su plegaria fue una oración egoísta; "Quiero algo para mis hijos. No importa lo que cueste. ¡Eso es lo que quiero!" Su oración brotaba del orgullo, no de la humildad.
¿Merecían tronos esos dos hombres? Los tronos no son repartidos al descuido; uno tiene que ganárselos. Salomé había olvidado el costo de la verdadera recompensa. No hay corona sin cruz; no se puede llevar la corona sin haber bebido el vaso. Incluso nuestro Señor Jesucristo mismo no retornó a Su trono sino por medio de la cruz.
La cruz fue para Salomé un lugar de reprensión. Cuánto necesitamos nosotros cantar: Cuando contemplo la portentosa cruz Sobre la cual de gloria el Príncipe murió, Mi ganancia más valiosa como pérdida se vé, y mi mal fundado orgullo se reduce a nada.
¡Que no ocurra, oh Dios, que me gloríe, Sino en la muerte de Cristo, mi Señor! Todas las cosas vanas que me seducen tanto Ante Su sangre, en humildad, las sacrifico.
Algunas veces las cosas más egoístas que hacemos son el resultado de una oración equivocada.
Ningún cristiano crece más allá que su vida de oración. Salomé no trajo sus oraciones a la cruz. Como consecuencia, sus oraciones eran egoístas, terrenales, de orgullo e ignorancia. No se dio cuenta del precio que iba a tener que pagar.
Dios contesta la oración, pero debemos asegurarnos de que podemos pagar el precio. Santiago de hecho pagó el precio-murió como un mártir.
Juan de hecho pagó el precio-tuvo que sufrir y fue perseguido. Salomé miró a la cruz como un lugar de reprensión; y yo confieso también que muchas veces, al contemplar la cruz, he sido reprendido; por cuanto mis oraciones han sido egoístas por entero, mi oración ha sido de orgullo. Dios me ha mirado, y me ha dicho: "¿Estás dispuesto a beber el vaso?" "¡Oh, no! Señor. Lo que quiero es una respuesta a mi oración." "Pero, tienes que beber el vaso. ¿Estás dispuesto a ser bautizado con el bautismo del sufrimiento?" "No, Dios. Simplemente lo que quiero es la bendición, no el sufrimiento." Salomé nos dice, a cada uno de nosotros: "La cruz es un lugar de reprensión." Dios se complace en honrar a Sus siervos y a Su pueblo. Un día iremos a disfrutar de Su gloria eterna. Pero, antes de la gloria, tiene que haber sufrimiento. "El Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione" (1 P. 5:10).
María Magdalena nos dice que la cruz es un lugar de redención. ¿Ha sido usted redimido? Salomé nos dice que la cruz es un lugar de reprensión. Tal vez al estar nosotros cerca de la cruz Dios reprenda nuestro egoísmo, nuestro orgullo y nuestro deseo de gloria sin sufrimiento.
Un Lugar de Recompensa
Ahora miremos a María y a Juan-María, la madre de nuestro Señor Jesús, y Juan, el discípulo al cual Jesús amaba. Si usted hubiera estado al lado de María, en el Calvario, y le hubiera preguntado: "¿Qué significa estar cerca de la cruz?" pienso que ella hubiera replicado: "La cruz, para mí, es un lugar de recompensa." Es interesante notar que encontramos a María al principio del Evangelio de Juan, y al final del mismo. La encontramos en Juan 2 y en Juan 19, pero los dos incidentes están en contraste. En Juan 2 María está en una boda y participando de la alegría de la fiesta. En Juan 19 está participando de la tristeza de un funeral. En Juan 2 el Señor Jesús dio una demostración de Su poder, y tornó el agua en vino. En Juan 19 nuestro Señor Jesús moría en agonía y vergüenza. Pudo haber ejercido Su poder y haberse librado a Sí mismo; pero, de haberlo hecho, no hubiera acabado la obra de la salvación. No vino para salvarse a Sí mismo, sino para salvarnos a nosotros.
En Juan 2 encontramos a María hablando, pero en Juan 19 ella guarda silencio. Su silencio es interesante; de hecho, es muy importante. En Juan 2 es de esperarse que ella diga algo. El vino se había acabado, y eso era una tragedia social en los días de Jesús. En alguna parte leí que una persona podía ser multada por invitar gente a una fiesta y no tener suficiente vino. María se acercó a Jesús y le dijo: "No tienen vino" (v. 3). Jesús suplió esa necesidad de acuerdo a Su corazón de gracia y amor.
Pero en Juan 19 María guarda silencio. Pienso que si alguna persona pudiera haber rescatado de a cruz a Jesús era Su madre, María. Todo lo que hubiera tenido que hacer era acercarse a los soldados romanos y decirles: "Yo soy su madre; yo le comprendo mejor que nadie. Lo que él dice no es verdad; por consiguiente, déjenlo en libertad." Si María hubiera presentado esta clase de testimonio podría haber rescatado al Señor Jesús. Pero guardó silencio. ¿Sabe usted por qué guardó silencio? Porque ella no podía mentir. Allí, junto a la cruz, su silencio fue un testimonio de que Jesucristo era el Hijo de Dios. Si alguien conoce a un hijo, ciertamente es su madre. Si Jesucristo no hubiera sido lo que reclamaba ser, María hubiera podido salvarlo. Pero permaneció en silencio, y ese silencio es un elocuente testimonio de que el Jesucristo que adoramos es Dios-Dios el Hijo venido en carne humana.
La cruz era un lugar de recompensa para María. ¿En qué sentido? En el sentido de que el Señor Jesucristo no la ignoró, sino que la recompensó al dejarla con el discípulo amado, y viceversa. María debe ser reconocida con honor, pero no debe ser adorada. En el Evangelio de Lucas se nos dice que María mismo dijo: "Mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador" (Lc. 1:47). María fue salva por la fe, igual que cualquier otro pecador. El ángel no le dijo: "Bendita tú sobre las mujeres." Lo que le dijo fue: "Bendita tú entre las mujeres" (v. 28). Reconocemos que María fue bendita, porque sufrió para traer al mundo al Salvador.
Simeón le había dicho: "Una espada traspasará tu misma alma" (Lc. 2:35). En la cruz ella experimentaba el clímax de ese sufrimiento. Cuando se descubrió que estaba encinta, empezó para ella el sufrimiento, la vergüenza y el reproche. Fue mal entendida. La gente murmuraba de ella. Se casó con José, un carpintero, y vivía en pobreza. Dio a luz al Señor Jesús en un establo.
Tuvieron que huir de Belén para escapar de la espada, y sin embargo algunos niños inocentes murieron a causa de su nene. Me preguntó cómo se sentiría María en cuanto a eso. Se gozó porque su hijo fue librado, pero debe haber sentido la espada en su propia alma al enterarse de que otros niños inocentes habían muerto.
Cuando nuestro Señor Jesús fue un adolescente, le había dicho: "¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?" (v. 49). Eso marcó el inicio de una experiencia de separación, una separación creciente. En ocasiones María realmente no le entendía. ¡La espada atravesaba su propia alma! María, al pie de la cruz, sufría. Sufría porque El moría. Sufría por la forma en que moría-en una cruz, contado con los transgresores. Sufría por el lugar en donde moría-en público, a la vista de toda suerte de gentes. Era tan cosmopolita la muchedumbre, que Pilato hizo escribir en tres idiomas la declaración para la cruz. ¡Nuestro Señor no fue crucificado en un callejón escondido! ¡Fue crucificado a vista de todos, en público, en vergüenza! Y María estaba allí, sintiendo la espada que atravesaba su alma.
Pero Jesús la vio, y le dio seguridad de su cariño. Siempre lo hace así. Tal vez usted esté atravesando un calvario. Tal vez usted está sufriendo intensamente por algo que ha ocurrido. Quiero que sepa que el Señor Jesús siempre nos da seguridad de Su amor. A María le dijo: "Mujer [un título de respeto], he ahí tu hijo" (Jn. 19:26). ¿Se refería a Sí mismo? Pienso que no. Pienso que se refería a Juan. Luego dijo a Juan: "He ahí tu madre" (v. 27). ¿Qué es lo que estaba haciendo? Estaba estableciendo una nueva relación. A María le estaba diciendo: "Voy de regreso al cielo. Por esto tú y yo debemos tener una relación enteramente nueva.
Pero, para dar paz a tu corazón, para restañar la herida causada por la espada que te ha atravesado, te entrego a Juan." Le aseguró Su amor al tomar a Su discípulo amado y hacerlo hijo de María. El Señor Jesús sintió el dolor de ella. Conocía la soledad que la afligía, y la recompensó dándole al discípulo que tanto había amado.
Leí en alguna parte que el testamento más largo que se conoce consta de cuatro enormes volúmenes. Tiene 95.940 palabras. El testamento más corto del que se tiene noticia está en Inglaterra, y contiene solamente tres palabras: "Todo para mamá." Jesús no tenía posesiones terrenales para dejar.
Los soldados ya se habían jugado sus vestiduras. ¿Qué podría dejarle a María? Le dio a Juan. "Desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa" (v. 27).
Para María la cruz era un lugar de recompensa. Al final, Dios recompensa a los que han sufrido.
Un Lugar de Responsabilidad
Ahora debemos hablar con Juan. "Juan, ¿Qué significa para ti estar al pie de la cruz?" Pienso que Juan hubiera contestado: "Este es un lugar de responsabilidad."
Nuestro Señor Jesús reinaba desde la cruz. Estaba en control. Daba órdenes. Daba direcciones a Sus seguidores y seres queridos. Restauró a Juan. Juan le había abandonado y había salido huyendo. Todos los discípulos habían hecho lo mismo. El Pastor había sido herido, y las ovejas esparcidas. Pero Juan regresó hasta la cruz. ¡Fue restaurado y perdonado! Usted y yo podemos habernos descarriado, podemos haber desobedecido o aun haber negado al Señor; pero podemos retornar. Juan regresó hasta la cruz. No era el lugar más seguro para colocarse, ni el más fácil de ocupar. He estado junto a algunos moribundos, pero nunca en una situación ni remotamente parecida. Regresar requirió valentía y amor de parte de Juan. El Señor Jesús lo restauró, y fue Juan mismo el que luego escribiría: "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad" (1 Jn. 1:9).
