Mostrando las entradas con la etiqueta Reflexiones. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Reflexiones. Mostrar todas las entradas

jueves, 30 de abril de 2015

ESTUDIO SOBRE EL SALMO 13

Tratándose de impaciencia, ocurre lo mismo que en la casa del jabonero. El que no se cae se resbala. Todos padecemos de este mal en mayor o en menor grado. Considere mi caso a manera de ejemplo. Cuando voy a un banco a hacer una gestión personal, antes de ubicarme en alguna fila, primero hago un análisis de las filas para ver cuál fila se mueve más ágilmente, cuando elijo una y me pongo en la columna, sucede que la fila de al lado se mueve a toda velocidad, mientras la mía se detiene y eso me introduce en una angustiosa espera. Cansado de esperar, me cambio a la fila que se mueve ágilmente, pero ¡qué fastidio! ahora esta fila es la lenta y la fila donde estaba anteriormente se mueve rápido. No hay lugar a duda, soy impaciente. Es una área de mi vida donde todavía hay mucho por hacer. Quizá Ud. también es como yo o peor que yo o va camino a eso. Si es así, nos viene muy bien estudiar el salmo 13.

Encontramos una sobre escritura en la cual leemos: Al músico principal. Salmo de David. El músico que dirigía el coro de alabanza, debía tomar en cuenta que este salmo había sido escrito por David. ¿Qué implicaciones tenía esto? No lo podemos saber a ciencia cierta. En todo caso, lo que sí podemos saber es que David también cojeaba del mismo pié que cojeamos algunos de nosotros, porque David también se muestra impaciente en este salmo. Después de todo, David también era un ser humano y parece que la impaciencia está muy ligada a todo ser humano.

Consideremos en primer lugar la impaciencia desplegada. La encontramos en los primeros dos versículos donde dice: "¿Hasta cuándo, Jehová? ¿Me olvidarás para siempre? ¿Hasta cuando esconderás tu rostro de mí? ¿Hasta cuándo pondré consejos en mi alma, con tristezas en mi corazón cada día? ¿Hasta cuándo será enaltecido mi enemigo sobre mí?" David estaba bajo la opresión del enemigo. David había entrado al horno de fuego ardiente y estaba sintiendo un calor agobiante. En esas circunstancias aflora la impaciencia de su corazón. Con cuatro ¿hasta cuándo? muestra que estaba desesperado por salir del horno de fuego ardiente. David se sentía como si Dios se hubiera olvidado de él y dice:

¿Hasta cuándo, Jehová? ¿Me olvidarás para siempre? David se sentía también como si Dios se hubiera escondido de él.

¿Hasta cuándo esconderás tu rostro de mí? David pensaba en que le podía pasar lo peor.

¿Hasta cuándo pondré consejos en mi alma, con tristezas en mi corazón cada día? David se sentía totalmente a merced del enemigo.

¿Hasta cuándo será enaltecido mi enemigo sobre mí? ¡Increíble! ¿No le parece? Una cosa es tornarse impaciente con personas o situaciones, como en mi caso, sin que eso signifique justificar la impaciencia, pero otra muy diferente es tornarse impaciente con Dios, y eso es justamente lo que David está haciendo.

Pero no nos apresuremos amigo oyente a apuntar a David con el dedo índice, porque cada vez que apuntamos a alguien con el dedo índice, tenemos tres dedos que apuntan hacia nosotros.

Nosotros al igual que David, también nos impacientamos con Dios de vez en cuando. Una persona enferma puede decir a Dios ¿Hasta cuándo me vas a tener postrado en el lecho del dolor? Una persona sin trabajo puede decir a Dios ¿Hasta cuándo me vas a tener sin trabajo? Una esposa maltratada por su esposo puede decir a Dios: ¿Hasta cuándo vas a permitir que mi marido me trate tan mal? Quizá Ud. se identifique con algunos de estos reclamos a Dios. Todos somos culpables de ser impacientes con Dios. La impaciencia está ligada a nuestra naturaleza pecaminosa.