Jesús no solo que restauró a Juan, sino que también le honró. Le dijo: "Juan, tú vas a tomar mi lugar. Ya no estaré más en esta tierra para velar por mi madre humana, María; de modo que tú vas a tomar mi lugar. Vas a llevarla contigo, y tú vas a ser para ella un hijo." Lo interesante es que todos nosotros estamos tomando Su lugar. Después de Su resurrección, dijo: "Como me envió el Padre, así también yo os envío" (Jn. 20:21). Usted y yo representamos a Cristo delante de otros. Juan debía amar a María, por cuanto debía ocupar el lugar de nuestro Señor en la vida de ella. Usted y yo tenemos que amar a otros en la manera en que el Señor Jesús nos ha amado. Juan fue el discípulo al cual amaba Jesús.
Es interesante notar, en los capítulos finales de su Evangelio, cómo Juan mostró su amor por el Señor Jesús.
En Juan 13:23 leemos que Juan "estaba recostado al lado de Jesús." El amor siempre es algo del corazón. En Juan 19:26 leemos que Juan estaba al pie de la cruz. Una cosa es recostarse en el pecho de Jesús privadamente, en el aposento alto, y algo totalmente distinto ponerse públicamente al pie de la cruz. Pero el amor siempre ocupa su lugar y sufre. Juan 20:4 nos dice que Juan corrió al sepulcro. Más adelante reconoció a Jesús y dijo: "¡Es el Señor!" (21:7). El amor siempre reconoce al ser amado. Luego, el amor le hizo seguirle. Jesús dijo:
"Sígueme," y Juan le siguió. Finalmente, el amor da testimonio. Juan dijo que él daba "testimonio de estas cosas" (v. 24), porque las había visto y sabía que eran ciertas.
La cruz es un lugar de responsabilidad. Si usted y yo nos hemos acercado a la cruz, tenemos una grande responsabilidad-la responsabilidad de amar al Señor Jesús, y luego vivir por El y amar a otros. La vida cristiana no es una vida fácil, pero es una vida maravillosa. Estoy convencido que la vida cristiana es una vida mucho más fácil que la vida de pecado. "Junto a la cruz"-ese es el lugar donde El nos quiere. Es un lugar de redención. Si usted nunca ha confiado en el Señor Jesús, usted puede ser redimido. Sencillamente venga a la cruz por fe y confíe en El. "Junto a la cruz" es un lugar de reproche.
Todo nuestro orgullo y egoísmo se desvanece cuando nos ponemos al pie de la cruz y vemos al Señor Jesús sufriendo por nosotros.
"Junto a la cruz" es un lugar de recompensa. "Mujer, he ahí tu hijo . . . He ahí tu madre" (Jn. 19:26,27). Es un lugar de responsabilidad. Cuando nos acercamos a la cruz, por medio de la fe en Cristo Jesús, no podemos escaparnos, no podemos escondernos. Debemos ocupar nuestro lugar e identificarnos con El en comunión con Sus sufrimientos. Entonces podemos ir y hacerla obra que El nos ha llamado para que hagamos.
Cualquier cosa que sea lo que Dios le ha llamado a hacer, amigo mío, hágala. Si se acerca a la cruz descubrirá que es un lugar realmente maravilloso.
martes, 10 de febrero de 2015
RECORDANDO A DONDE PERTENECEMOS
"Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían..." Juan 18:36
En vista de los últimos sucesos acontecidos en Venezuela, es inevitable sentarse a escribir al frente del computador sin hacer algún comentario al respecto. Sin duda alguna estamos pasando por un período difícil, y socialmente se habla de fractura en diversos ámbitos; incluso no faltó quien declarara a los medios que dichas fracturas alcanzan hasta los niveles religiosos.
Las circunstancias que estamos viviendo, demandan de nosotros estar atentos, conscientes de nuestra verdadera identidad. Como cristianos, no podemos pasar por alto que si bien es cierto que estamos en este mundo, y que somos venezolanos de nacimiento, no debemos olvidar el hecho que nuestra verdadera ciudadanía está en los cielos (Filipenses 3:20), que hemos nacido de nuevo al momento de bautizarnos; y ahora somos linaje escogido, Nación Santa, pueblo de Dios, con la única responsabilidad de anunciar las virtudes de Aquél que nos llamó de las tinieblas a la luz (Pedro 2:9- 10). Ahora más que nunca es el momento para mostrarnos como una sociedad cristiana unida, para que esto suceda nuestros vínculos deben fortalecerse aún más, y esto dependerá de cada uno de nosotros, en la medida que respetemos mutuamente los pensamientos, tendencias y razonamientos políticos que podemos llegar a desarrollar; más aun cuando en estos momentos los venezolanos podemos ceder hacia tendenci as polarizadas.
Es una excelente oportunidad para que los cristianos marquemos la pauta, en cuanto tolerancia y aceptación; ya que es precisamente ese reflejo el que ayudará a que otros se detengan a observar que somos diferentes a el común de la población actual. Esta sociedad necesita patrones de conducta dignos de imitar, a nuestro alcance existen diversas herramientas para ayudar a este país que nos sirve de temporal hogar. Esta Venezuela necesita cristianos menos habladores de política y más trabajadores; trabajadores responsables, justos, honestos y eficaces, así como necesita gente piadosa llena de misericordia que ruegue con sus oraciones tanto por los gobernantes; ya que hacerlo es nuestra responsabilidad (1 Timoteo 2:1); así como por el resto de la sociedad.
En especial hago un llamado para que oremos por los reporteros y personal técnico, quienes laboramos en los diversos medios de comunicación; ya que hemos visto amenazada nuestra integridad personal; situación ésta preocupante. El hecho de ver por televisión como un grupo personas extremistas arremete contra las instalaciones donde pocas horas antes me encontraba laborando, y aun mirando la pantalla saber que dentro estas están tus compañeros de trabajos; padres y madres de familia; personas que sólo están allí con la intención de servir a una sociedad. Es alarmante el hecho de que salir a la calle con algo que te identifique como trabajador de algún medio, es una amenaza para tu vida. Esto y muchas cosas más debe ser parte de nuestras actuales rogativas.
Para finalizar estimados hermanos les hago una petición desde el fondo de mi corazón, no caigamos en las trampas del enemigo; no traigamos las rencillas políticas a las filas de nuestras congregaciones. Nuestra revolución de seguir alguna, debe ser vivir para, por y en Cristo, no debemos afanarnos por algunas tendencias, por el contrario, busquemos la mejor forma de mostrarnos como una sociedad cristiana más sólida, recordemos que eso será testimonio para que esta nación, conozca a un Jesucristo que teniéndolo todo, fue obediente, al mandato de su Padre.
Venezuela somos todos, y los cristianos somos los protagonistas anónimos de un país que nos necesita, así que trabajemos duro cada día para hacer de este algo mejor.
"Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios" Mateo 5:9.
miércoles, 31 de diciembre de 2014
El Principio de Jetro
Uno de los desafíos más importantes del liderato de la iglesia es equipar y animar a los cristianos para que puedan participar en la obra del ministerio. Digo desafío debido a que el pensamiento que ocupa tradicionalmente la mente de muchos es que el líder de la congregación es el llamado a mantener control y a hacer la mayoría de las decisiones importantes. Así operan muchas iglesias locales. Warren Bennis dijo una vez: “muchas organizaciones son pobremente dirigidas y sobre manejadas”. Hay otras iglesias que son dirigidas por unos pocos obreros que están sobre trabajados, líderes exhaustos, mientras el resto de la congregación se mantiene inactiva. En ambos casos la responsabilidad recae en el liderato. La mente gerencial hace las cosas correctas, en cambio el líder hace correctas las cosas.
Los lideres de una iglesia local debe aprender cuál es la diferencia entre lo que es liderato y/o que es una mentalidad gerencial. También deben aprender que su primera responsabilidad es enseñar, aconsejar y equipar a los santos para el ministerio. Los ancianos o líderes deben comenzar a enfocarse en lo que es su verdadero llamado: el pastoreo. Alejarse de la tentación que es “administrar”. Satanás sabe que entre más él pueda influenciar falsamente al liderato a que se enfoque en la administración de la iglesia, menos miembros estarán siendo equipados para el ministerio y el servicio en el reino de Dios.
¿CÓMO VE USTED SU PAPEL DE LÍDER?
Hace un tiempo atrás, me presentaron a un líder de una congregación local al cual recién le habían nombrado anciano. En nuestra conversación, me mencionó que un miembro de su congregación vino a saludarle y le dijo: “Debe ser un honor ser anciano porque ahora está por encima de los diáconos y los demás ministros”. Yo esperaba que el anciano me dijera la manera en que él le explicó al miembro de la congregación que su forma de ver las cosas era un poco equivocada y que no era conforme al patrón bíblico de lo que es ser un líder de la iglesia. Pero en cambio, me dijo que le contestó: “Sí, es un honor tener a todo el mundo trabajando bajo mi control y teniendo ahora la responsabilidad de tomar todas las decisiones importantes en la iglesia”.
Sé que ese anciano es un hombre amoroso, que sirvió fielmente como misionero durante varios años y que, sin lugar a dudas, servirá a la congregación con sinceridad de corazón. Sin embargo, Su visión de que los ancianos están al tope y que tienen el control para tomar todas las decisiones de la iglesia no está respaldada por las Escrituras. Ni por ejemplo ni por inferencia. De alguna manera, la visión secular de liderato se ha infiltrado en el reino de Dios. Permitiendo que el liderato luzca como un gobierno episcopal o tipo pirámide. Entre más lejos se llega en el liderato, más gente se tiene bajo control. En esencia, es el rol del líder hacer más y sobre todo tomar las decisiones de la iglesia. Jesús, sin embargo, enseñó lo contrario: “...el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos” (Marcos 10:43-44).
Moisés también tenía la misma sinceridad de corazón cuando se sentaba delante de todas las personas del pueblo como juez de Israel. Su suegro Jetro observó detenidamente lo equivocado de lo que Moisés hacía y lo cuestionó: “¿Qué es lo que haces tú con el pueblo? ¿Por que te sientas tú sólo, y todo el pueblo está delante de ti desde la mañana hasta la tarde?” Y Moisés le respondió a su suegro: “Porque el pueblo viene a mí a consultar a Dios. Cuando tienen asuntos, vienen a mí; y yo juzgo entre el uno y el otro, y declaró las ordenanzas de Dios y sus leyes” (Éxodo 18:13-16).
Al igual que en el caso del anciano que mencionamos, la sinceridad de corazón de Moisés no cambió el hecho de que lo que él estaba haciendo era un error. Note la respuesta de Jetro: “No está bien lo que haces.. Desfallecerás del todo, tú, y también este pueblo que está contigo; porque el trabajo es demasiado pesado para ti; no podrás hacerlo tú sólo. Oye ahora mi voz; yo te aconsejaré, y Dios estará contigo. Y somete tú los asuntos a Dios. Y enseña a ellos las ordenanzas y las leyes, y muéstrales el camino por donde deben andar, y lo que han de hacer. Además escoge tú de entre todo el pueblo varones de virtud, temerosos de Dios, varones de verdad, que aborrezcan la avaricia; y ponlos sobre el pueblo por jefes de millares, de centenas, de cincuenta y de diez. Ellos juzgarán al pueblo en todo tiempo; y todo asunto grave lo traerán a ti, y ellos juzgarán todo asunto pequeño. Así aliviarás la carga sobre ti y la llevarán ellos contigo” (Éxodo 18:17-22). Es interesante que aunque Jetro no era israelita tuvo la capacidad de enseñarle a Moisés Sabemos que Jetro fue pastor de ovejas y sacerdote. Posiblemente fue bueno resolviendo problemas y un gran organizador ya que dio a Moisés consejos muy atinados y prácticos acerca de cómo podría cumplir con su papel de líder sin llegar a cansarse o quemarse. Creo que Jetro también ofrece un excelente ejemplo en tiempos cuando “la ayuda de afuera” se necesita en la iglesia para que el liderato de la iglesia local continúe siendo efectivo.
RECONOCIENDO EL PROBLEMA
¿Cuál es el problema? Moisés estaba sobrecargándose por la creencia de que la voluntad de Dios era que toda decisión concerniente al pueblo de Dios tenía que ser tomada por él y sólo él. ¿Cuán a menudo vemos a líderes de la iglesia quemados, exhaustos o frustrados por la carga del trabajo en la iglesia? Personalmente he hablado con ex-ancianos, los cuales me han manifestado que tuvieron que echarse a un lado de sus posiciones producto de la extremada presión en sus vidas personales así como en sus vidas familiares. He llegado a creer que esa frustración es auto infringida por líderes que no han llegado a comprender la enseñanza bíblica acerca de lo que es liderato, y por lo tanto, ni saben ni se dedican a animar y a delegar el trabajo administrativo a los miembros. ¡Hacer eso en realidad eliminaría de ellos esos aspectos administrativos tan trabajosos y que en realidad nunca han sido partes de sus responsabilidades! En lugar de enfocarse en los asuntos administrativos podrían enfocarse en las necesidades espirituales de los individuos y de las familias.
Es interesante también el hecho de que el pueblo de Israel también estaba siendo “atropellado” ya que tenían que esperar parados desde la mañana hasta la noche para ser atendidos (vs.14). Hoy día, los líderes de la iglesia continúan estropeándose, quemándose al tratar de involucrarse directamente en todas las decisiones y a la vez estropean y anulan a los miembros frustrándolos al punto que la mayoría están inactivos. Gary McIntosh dice: “El riesgo más desafiante que los líderes de la iglesia tienen que tomar a menudo es invertir su tiempo en los miembros. Muchos ancianos y otros líderes no permiten el desenvolvimiento de los miembros en los diferentes ministerios por temor a los errores que podrían cometer si se les diera la oportunidad de servir.
Creo que Jetro también nos da una excelente lección a los líderes de la iglesia de hoy día, de cómo permitir y animar a los miembros a participar en los diferentes ministerios. He encontrado cinco (5) principios importantes de liderato en los consejos de Jetro a Moisés:
1- Equipando a los miembros- (Éxodo 18:20a) Jetro comienza aconsejando a Moisés sobre la necesidad de enseñarles la ley y los decretos. No era suficiente con que Moisés supiera todas las leyes y los decretos y que él hiciera todas las decisiones. Moisés fue exhortado a tomarse el tiempo que fuera necesario para equipar a otros miembros con el conocimiento y comprensión requeridos para tomar decisiones con sabiduría. Esto me recuerda un refrán popular que dice: “Dale un pescado a un hambriento y comerá un día; enséñale a pescar y comerá toda la vida.” Este debe ser el enfoque primario del liderato para equipar y “perfeccionar a los santos para la obra del ministerio”.
Equiparlos, sin embargo, no es una tarea fácil; es un proceso. Tal vez, por eso, muchos líderes en las iglesias no enfocan sus esfuerzos en enseñar a los demás. Lynn Anderson en su libro: “Ellos Huelen Como Ovejas” dice: “El estilo de Jesús de equipar a sus discípulos no es tan difícil de entender, pero puede ser difícil de implementar. No es complejo, pero sí costoso.” El equipar a los santos hace un llamado a que consistentemente se invierta tiempo en las vidas de otras personas. Se necesita mucha paciencia para cuando ellos parezcan que van gateando en lugar de avanzar. También llama a la vulnerabilidad, a la franqueza y al esfuerzo intencional. La recompensa... será inmensurable: brinda la satisfacción espiritual a ambos, al maestro y al discípulo. Esto expandirá la capacidad del ministerio en la iglesia.
2- Mentoría (consejería)- (Éxodo 18:20b) Moisés no sólo tenía que enseñar a su pueblo los decretos y las leyes. Jetro le sugirió a Moisés que tenía que ser un mentor para ellos en el proceso. El argumento de Jetro fue: “Enséñales la forma en que deben vivir y los trabajos que tienen que realizar” Era algo más que sólo un estímulo a Moisés de ser un buen ejemplo. Le dijo a Moisés que tenía que mostrarle a la gente cómo vivir y cómo participar efectivamente en el proceso de toma de decisiones.
Este fue el mismo tipo de proceso de mentoría que el apóstol Pablo sugirió a Timoteo: “Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros” (2 Timoteo 2:2). En otras palabras, Timoteo debía enseñar y aconsejar a otros miembros de la iglesia para que ellos a su vez se convirtieren en maestro y mentores de otros. La mentoría es la llave para desarrollar un liderato consistente y continuo en la casa de Dios.
3- Selección– (Éxodo 18:21ª) Moisés tenía que seleccionar a hombres capaces. Hombres que temieran a Dios. Hombres fidedignos que odiaran las ganancias deshonestas. Este proceso de selección es también muy importante. Jetro dijo que estos hombres tenían que ser capaces, lo que sugiere que debió existir un proceso que asegurara que ellos estaban equipados primeramente para hacer el trabajo. Por eso, el proceso de equipar a los santos y la mentoría que esto conlleva viene primero en el consejo que Jetro le da a Moisés. Lynn Anderson dice: “Hay muchas congregaciones que lo que necesitan es más pastoreo y menos administradores.” En muchos casos, se tiene hombres capaces que están inactivos sin envolverse en los distintos ministerios que bien podrían aliviar mucho del peso de la carga que el líderato se han auto impuesto. Si seguimos el principio de Jetro enseñado a Moisés de seguro nos supliremos de hombres capaces para ministrar en el reino de Dios.
4- Autorizando– (Éxodo 18:21b) Muchas iglesias hoy día hacen un buen trabajo al seleccionar hombres para el servicio en el reino de Dios. Pero, ¿cuán a menudo vemos personas que han sido seleccionadas para el ministerio, pero que no han recibido la autoridad para llevar a cabo el trabajo que le han encargado? Permítanme ilustrar este punto con un ejercicio que hacemos en los seminarios sobre liderato. En ocasiones le pido a un hermano de un lado del salón que por favor le lleve un libro particular a otro hermano que esté en el punto más distante del salón. Tan pronto comienza a caminar hacia el otro extremo le detengo y le pido que lleve el libro de una forma determinada. Nuevamente cuando a dado varios pasos le vuelvo a detener y le indico que tiene que hacerlo en determinada forma de caminar. Tan pronto resume su encomienda le sugiero que muestre cierto aspecto en su cara. (Según yo le estoy dando las diferentes instrucciones se pueden escuchar risas entre los hermanos presentes mientras yo le sigo dándole instrucciones sobre cómo realizar la encomienda que le di.) En fin, le detengo una y otra vez, sugiriendo diferentes cosas hasta que ya casi está a punto de entregar el libro a la persona indicada. En ese momento, me acerco al hermano mostrando gran impaciencia y frustración porque no hizo las cosas como yo quería, y le pido el libro y se lo entrego yo mismo al otro hermano.
La lección viene cuando le pregunto al hermano: “¿Cómo te hice sentir?” Normalmente me describen sentimientos de insuficiencia o ineptitud. Algunos hermanos han dicho que se sienten como tontos. Este es un sentimiento horrible. Muchos líderes de hoy día son culpables de que muchos miembros de la iglesia se sientan inútiles en la iglesia. ¿Cuán dispuesto creen ustedes que estará el hombre de la ilustración cuando se le pida que haga otra tarea? Cuando los líderes de la iglesia seleccionamos a personas para realizar una tarea o un ministerio necesitamos apoyarle, darle confianza, darle el espacio suficiente para que realice el trabajo encargado. Max Depree, en su libro: “Liderazgo Sin Opresión” dice: “Delegar es una de las maneras en que un líder conecta su voz y su toque a los demás.” Es una manera preciosa de permitir a las personas que participan de ella a crecer hasta alcanzar su potencial.