Después de haber considerado la impaciencia desplegada, consideremos la impaciencia desarmada. David estuvo impaciente, es la realidad. Pero David no vivió constantemente impaciente. David encontró la forma de desarmar la impaciencia. ¿Sabe cómo lo hizo? Leamos Salmo 13: 3 y 4 donde dice: "Mira, respóndeme, oh Jehová Dios mío; alumbra mis ojos para que no duerma de muerte; para que no diga mi enemigo: Lo vencí. Mis enemigos se alegrarían, si yo resbalara." Bueno, aquí tenemos a David en un plano muy diferente. Ya no se muestra impaciente con Dios. Ahora se lo mira como un hombre que sabe que Dios está en control de todo lo que pasa en el mundo con cada ser humano sobre la faz de la tierra. Esto fue lo que desarmó su impaciencia. David se presenta como dialogando con Dios. Mira, le dice. Es como cuando una persona habla directamente al corazón de su amigo. David está razonando con Dios. Pide que Jehová escuche su clamor. Ruega a Jehová que responda a su pedido. Dice a Dios que no sería bueno que muera en manos de sus enemigos porque eso sería motivo de alegría para ellos y ciertamente el nombre de Dios sería despreciado. Esto, amigo oyente, es el mejor antídoto para la impaciencia. Los que somos impacientes tenemos la tendencia a mirar solamente el problema, la dificultad, el obstáculo, pero no vemos que existe un motivo para cada problema, una razón para cada dificultad un propósito para cada obstáculo y que Dios nos ha metido en esas situaciones porque él sabe que eso el lo mejor para nosotros para probar nuestra fe y moldear nuestro carácter.

Se cuenta que una pequeña planta vivía por años a la sombra de un fornido roble. La planta se acostumbró a la comodidad de pasar todo el tiempo al cuidado de esa sombra protectora. Un día vino un leñador y comenzó a derribar el roble. La pequeña planta se alarmó tanto. Qué será de mi, pensó. Hasta aquí llegó mi existencia porque ya no tendré más esa sombra que me proteja. El roble cayó al suelo y la planta esperó lo peor. Sobre la planta vino el sol, la lluvia y la nieve, pero oh sorpresa, en cuestión de meses, en lugar de morir, la planta estaba más lozana. Sus hojas estaban más verdes y pronto brotó de ella un hermosa flor. Ah, dijo la planta, ahora sé para qué fue cortado el roble protector que me protegía con su sombra, fue para que yo crezca y desarrolle y arroje flores que perfumen el bosque. Igual es con Ud. amigo oyente. Esas circunstancias difíciles no suceden al azar. No son lo que la gente sin conocimiento llama mala suerte. Tampoco son el castigo de Dios. Son cosas que Dios hace para que Ud. se fortalezca y crezca en fe, para que su vida también arroje hermosas flores para adornar este mundo sumido en la impiedad. No hay motivo para ser impaciente ni por las cosas que no salen como pensamos peor contra Dios quien hace que las cosas sucedan. No hay razón para reclamar a Dios. Él sabe lo que está haciendo y algún día veremos que su propósito fue siempre bueno.

Muy bien, después de haber considerado la impaciencia desplegada y la impaciencia desarmada, por último consideremos la impaciencia desechada. Salmo 13:5-6 dice: "Mas yo en tu misericordia he confiado; mi corazón se alegrará en tu salvación. Cantaré a Jehová porque me ha hecho bien" Qué hermosas palabra amigo oyente. Ahora David está rebosando de alegría. Todavía no había escapado de los problemas, todavía se encontraba dentro del horno de fuego, pero solo era cuestión de tiempo para que vea su liberación. La liberación está garantizada por la persona de Jehová, quien por su misericordia está listo a responder al pedido de David. Aquí tenemos a David saboreando la liberación que estaba próxima. Por eso dice: Mi corazón se alegrará en tu salvación. Esto es gozo en medio de los problemas, amigo oyente. Esto es lo que Dios promete a los que le somos fieles. Es fácil tener gozo cuando todas las cosas están bien, pero cuando todo sale mal, es probable que el gozo desaparezca, pero no tiene por qué ser así, puesto que Dios es capaz de hacernos experimentar gozo en medio de los problemas. Lo hizo con David y lo puede hacerlo también con nosotros. Todo es cuestión de que confiemos nuestros problemas al Señor. Feliz de la vida, David dice: Cantaré a Jehová porque me ha hecho bien. Yo me imagino a David, tomando su arpa, buscando un lugar tranquilo y cantando a Jehová. El tema de su canción era: Jehová me ha hecho bien. ¿Cómo es esto? David estaba siendo perseguido por sus enemigos. Estaba desesperado, se puso impaciente contra Dios, todavía estaba en problemas, pero está cantando con gozo en su corazón que Jehová le ha hecho bien. ¿Sabe por qué? Porque David reconoció que sus problemas eran como los peldaños de una escalera que le conducían hacia la gloria. Eso era motivo más que suficiente para no impacientarse y para estar delirando de felicidad.

Ud. también amigo oyente, que está plagado de problemas, de dificultades, de sinsabores, no se desespere, no se impaciente. Reconozca que Dios está en control de todo lo que está pasando con Ud. y que esos problemas serán justamente lo que le conduzcan a la cúspide de una relación hermosa con Dios. Yo me he propuesto luchar así contra la impaciencia, y le garantizo que da resultado.

lunes, 27 de abril de 2015

ESTUDIO SOBRE EL SALMO 7 1ra parte

Los problemas son tan grandes como uno quiera verlos. ¿Conoce a personas que hacen una tormenta en un vaso de agua? Este tipo de personas ven a las pequeñas dificultades como si fueran enormes obstáculos. Tienen una perspectiva distorsionada de los problemas. Una persona que es un ejemplo en cuanto a esto de mirar a los problemas en su verdadera dimensión fue David. En el Salmo 7 en su primera parte, nos va a mostrar como podemos aprender a ubicar a los problemas en su verdadera dimensión para no mirarlos más grandes de lo que son ni tampoco más pequeños de lo que son.