5- Responsabilidad- (Éxodo 18:22ª) Cuando Jetro le dice a Moisés: “Ellos juzgarán al pueblo en todo tiempo...” él estaba hablando del nivel de responsabilidad que debe guiar a aquellos que ocupan una posición de liderato. Es mi creencia que una de las grandes tragedias del liderato de la iglesia hoy día es que hay muy poca o ninguna responsabilidad en aquellos que sirven como ancianos, diáconos y líderes en general de los distintos ministerios.
En su libro “El Líder Autorizado”, Calmin Miller declara: “En orden de construir un verdadero espíritu de equipo (en la iglesia) usted debe delegar autoridad así como responsabilidad”. Los líderes verdaderos hacen responsables a los hermanos por las tareas que se le delegan. Cuando la tarea termina, cualquier falta que ocurra será responsabilidad de aquellos que tenían la tarea a cargo. Es sabio recordar que la habilidad de sus seguidores para aceptar el dolor del fracaso o la gloria de su éxito se relaciona directamente al modelo de líder que usted provee. Si usted asume su responsabilidad de una manera seria, aquellos a quienes usted delega alguna tarea imitarán su mayordomía.
La responsabilidad no es una opción si la iglesia quiere verdaderamente ser eficaz. Max Depree declara: “Una de las primeras cosas requeridas en un movimiento es un liderato lleno de espíritu, un liderato que esté disponible y que enriquezca, y sobre todo que mantenga la organización responsablemente”. Donde no hay responsabilidad por los resultados, allí siempre va ha existir una mentalidad orientada a las posiciones. Esta mentalidad de liderato orientada hacia las posiciones dice: Un anciano o diácono hace las cosas de una forma determinada por la posición que ocupa y no por la efectividad. Debemos recordar, sin embargo, que los ancianos en las Escrituras son conocidos como ancianos por sus años de experiencia y sabiduría y por el trabajo que ha realizado en la iglesia. Bíblicamente hablando el anciano era, es y será un término descriptivo y no un título de posición. De la misma manera, aquellos que sirven como diáconos son en realidad servidores. Es quiénes son y qué hacen, no un título dado a ellos. Donde no existe la responsabilidad encontraremos ancianos que no pastorean y diáconos que no están dados al servicio.
6- Vigilancia- (Éxodo 18:22b) El consejo final de Jetro fue que cuando la situación requiriera que Moisés se envolviera en el proceso de la toma de decisiones, entonces él (Moisés) decidiría: “Todo asunto grave lo traerán a ti, y ellos juzgarán todo asunto pequeño”. Por la misma naturaleza del servicio de los ancianos, ellos tienen la experiencia y la sabiduría necesaria para hacer las decisiones cuando sea necesario por lo complicado y/o difícil de la situación. Conozco de mi propia experiencia en el ministerio local que los ancianos tienen más información o conocimiento con respecto a ciertas situaciones particulares que lo que yo pueda tener. Por eso, la comunicación entre el liderato y los ministros, así como la comunicación entre el liderato y toda la membresía es importante.
EL RESULTADO
Jetro le dice a Moisés que si él sigue sus consejos tendrá resultados positivos: “Así aliviarás la carga de sobre ti y la llevarán ellos contigo. Sí esto hicieres, y Dios te lo mandare, tú podrás sostenerte, y también todo el pueblo ira en paz a su lugar” (Éxodo 18:22b–23) ¿Cuál fue la reacción de Moisés al consejo de Jetro? “Moisés escuchó a su suegro e hizo todo lo que Él dijo” Nosotros (el líderato de la iglesia del Señor) debemos escuchar el consejo de Jetro a Moisés. Como John Maxwell declara: “Un líder es grande, no por su poder sino por su habilidad para confiar, delegar y autorizar a otros. El éxito sin sucesores en un fracaso. La responsabilidad del obrero es realizar el trabajo, la responsabilidad del líder es desarrollar a otros para que hagan el trabajo. Finalmente, el propio Jetro da la mejor razón de todas para llevar a cabo todos estos principios de fortalecimiento cuando dijo: “...y si Dios te lo mandare”
miércoles, 26 de noviembre de 2014
CAPÍTULO VII "En tus Manos Encomiendo mi Espíritu"
Usted no está realmente preparado para vivir a menos que esté preparado para morir. Mucho de lo que tiene lugar en este mundo es una batalla contra la muerte. La muerte viene. Es una cita, y sólo Dios sabe la hora. Por esto es maravilloso ser cristiano, y conocer a Jesús como Salvador personal.
Entonces uno tiene confianza y no tiene que temerle a la muerte. La séptima declaración de Jesús desde la cruz nos habla en cuanto a la muerte y a cómo El murió.
"Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró" (Lc. 23:46). Cuatro características de Su muerte sirven para estimularnos y eliminar cualquier temor a la muerte.
Murió Realmente
En primer lugar, murió realmente. Su muerte no fue una ilusión; en realidad murió. El Señor Jesús tenía un cuerpo humano real, y experimentó todas las debilidades no pecaminosas de la naturaleza humana. Supo lo que era crecer; supo lo que era comer, beber o dormir. También supo lo que era morir.
Realmente murió. Su muerte fue una muerte real. Juan registra que los oficiales comprobaron muy cuidadosamente para estar seguros de que Jesús había muerto. Cuando los soldados vinieron a ver a los que habían crucificado, descubrieron que Jesús ya había muerto (véase Jn. 19:33). Por tanto, no le rompieron las piernas. Cuando José y Nicodemo quisieron que se les entregara el cuerpo de Jesús, a fin de darle una sepultura decente, tuvieron que obtener primero el visto bueno de Pilato, y Pílato se asombró de que Jesús estuviera ya muerto (Mr. 15:44). La evidencia oficial del imperio romano fue que Jesús realmente había muerto.
La evidencia de los escritores de los evangelios es también la de que Jesús realmente murió. No es que meramente sufrió un desmayo en la cruz y luego, al ser puesto en la fría tumba, revivió y pretendió que fue una resurrección.
Este necio pensamiento se desvaneció ya hace rato. El Señor Jesucristo realmente murió; gustó la muerte por toda persona.
En la Biblia la palabra muerte es aplicada a los creyentes con muy poca frecuencia. Más bien se dice: dormir. Pablo se refiere a los creyentes que habían muerto como "los que durmieron en él"(1 Tes. 4:14). Pero cuando Jesús murió, no durmió-fue realmente muerte. Probó el sabor total de la experiencia de la muerte. Confrontó al postrer enemigo-la muerte-y valientemente dio cara a su sufrimiento, su juicio, su dolor, su finalidad.
Murió en realidad. Cuando uno se detiene a pensar que El murió por nosotros, encuentra que eso significa que no debemos tener miedo a la muerte.
Murió Confiadamente
Este hecho nos lleva a la segunda característica de la muerte de mi Señor: No solo que murió realmente, sino que también murió confiadamente. Dijo: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu" (Lc. 23:46).
La Presencia del Padre
Murió confiadamente por cuanto contaba con la presencia del Padre. Así lo llamó: "Padre." Tres veces, mientras colgaba de la cruz, Jesús se dirigió a Dios. Su primera expresión desde la cruz fue: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen" (Lc. 23:34). Su cuarta expresión fue: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?" (Mt. 27:46). Su séptima expresión fue: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu" (Lc. 23:46). Al principio, en medio, y al fin de Su prueba, nuestro Señor oró a Su Padre.
Es digno de notarse que la palabra "Padre" estuvo a menudo en los labios de nuestro Señor.
Cuando tenía doce años dijo: "¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?" (2:49). En el sermón del monte usó la palabra Padre más de quince veces. En el discurso del aposento alto, y en Su oración sacerdotal (Jn. 17), nuestro Señor se refirió al Padre muchas veces. Murió confiadamente. Contaba con la presencia del Padre.
La Promesa del Padre
Murió confiadamente por cuanto contaba con la promesa del Padre. Nuestro Señor citó una parte del Salmo 31:5: "En tu mano encomiendo mi espíritu; tú me has redimido, oh Jehová, Dios de verdad." Este versículo es una promesa del Antiguo Testamento, y Jesús la aplicó a Sí mismo. Pero la cambió, y puede hacerlo puesto que El es el autor de la Palabra. Añadió la palabra "Padre," y omitió la frase en cuanto a ser redimido. Jesús no tenía que ser redimido. Jamás había pecado, y no necesitaba ser redimido. Cuando murió, se apropió de la Palabra de Dios y se entregó confiadamente al Padre.
Todas las tres oraciones dichas desde la cruz están ligadas a las Escrituras. Cuando Jesús oró: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen" (Lc. 23:34), estaba dando cumplimiento a lo registrado en Isaías 53:12: "Habiendo él... orado por los transgresores." Cuando clamó: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?" (Mt. 27:46), estaba citando el Salmo 22:1. Cuando dijo: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu" (Lc. 23:46), estaba dando cumplimiento a lo dicho en el Salmo 31:5. Nuestro Señor Jesús vivió según la
Palabra de Dios, y si usted vive de acuerdo a la Palabra de Dios, usted puede morir por la Palabra de Dios. ¿Qué seguridad tiene usted de que tendrá confianza en la hora de su muerte? La única seguridad que tenemos está en la Palabra de Dios.
Jesús murió confiadamente con la presencia del Padre y con la promesa del Padre.
La Protección del Padre
En tercer lugar, Jesús tenía la protección del Padre. "En tus manos encomiendo mi espíritu" (Lc. 23:46). Por muchas horas nuestro Señor había estado en manos de pecadores. A Sus discípulos había dicho: "Voy a ser entregado en manos de pecadores" (véase Mr. 14:41). Manos de pecadores lo arrestaron y lo aprisionaron. Manos de pecadores le azotaron. Manos de pecadores le flagelaron.
Manos de pecadores pusieron una corona de espinas en Su cabeza. Manos de pecadores le clavaron en una cruz. Pero cuando llegó al mismo término de Su obra, Jesucristo ya no estuvo más en manos de pecadores; estaba en las manos del Padre.
Murió confiadamente por cuanto estaba en las manos del Padre. "No me entregaste en mano del enemigo" (Sal. 31:8). El Salmo 31:15 dice: "En tu mano están mis tiempos; líbrame de la mano de mis enemigos y de mis perseguidores." La seguridad más grande se halla en las manos del Padre.
Murió Voluntariamente
Murió realmente, y murió confiadamente. También murió voluntariamente. En cierto sentido nuestro Señor fue matado. Pedro dijo: "A éste,...prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole" (Hch. 2:23). Pero en otro sentido, no fue matado, sino que entregó voluntariamente Su vida. Dijo: "Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder[autoridad] para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar" (Jn. 10:17,18). Nuestro Señor Jesucristo murió voluntariamente.
¡Esto es algo maravilloso! Ningún sacrificio del Antiguo Testamento murió voluntariamente. Ninguna oveja, cabrito o cordero dio voluntariamente su vida. Pero Jesús puso voluntariamente Su vida por nosotros. Es maravilloso poder decir: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu." Realmente murió, murió confiadamente y murió voluntariamente.
Antes de dar Su vida, Jesucristo perdonó a Sus enemigos. Antes de dar Su vida, dio salvación al ladrón arrepentido. Antes de dar Su vida, se preocupó por Su madre. Antes de dar Su vida, terminó la obra que Dios le dio para que haga. Usted y yo no sabemos cuánto tiempo más Dios nos va a permitir vivir.
Cada día que tenemos, cada minuto que pasa, es un regalo de Su gracia. Por eso debemos perdonar hoy a nuestros enemigos-por si acaso muriéramos. No queremos morir albergando en nuestro corazón algo en contra de alguien.
Queremos llegar al momento de nuestra muerte habiendo compartido la salvación con otros. Queremos ser fieles en nuestra preocupación por aquellos que dependen de nosotros. Queremos poder llegar al final de nuestra vida y entregarnos a Dios voluntariamente, habiendo acabado la obra que Dios nos dio para que hiciéramos.
Murió Victoriosamente
Jesús murió realmente, murió confiadamente, y murió voluntariamente. Por último, murió victoriosamente. "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu," exclamó. Nuestro Señor Jesucristo concluyó la obra que Dios le dio para que hiciera, y cuando entregó Su espíritu, ocurrieron varios milagros. El velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo, y Dios abrió el camino hasta el Lugar Santísimo (véase Mt. 27:51). Algunos sepulcros se abrieron, y algunos santos fueron revivificados (v. 52). Jesucristo demostró ser victorioso sobre el pecado (el velo rasgado) y sobre la muerte (las tumbas abiertas). Hubo un terremoto que estremeció el área (v. 51). Nos recuerda del terremoto que ocurrió en el monte Sinaí, cuando Dios descendió para dar la Ley (véase Ex. 19:18). Pero el terremoto que hubo cuando Jesús murió no anunciaba el terror de la Ley ¡Anunciaba el cumplimiento de la Ley! ¡El Señor Jesucristo murió victoriosamente, conquistador del pecado, de la muerte y del infierno! El Señor Jesucristo murió por los pecadores. Murió realmente, murió confiadamente, murió voluntariamente y murió victoriosamente. No murió por Sus propios pecados por cuanto no tuvo ninguno. Murió por los pecados del mundo. Un día usted también va a morir. Usualmente la gente muere en la misma manera en que ha vivido.
Desde luego, Dios puede obrar y algunas personas pueden ser salvadas al último minuto. Personalmente he guiado a varias personas a Cristo estando ellas en su lecho de muerte. Pero no corra el riesgo. No juegue con la eternidad.
Usted también puede morir confiadamente, con la seguridad de que va a estar en la casa del Padre. Puede morir acogiéndose a las promesas de la Palabra de Dios, que le dan gracia, fortaleza y confortamiento. Puede morir en el lugar más seguro de todo el universo-las manos de Dios.
Jesús dijo: "Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano" (Jn.10:27,28). ¡Qué maravilloso poder morir con confianza y seguridad, y poder decir: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu"!
Entonces uno tiene confianza y no tiene que temerle a la muerte. La séptima declaración de Jesús desde la cruz nos habla en cuanto a la muerte y a cómo El murió.
"Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró" (Lc. 23:46). Cuatro características de Su muerte sirven para estimularnos y eliminar cualquier temor a la muerte.
Murió Realmente
En primer lugar, murió realmente. Su muerte no fue una ilusión; en realidad murió. El Señor Jesús tenía un cuerpo humano real, y experimentó todas las debilidades no pecaminosas de la naturaleza humana. Supo lo que era crecer; supo lo que era comer, beber o dormir. También supo lo que era morir.
Realmente murió. Su muerte fue una muerte real. Juan registra que los oficiales comprobaron muy cuidadosamente para estar seguros de que Jesús había muerto. Cuando los soldados vinieron a ver a los que habían crucificado, descubrieron que Jesús ya había muerto (véase Jn. 19:33). Por tanto, no le rompieron las piernas. Cuando José y Nicodemo quisieron que se les entregara el cuerpo de Jesús, a fin de darle una sepultura decente, tuvieron que obtener primero el visto bueno de Pilato, y Pílato se asombró de que Jesús estuviera ya muerto (Mr. 15:44). La evidencia oficial del imperio romano fue que Jesús realmente había muerto.
La evidencia de los escritores de los evangelios es también la de que Jesús realmente murió. No es que meramente sufrió un desmayo en la cruz y luego, al ser puesto en la fría tumba, revivió y pretendió que fue una resurrección.
Este necio pensamiento se desvaneció ya hace rato. El Señor Jesucristo realmente murió; gustó la muerte por toda persona.
En la Biblia la palabra muerte es aplicada a los creyentes con muy poca frecuencia. Más bien se dice: dormir. Pablo se refiere a los creyentes que habían muerto como "los que durmieron en él"(1 Tes. 4:14). Pero cuando Jesús murió, no durmió-fue realmente muerte. Probó el sabor total de la experiencia de la muerte. Confrontó al postrer enemigo-la muerte-y valientemente dio cara a su sufrimiento, su juicio, su dolor, su finalidad.
Murió en realidad. Cuando uno se detiene a pensar que El murió por nosotros, encuentra que eso significa que no debemos tener miedo a la muerte.
Murió Confiadamente
Este hecho nos lleva a la segunda característica de la muerte de mi Señor: No solo que murió realmente, sino que también murió confiadamente. Dijo: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu" (Lc. 23:46).
La Presencia del Padre
Murió confiadamente por cuanto contaba con la presencia del Padre. Así lo llamó: "Padre." Tres veces, mientras colgaba de la cruz, Jesús se dirigió a Dios. Su primera expresión desde la cruz fue: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen" (Lc. 23:34). Su cuarta expresión fue: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?" (Mt. 27:46). Su séptima expresión fue: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu" (Lc. 23:46). Al principio, en medio, y al fin de Su prueba, nuestro Señor oró a Su Padre.
Es digno de notarse que la palabra "Padre" estuvo a menudo en los labios de nuestro Señor.
Cuando tenía doce años dijo: "¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?" (2:49). En el sermón del monte usó la palabra Padre más de quince veces. En el discurso del aposento alto, y en Su oración sacerdotal (Jn. 17), nuestro Señor se refirió al Padre muchas veces. Murió confiadamente. Contaba con la presencia del Padre.
La Promesa del Padre
Murió confiadamente por cuanto contaba con la promesa del Padre. Nuestro Señor citó una parte del Salmo 31:5: "En tu mano encomiendo mi espíritu; tú me has redimido, oh Jehová, Dios de verdad." Este versículo es una promesa del Antiguo Testamento, y Jesús la aplicó a Sí mismo. Pero la cambió, y puede hacerlo puesto que El es el autor de la Palabra. Añadió la palabra "Padre," y omitió la frase en cuanto a ser redimido. Jesús no tenía que ser redimido. Jamás había pecado, y no necesitaba ser redimido. Cuando murió, se apropió de la Palabra de Dios y se entregó confiadamente al Padre.
Todas las tres oraciones dichas desde la cruz están ligadas a las Escrituras. Cuando Jesús oró: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen" (Lc. 23:34), estaba dando cumplimiento a lo registrado en Isaías 53:12: "Habiendo él... orado por los transgresores." Cuando clamó: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?" (Mt. 27:46), estaba citando el Salmo 22:1. Cuando dijo: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu" (Lc. 23:46), estaba dando cumplimiento a lo dicho en el Salmo 31:5. Nuestro Señor Jesús vivió según la
Palabra de Dios, y si usted vive de acuerdo a la Palabra de Dios, usted puede morir por la Palabra de Dios. ¿Qué seguridad tiene usted de que tendrá confianza en la hora de su muerte? La única seguridad que tenemos está en la Palabra de Dios.
Jesús murió confiadamente con la presencia del Padre y con la promesa del Padre.
La Protección del Padre
En tercer lugar, Jesús tenía la protección del Padre. "En tus manos encomiendo mi espíritu" (Lc. 23:46). Por muchas horas nuestro Señor había estado en manos de pecadores. A Sus discípulos había dicho: "Voy a ser entregado en manos de pecadores" (véase Mr. 14:41). Manos de pecadores lo arrestaron y lo aprisionaron. Manos de pecadores le azotaron. Manos de pecadores le flagelaron.
Manos de pecadores pusieron una corona de espinas en Su cabeza. Manos de pecadores le clavaron en una cruz. Pero cuando llegó al mismo término de Su obra, Jesucristo ya no estuvo más en manos de pecadores; estaba en las manos del Padre.
Murió confiadamente por cuanto estaba en las manos del Padre. "No me entregaste en mano del enemigo" (Sal. 31:8). El Salmo 31:15 dice: "En tu mano están mis tiempos; líbrame de la mano de mis enemigos y de mis perseguidores." La seguridad más grande se halla en las manos del Padre.
Murió Voluntariamente
Murió realmente, y murió confiadamente. También murió voluntariamente. En cierto sentido nuestro Señor fue matado. Pedro dijo: "A éste,...prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole" (Hch. 2:23). Pero en otro sentido, no fue matado, sino que entregó voluntariamente Su vida. Dijo: "Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder[autoridad] para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar" (Jn. 10:17,18). Nuestro Señor Jesucristo murió voluntariamente.
¡Esto es algo maravilloso! Ningún sacrificio del Antiguo Testamento murió voluntariamente. Ninguna oveja, cabrito o cordero dio voluntariamente su vida. Pero Jesús puso voluntariamente Su vida por nosotros. Es maravilloso poder decir: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu." Realmente murió, murió confiadamente y murió voluntariamente.
Antes de dar Su vida, Jesucristo perdonó a Sus enemigos. Antes de dar Su vida, dio salvación al ladrón arrepentido. Antes de dar Su vida, se preocupó por Su madre. Antes de dar Su vida, terminó la obra que Dios le dio para que haga. Usted y yo no sabemos cuánto tiempo más Dios nos va a permitir vivir.
Cada día que tenemos, cada minuto que pasa, es un regalo de Su gracia. Por eso debemos perdonar hoy a nuestros enemigos-por si acaso muriéramos. No queremos morir albergando en nuestro corazón algo en contra de alguien.
Queremos llegar al momento de nuestra muerte habiendo compartido la salvación con otros. Queremos ser fieles en nuestra preocupación por aquellos que dependen de nosotros. Queremos poder llegar al final de nuestra vida y entregarnos a Dios voluntariamente, habiendo acabado la obra que Dios nos dio para que hiciéramos.
Murió Victoriosamente
Jesús murió realmente, murió confiadamente, y murió voluntariamente. Por último, murió victoriosamente. "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu," exclamó. Nuestro Señor Jesucristo concluyó la obra que Dios le dio para que hiciera, y cuando entregó Su espíritu, ocurrieron varios milagros. El velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo, y Dios abrió el camino hasta el Lugar Santísimo (véase Mt. 27:51). Algunos sepulcros se abrieron, y algunos santos fueron revivificados (v. 52). Jesucristo demostró ser victorioso sobre el pecado (el velo rasgado) y sobre la muerte (las tumbas abiertas). Hubo un terremoto que estremeció el área (v. 51). Nos recuerda del terremoto que ocurrió en el monte Sinaí, cuando Dios descendió para dar la Ley (véase Ex. 19:18). Pero el terremoto que hubo cuando Jesús murió no anunciaba el terror de la Ley ¡Anunciaba el cumplimiento de la Ley! ¡El Señor Jesucristo murió victoriosamente, conquistador del pecado, de la muerte y del infierno! El Señor Jesucristo murió por los pecadores. Murió realmente, murió confiadamente, murió voluntariamente y murió victoriosamente. No murió por Sus propios pecados por cuanto no tuvo ninguno. Murió por los pecados del mundo. Un día usted también va a morir. Usualmente la gente muere en la misma manera en que ha vivido.
Desde luego, Dios puede obrar y algunas personas pueden ser salvadas al último minuto. Personalmente he guiado a varias personas a Cristo estando ellas en su lecho de muerte. Pero no corra el riesgo. No juegue con la eternidad.
Usted también puede morir confiadamente, con la seguridad de que va a estar en la casa del Padre. Puede morir acogiéndose a las promesas de la Palabra de Dios, que le dan gracia, fortaleza y confortamiento. Puede morir en el lugar más seguro de todo el universo-las manos de Dios.
Jesús dijo: "Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano" (Jn.10:27,28). ¡Qué maravilloso poder morir con confianza y seguridad, y poder decir: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu"!
miércoles, 24 de septiembre de 2014
Yo Quiero Ir Al Cielo Cuando Muera
Yo quiero ir al cielo cuando muera, ¿y Ud?
Si Ud. Preguntara a alguien cómo llegar al cielo, ¿qué respuestas obtendría?
Alguien podría responder, "únase a mi iglesia y Ud. Irá al cielo."
Otro podría decir, "No, Ud. Solamente necesita hacer el bien, y llegará al cielo"
La gente tiene tantas opiniones. ¿Quién está en lo correcto?
Pero Ud. No debe preocuparse por lo que dice la gente. Si hay alguien que sabe como llegar al cielo, ¡ése debe ser Dios!
¿Qué es lo que Dios dice sobre esto en su Palabra, la Biblia?
EL AMOR DE DIOS
El amor de Dios es tan grande
Que lengua o pluma no puede describir,
Va más allá de la más distante estrella,
Y llega al más profundo de los abismos.
Frederick M. Lehman
La más tierna de las características personales de Dios es Su amor. Su Palabra dice: "Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor" (1 Juan 4:7, 8).
Amor es lo que Dios es- no sólo lo que Dios hace.
La gente habla mucho de amor, pero con demasiada frecuencia se refiere a un amor distorsionado y barato. El amor que aflora en las pantallas de los televisores o en las salas de cine no es sino mera pasión vergonzosa. Aún lo que parecería ser un inocente amor por los niños puede ser solamente una máscara para esconder una conducta sexual impropia.
Hoy en día algunas personas ni siquiera pueden entender el amor. No se conmueven ante la figura de Dios, como un padre amante, porque nunca han experimentado es negligencia, odio y abuso de sus padres.
Cuan refrescante es mirar el amor verdadero, porque es tan diferente. Este tipo de amor puede venir solamente de Dios. Y ese amor es la única razón para que tengamos esperanza.
sábado, 13 de septiembre de 2014
Perfeccionando a los Santos para la Obra del Ministerio
“Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, a otros evangelistas; a otros, pastores y maestros a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”(Efesios 4:11-13).
La meta de este estudio es aumentar la participación de los miembros identificando y usando los dones dados por Dios para la edificación del cuerpo de Cristo.
No debemos ser espectadores, sino jugadores, comprometidos a la obra. Dios no nos da los dones para ser meros espectadores, sino para comprometernos a trabajar en Su obra. ¡Él espera de nosotros que trabajemos! ¡Él busca la EXCELENCIA! Por eso el apóstol Pablo exhortó a la iglesia: "Desea los dones mayores" (1 Corintios 12: 12-14, 27-31). Tenemos que tener pasión por las cosas divinas. Ayunar y orar con muchas súplicas y ruegos, pidiéndole a Dios que nos dé la sabiduría necesaria, la inteligencia y el conocimiento espiritual para que podamos cumplir con Su Palabra,
EL DON DE SERVICIO
“Tenemos, pues, diferentes dones, según la gracia que nos es dada, el que tiene el don de profecía, úselo conforme a la medida de la fe; el de servicio, en servir; el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con generosidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría” (Romanos 12:6-7).
COMENTARIO: Quizás este sea el don más básico y común. No todos pueden enseñar ni pueden predicar, pero todos saben servir. Según Jesús: "el que quiera hacerse grande entre vosotros, será vuestro servidor; y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos...”(Marcos 10:43-44).
EJEMPLOS DE QUIENES TUVIERON EL DON DE SERVIR
1-Jesús (Marcos 10:43; Juan 13:1-7)
2-Dorcas (Hechos 9:36-39)
ESCRITURAS QUE HABLAN DOBRE EL DON DE SERVIR
1-"Sírvanse por amor los unos a los otros” Gálatas 5:13.
2-"Si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da”(1 Pedro 4:11).
LOS QUE TIENEN EL DON DE SERVIR:
1-Buscan oportunidades para servir. Visitan hospitales, a sus vecinos, a los hermanos, Miden sus palabras cuidando de no crear una mala impresión ni juzgar a nadie, muestran su amistad sincera, sabiendo que esto le abrirá las puertas para obras de servicio.
2-No esperan que se les pida servir. Reconocen que el que quiere hacerse grande en el reino de los cielos tiene que hacer un servidor de sí mismo.
3-No espera que le retornen o paguen el servicio brindado y no se cansa de servir sabiendo que así Dios es glorificado.
4-Predican el evangelio a cada criatura que se les acerca, sabiendo que no es casualidad sino el Espíritu Santo creando las oportunidades,
VEAMOS SI TIENES EL DON DE SERVICIO:
Instrucciones: Contesta las siguientes preguntas usando: 1 = Si nunca lo haces, 2 = Si lo haces a veces, 3 = Si siempre lo haces.
1-Cuándo hay un proyecto entre los hermanos siempre participo. ____
2-Busco oportunidades para servir. ____
3-Gozo al servirle a los demás. ____
4-Prefiero servir que ser servido. ____
5-Creo que es más bendito el dar que recibir. ____
Total: Ahora, suma tus respuestas. Escala: 10-15 puntos significan que probablemente tienes el don de servir. 6-9 puntos significan que quizás tengas el don de servir. Menos de 5 puntos significa que tienes un don diferente al de servir. ¡Si verdaderamente tienes el don de servir, úsalo para la gloria de Dios!
EL DON DE ENSEÑAR
“Tenemos, pues, diferentes dones, según la gracia que nos es dada, el que tiene el don de profecía, úselo conforme a la medida de la fe; el de servicio, en servir; el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con generosidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría" (Romanos 12:6-7).
COMENTARIO: En cada generación, la iglesia ha necesitado maestros(a) de la palabra de Dios. Los maestros(a) fieles, arraigados en la palabra, tienen la habilidad de comunicar efectivamente el mensaje de Dios. La cultura y las costumbres son accesorios al mensaje del Evangelio. Un buen maestro puede relacionarse a su audiencia haciendo un uso hábil de estos accesorios. Pero hay que reconocer que los que exhortan no necesariamente tienen que ser predicadores. Hay miembros en cada congregación que pueden animar y exhortar a los demás.
La Biblia tiene una pequeña advertencia sobre este don: “Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación” (Santiago 3:1). Es muy importante que reconozcamos que si nuestro don es el de la enseñanza, debemos hablar donde la Biblia habla y callar donde la Biblia calla (I Pedro 4:11).
EJEMPLOS BIBLICOS DE LOS QUE TUVIERON EL DON DE ENSEÑAR
1-"Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo” (Efesios 4:11-12).
2-“Pero tú habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina” (Tito 2:1).
3-“Pero también si alguna cosa padecéis por causa de la justicia, bienaventurados sois. Por tanto, no os amedrentéis por temor de ellos, ni os inquietéis. Al contrario, santificad a Dios el Señor en vuestros corazones,, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros. Tened buena conciencia, para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, sean avergonzados los que calumnian vuestra buena conducta en Cristo” (1 Pedro 3:14-16). El buen maestro(a) reconoce que no pueden contestar de acuerdo a su opinión ni a su conveniencia sino de acuerdo a la palabra de Dios.
4-“Y tened entendido que la paciencia de nuestro Señor es para salvación; como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito en casi todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen (como también las otras Escrituras) para su propia perdición. Así que vosotros, amados, sabiéndolo de antemano, guardaos, no sea que arrastrados por el error de los inicuos caigáis de vuestra firmeza. Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén” (2 Pedro 3:15-18).
LOS QUE TIENEN EL DON DE ENSEÑAR:
1-Saben la importancia de enseñar lo que está de acuerdo con la doctrina sana.
2-No esperan que les pidan enseñar sino que toman la iniciativa y enseñan.
VEAMOS SI TIENES EL DON DE ENSEÑAR
Instrucciones: Contesta las preguntas siguientes usando: 1 = Si nunca lo haces, 2 = Si lo haces a veces, 3 = Si siempre lo haces.
1-Me siento cómodo enseñando la Biblia. ____
2-Busco oportunidades para enseñar. _____
3-Gozo al enseñar y deseo enseñar. ____
4-Me preparo bien para enseñar una clase de Biblia. ____
5-Líderes de la iglesia desean que yo enseñe. ____
Total: Ahora, suma tus respuestas. Escala: 10-15 puntos significan que probablemente tienes el don de enseñar. 6-9 puntos significan que quizás tengas el don de enseñar. Menos de 5 puntos significa que tienes un don diferente al de enseñar. ¡Si verdaderamente tienes el don de enseñar, úsalo para la gloria de Dios!
EL DON DE EXHORTAR (ANIMAR)
"Tenemos, pues, diferentes dones, según la gracia que nos es dada: el que tiene el don de profecía, úselo conforme a la medida de la fe; el de servicio, en servir; el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con generosidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría" (Romanos 12:6-7).
COMENTARIO: Los que exhortan no necesariamente son los predicadores. Hay miembros del cuerpo que animan a los demás y les proveen muy buena exhortación en el Señor.
EJEMPLOS BÍBLICOS DE LOS QUE TUVIERON EL DON DE ANIMAR
1-Bernabé- Su nombre significa “hijo del ánimo”(Hechos 4:36).
2-Onesíforo- Pablo dijo de él: "muchas veces me confortó y no se avergonzó de mis cadenas...” (2 Timoteo 1:16).
PASAJES IMPORTANTES QUE HABLAN SOBRE ESTE DON
1-"Antes bien, exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: «Hoy», para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado...”(Hebreos 3:13).
2-"Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras, no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca”(Hebreos 10:24-25).
LOS QUE TIENEN EL DON DE EXHORTAR:
1-Son animados (tienen el Espíritu).
2-Tienen la habilidad de hacer comentarios positivos y animar a los demás.
3-Siempre buscan ayudar y levantarle el ánimo a los demás.
4-A través del amor, no el temor, mueven a los demás a obras buenas por su ejemplo y enseñanza.
5-Siempre dicen 3 cosas positivas por cada crítica constructiva que tengan que hacer.
VEAMOS SI TIENES EL DON DE EXHORTAR
Instrucciones: Contesta las preguntas siguientes usando: 1 = Si nunca lo haces, 2 = Si lo haces a veces, 3 = Si siempre lo haces.
1-Me gusta siempre animar mis hermanos.____
2-Los hermanos me buscan para que yo los anime. ____
3-Las palabras de ánimo me llegan fácilmente.____
4-Siempre estoy tratando de comunicar ánimo a los demás por cualquier medio.____
5-Cambio mis planes para animar a los que necesitan . ____
Total: Ahora, suma tus respuestas. Escala: 10-15 puntos significan que probablemente tienes el don de exhortar. 6-9 puntos significan que quizás tengas el don de exhortar. Tal vez tengas que esforzarte un poco. Menos de 5 puntos significa que tienes un don diferente al de exhortar. ¡Si verdaderamente tienes el don de exhortar, úsalo para la gloria de Dios!
EL DON DE OFRENDAR (CONTRIBUIR)
"Tenemos, pues, diferentes dones, según la gracia que nos es dada, el que tiene el don de profecía, úselo conforme a la medida de la fe; el de servicio, en servir; el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con generosidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría (Romanos 12:6-7).
COMENTARIO: Aunque la iglesia no sea un negocio, hay costos y necesidad de lo material para que todos los hermanos puedan subsistir. Se necesitan presupuestos y ayudas para los pobres y para predicar el evangelio. Cada generación esta necesitada de miembros que tengan la liberalidad del don de ofrendar.
EJEMPLOS BÍBLICOS DE LOS QUE TUVIERON EL DON DE OFRENDAR
1-La Iglesia de Macedonia ( 2 Corintios 8:1-5). Se usó este esfuerzo para también unir a las iglesias. Estos dieron mas allá de su habilidad.
2-La Iglesia en Antioquia (Hechos 11:29).
PASAJES IMPORTANTES QUE HABLAN SOBRE ESTE DON
1-“Dad y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando dará en vuestro regazo, porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir”(Lucas 6:38).
2-“Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza ni por obligación, porque Dios ama al dador alegre”(2 Corintios 9:7).
LOS QUE TIENEN EL DON DE OFRENDAR:
1-Comparten con otros sin esperar algo en retorno.
2-No buscan su propio beneficio.
3-Encuentran alegría y la satisfacción al dar.
4-No anuncian sus ofrendas. No son tacaños.
VEAMOS SI TIENES EL DON DE OFRENDAR
Instrucciones: Contesta las preguntas siguientes usando: 1 = Si nunca lo haces, 2 = Si lo haces a veces, 3 = Si siempre lo haces.
1-Cuándo hay una necesidad en la iglesia quiero contribuir. ____
2-Busco oportunidades para contribuir. ____
3-Gozo dar con frecuencia. ____
4-Sacrifico tener algunas cosas para poder dar a otros.____
5-Comparto mis bienes con los pobres. ____
Total: Ahora, suma tus respuestas. Escala: 10-15 puntos significan que probablemente tienes el don de ofrendar. 6-9 puntos significan que quizás tengas el don de ofrendar. Mucha oración y ayuno. Menos de 5 puntos significa que tienes un don diferente al de ofrendar. ¡Si verdaderamente tienes el don de ofrendar, úsalo para la gloria de Dios!
EL DON DE ADMINISTRACIÓN (GOBIERNO, DIRIGENTE)
Tenemos, pues, diferentes dones, según la gracia que nos es dada, el que tiene el don de profecía, úselo conforme a la medida de la fe; el de servicio, en servir; el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con generosidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría" (Romanos 12:6-7).
COMENTARIO: En cada generación, la iglesia necesita hombres espirituales que pueden dirigir los varios ministerios de la iglesia. Para tener éxito, la iglesia necesita hombres que puede supervisar el trabajo de la iglesia con diligencia.
EJEMPLOS BIBLICOS DE LOS QUE TIENEN EL DON DE ADMINISTRACIÓN
1-El anciano que gobierna bien (1 Timoteo 5:17).
2-El hermano a cargo del proyecto para recoger dinero (2 Corintios 8:21).
PASAJES IMPORTANTES QUE HABLAN SOBRE ESTE DON
1-“...apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto...” El Supervisar no significa que estas haciendo el trabajo, sino que tomas parte en la organización para hacer un trabajo efectivo (1 Pedro 5:2).
2-"...procurando hacer las cosas honradamente, no sólo delante del Señor sino también delante de los hombres.” Se prueba como capaz y fiel delante de Dios y los hombres. Se gana el respeto y la confianza de las personas (2 Corintios 8:21).
3-Balance y temperamento son necesarios para ser diligente (1 Timoteo 1:18; 3:1-13; Eclesiastés 7:16-18).
LOS QUE TIENEN EL DON DE ADMINISTRAR:
1-Organizan bien los diferentes ministerios de la iglesia. Dirigen con diligencia.
2-Tienen la habilidad de organizar y promover campañas, dirigiéndolas hasta su fin sin problemas.
3-Son fieles y dignos de confianza.
4-Entienden la importancia del liderato efectivo.
5-Delegan las responsabilidades y entrenan a otros lideres.
VEAMOS SI TIENES EL DON DE ADMINISTRACIÓN
Instrucciones: Contesta las preguntas siguientes usando: 1 = Si nunca lo haces, 2 = Si lo haces a veces, 3 = Si siempre lo haces.
1-Me es fácil organizar proyectos.____
2-Me gozo en dirigir eventos. ____
3-Me buscan para dirigir eventos.____
4-Otros ven este don en mí. ____
5-Me buscan para dirigir porque me respetan.____
Total: Ahora, suma tus respuestas. Escala: 10-15 puntos significan que probablemente tienes el don de administrar. 6-9 puntos significan que quizás tengas el don de administrar. Menos de 5 puntos significa que tienes un don diferente al de administrar. ¡Si verdaderamente tienes el don de administrar, úsalo para la gloria de Dios!
EL DON DE MISERCORDIA (COMPASIÓN)
Tenemos, pues, diferentes dones, según la gracia que nos es dada: el que tiene el don de profecía, úselo conforme a la medida de la fe; el de servicio, en servir; el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con generosidad; el que preside, con solicitud; él que hace misericordia, con alegría (Romanos 12:6-7).
COMENTARIO: El don de compasión es tener las cualidades de ser compasivo, emotivo y el poder confortar a otros en sus tribulaciones efectivamente. El poder ver las necesidades de otros y moverte a proveerles sin interés propio con toda solicitud y alegría es un ingrediente de los que tienen este don.
EJEMPLOS BIBLICOS DE LOS QUE TIENEN EL DON DE COMPASIÓN
1-El Buen Samaritano (Lucas 10:30-37).
2-El Padre del hijo pródigo (Lucas 15:20).
3-Jesús cuando veía las multitudes (Mateo 14:13-14)
PASAJES IMPORTANTES QUE HABLAN SOBRE ESTE DON
1-"Vestios, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de bondad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia”(Colosenses 3:12).
2-La misericordia nos lleva a actuar con temperamento, no exasperando ni ignorando a los demás.
LOS QUE TIENEN EL DON DE COMPASIÓN:
1-Hacen lo que pueden para ayudar a los que sufren.
2-Comparten sus bienes con los pobres (Romanos 12:13).
3-Lloran con los que lloran (Romanos 12:15).
4-Simpatizan profundamente y confortan a los afligidos(2 Corintios 1:3-6).
VEAMOS SI TIENES EL DON DE COMPASIÓN
Instrucciones: Contesta las preguntas siguientes usando: 1 = Si nunca lo haces, 2 = Si lo haces a veces, 3 = Si siempre lo haces.
1-Cuando veo necesidad, necesito hacer algo.____
2-Me mueve la compasión cuando veo los pobres. ____
3-Me gozo en hacer algo por otros. ____
4-Soy activo en programas de benevolencia.____
5-Vienen a mí para buscar consolación. ____
Total: Ahora, suma tus respuestas. Escala: 10-15 puntos significa que probablemente tienes el don de compasión. 6-9 puntos significa que quizás tengas el don de compasión. Menos de 5 puntos significa que tienes un don diferente al de compasión. ¡Si verdaderamente tienes el don de compasión, úsalo para la gloria de Dios!
miércoles, 6 de agosto de 2014
SOY TARTAMUDO Y HE SUFRIDO MUCHO POR ELLO
Soy cristiano desde niño. Soy tartamudo y he sufrido mucho por ello. Quiero que me aconsejen sobre qué debo hacer para estar realmente agradecido de corazón con el Señor por mi problema, ya que oro al Señor agradeciéndole, pero en el fondo, en el momento del problema, yo no me acepto y lucho y sufro por no poder hablar bien. Esto me provoca más tensión y hablo peor. Creo que todo esto está fuera de mi control, pero quiero entender en todo momento que no está fuera del control del Señor ya que en los momentos en que me olvido que Dios está en control de todo, hablo peor por querer arreglar el problema por mis propios medios.
La tartamudez es uno de varios trastornos en la ejecución del lenguaje. Se caracteriza por hablar o leer con pronunciación entrecortada y repitiendo las sílabas. Las causas pueden ser de origen orgánico o psicológico.
Como sucede con cualquier otro trastorno, la persona que lo padece se convierte en un candidato ideal para ser objeto del rechazo de los que son "normales" entre comillas. Cuando esto se da, se produce un campo fértil para una sucesión interminable de variados sentimientos negativos.
Surge un sentimiento de inferioridad, auto compasión, resentimiento contra Dios, amargura contra los que no tienen el mismo trastorno, viene la soledad, la cual lleva a la depresión, al fatalismo y hasta al intento de suicidio.
Me imagino que Ud. habrá experimentado, si bien no todo esto, pero al menos algo. La ventaja que Ud. tiene, en medio de su problemática, es que Ud. conoce y ama al Señor.
Muchas personas que padecen este trastorno no tienen esto y para ellos es tremendamente difícil sobreponerse a las circunstancias. Me gustaría sugerir algunas acciones que espero le sean de ayuda.
En primer lugar, reconozca que Ud. no puede enfrentar solo esta situación. Ud. necesita de ayuda sobrenatural para enfrentar con éxito esta prueba. Eche mano de la gracia de Dios para sostenerse firme en medio de su problema. Haga suyas las promesas de la palabra de Dios.
Ponga como una ancla de su vida, por ejemplo, lo que dice Salmo 55:22 que dice: "Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará; no dejará para siempre caído al justo"
La promesa de Dios es no dejarle caído para siempre. Pero para que esta promesa sea una realidad en su vida, Ud. necesita echar, arrojar, poner sobre Jehová esa pesada carga por su trastorno en la ejecución del lenguaje. Dígale a Dios en oración: Señor: Yo no puedo llevar esta carga. Es demasiado grande para mí. Tú me lo has dado y quiero devolvértela a ti para que tú la lleves por mí.
El Señor no va a rechazar este pedido suyo sino que tomará su carga para que Ud. se sienta libre de ella y pueda vivir la vida abundante que Dios quiere darnos a los que le amamos.
En segundo lugar, le recomiendo que persevere en oración pidiendo a Dios que le cure de ese trastorno en el habla. Yo sé que Ud. ha orado ya por esto, pero hasta ahora el Señor no ha respondido a su oración afirmativamente. No se desanime por ello. Persista en su oración. Dios tiene todo el poder para sanarle de su problema.
Yo conozco de primera mano el caso de un niño que durante toda su niñez y pubertad padeció de tartamudez. Sin que él lo sepa yo clamaba al Señor por la sanidad de ese niño. No es que yo tenga el don de sanidad o algo por el estilo, pero Dios oyó mi oración y contestó mi oración. Cuando ese niño entró a su juventud, Dios le curó de ese trastorno del lenguaje y ahora es un siervo de Dios que predica la palabra de Dios sin ningún obstáculo en el habla. Dios es poderoso. Persevere en la oración.
Lo que pasa es que a lo mejor todavía no es el tiempo de Dios para sanarle, porque él quiere enseñarle algo durante este tiempo. O a lo mejor Dios quiere mantenerle así hasta la muerte. Si este es el caso, Dios sabe por qué, aunque Ud. y yo no lo entendamos. Dios puede mirar más allá de lo que nuestros ojos ven y por eso muchas veces Dios hace cosas que nos parecen absurdas y dolorosas, pero que a la larga, Dios sabe por qué las hace. Confíe en el plan soberano de Dios. Dios jamás se equivoca.
Note lo que dice la Biblia en Romanos 8:28 "Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados."
Para Ud. debe ser muy difícil hallar razones para padecer ese trastorno del habla. No es que Dios le está castigando o que Dios no puede sanarle, etc. Simplemente es algo que Dios así lo quiere para un buen fin, aunque sea difícil y doloroso para Ud. No pregunte a Dios ¿porqué? Sino ¿para qué? Dios viene ya con la respuesta a esta pregunta. Dios dice: Para cumplir con mi plan soberano, el cual es bueno.
En tercer lugar y bajo la estrecha dirección del Señor, busque ayuda profesional para ese trastorno del lenguaje. Puede ser que la causa sea orgánica y a lo mejor con ayuda médica se pueda resolver el problema. No deseche la ayuda de los médicos. Recuerde que Dios puede curar sin los médicos, por medio de los médicos o a pesar de los médicos.
En cuarto lugar y hasta que el Señor no arregle su trastorno en el lenguaje, aprenda a vivir con eso. Ud. debe reconocer que por ahora, a lo mejor está fuera de su capacidad el predicar desde el púlpito en el templo o el dar una clase de escuela dominical a niños, jóvenes o adultos, o pararse en el tren o en un autobús para predicar el evangelio. Pero recuerde que no solo los que hablan en público sirven al Señor. Ud. puede perfectamente servir al Señor siendo un buen padre, un buen esposo, un buen empleado, un buen hermano en la fe. Ud. puede compartir con otros el mensaje del evangelio entregando folletos evangelísticos, etc. Es decir, que porque no puede hablar bien, no piense que está anulado para servir al Señor. No ceda a la tentación de armarse de fuerza de voluntad y decir: Muy bien, ahora van a ver como puedo hablar sin tartamudear. El resultado será fatal. Es mejor por ahora decir al Señor: Dios, tú me has dado este problema en el habla. Lo acepto. Y mientras tú no me lo quites, voy a servirte de una manera que se ajuste al problema que tengo. Dios lo entenderá. Dios jamás nos pide hacer algo para lo cual él no nos ha capacitado previamente. Dios quiere que seamos fieles en lo que podemos hacer y que dejemos en sus manos lo que no podemos hacer.
Finalmente, es inevitable el rechazo que Ud. experimentará a causa de su problema. El ser humano es cruel en este sentido, pero contra eso no podemos hacer mucho aparte de refugiarnos en la mano del Señor.
Quisiera que leamos Isaías 53:3 "Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos."
Bueno, este texto no está hablando de un tartamudo o de un ciego, o de un mudo o de un cojo, etc. Está hablando de Jesucristo, el santo, puro y perfecto Hijo de Dios. Pero a pesar de eso. Él fue despreciado. Él fue desechado entre los hombres. Los hombres lo consideraron como una basura. Él fue un varón caracterizado por el dolor, un hombre experimentado en quebrantos. La gente se avergonzó de él. Escondió el rostro de él como si fuera un leproso. Fue menospreciado por todos y nadie estuvo dispuesto a estimarle.
De esto aprendemos que el rechazo y el desprecio de la gente no tiene nada que ver con el valor intrínseco que tiene Ud. como individuo. A los ojos de Dios, y en términos de su valía como persona, Ud. es tan importante como cualquier otro. El sacrificio de Cristo nos asegura que somos aceptos por él.
En último término lo que cuenta es que él nos acepte. No importa que la gente nos desprecie. Por este motivo empiece a practicar la adoración al Señor, hasta que se haga un hábito en su vida. Hágalo consistentemente, sabiendo que ha sido aceptado y redimido por él. Lea uno o dos salmos todos los días. Dele gracias a Dios porque su amor es firme, seguro, e inmutable y porque no depende de lo que Ud. haga para merecerlo.
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