Abramos pues nuestras Biblias en el Salmo 7. En esta ocasión nos limitaremos a los primeros 9 versículos. Antes de examinar el contenido de este pasaje bíblico, echemos un vistazo a la sobre escritura de este salmo. Dice así: Sigaión de David, que cantó a Jehová acerca de las palabras de Cus hijo de Benjamín. La palabra Sigaión no tiene un significado muy claro. Parece que es una alusión a un canto místico. Este canto fue entonado por David y el tema central gira alrededor de las acusaciones infundadas proferidas contra él por un hombre que se llamaba Cus de la tribu de Benjamín. Se asume, hasta cierto punto gratuitamente, que este tal Cus era un alto funcionario de Saúl y que desempeñó un papel importante en la persecución a David. Muy bien, dicho esto vayamos a examinar el contenido de esta parte del salmo 7. Lo que encontramos es que a raíz del problema causado por Cus, acusando a David infundadamente, David da tres miradas, cuyo orden es vital que lo consideremos con detenimiento.

Primero una mirada hacia Dios, segundo una mirada hacia sí mismo y tercero una mirada hacia sus enemigos. Ponga atención al orden porque es importante. Al verse en medio de la dificultad, en medio del fuego de la prueba, en medio del gran problema, David no puso su mirada en los problemas sino en Dios quien tiene control de los problemas. Igual debemos hacer Ud. y yo. Para no permitir que los problemas aparezcan más grandes de lo que son, o más pequeños de lo que son, es necesario quitar la mirada de los problemas y poner la mirada en Dios. Observemos entonces como David puso su mirada en Dios al verse en problemas. Salmo 7: 1-2 dice: "Jehová Dios mío, en ti he confiado; sálvame de todos los que me persiguen, y líbrame, no sea que desgarren mi alma cual león, y me destrocen sin que haya quien me libre." David sabe que está en problemas, David sabe que este sujeto de nombre Cus le había acusado gravemente. Lejos de tomar la justicia en su propia mano, convocar una reunión para aclarar las cosas y publicar por toda la tierra que él era inocente de lo que le acusaban, David pone su mirada en Dios. De una forma muy tierna y personal dice a Dios: Dios mío, en ti he confiado. Yo no tengo poder para enfrentarme a mis enemigos. Yo no puedo lavar mi nombre por mi mismo. Señor pelea tú por mi. Sálvame de todos los que me persiguen, de todos los que buscan mi vida para matarme. Líbrame de ellos, porque si no lo haces, ellos me alcanzarán como león a la presa y me destrozarán sin misericordia. David está aprovechando del poder de Dios para ser librado. David está poniendo en Dios su mirada. Hace algunos años atrás, yo fui objeto de las acusaciones infundadas de personas anónimas. Mi primera reacción fue investigar de quien partieron esas acusaciones para darles su merecido. Después pensé en cómo defenderme para que mi nombre no siga siendo pisoteado. En algún momento pensé publicar un comunicado de prensa en los periódicos para explicar que todas las acusaciones en mi contra eran falsas. Oh cuanto daño pueden causar las acusaciones falsas. Pero gracias a Dios que lo medité y como David llevé mi causa al trono de la gracia. Dije a Dios: Señor tú sabes que todo esto es pura falsedad. Señor tú sabes quien ha iniciado todo esto y con qué propósito. Señor, pelea tú por mí. Señor te encargo mi defensa. Yo no puedo hacer ninguna otra cosa sino quedarme quieto y esperar en ti. Esto fue el inicio de la solución al problema. Dios se encargó de parar los rumores falsos y restaurar mi honor. Me imagino que Dios habrá retribuido con creces a los que me atacaron. Gracias a Dios que nunca llegué a saber a ciencia cierta quienes eran. Algo parecido es lo que David está haciendo al poner su mirada en Dios. David quiere que Dios se encargue de su situación. David está confiando en Dios para la solución de su problema.

Pero David no solamente puso su mirada en Dios sino que también puso su mirada en sí mismo. Salmo 7: 3-5 dice: "Jehová Dios mío, si yo he hecho esto, si hay en mis manos iniquidad; si he dado mal pago al que estaba en paz conmigo (Antes he libertado al que sin causa era mi enemigo), persiga el enemigo mi alma y alcáncela; huelle en tierra mi vida, y mi honra ponga en el polvo." A veces, los problemas que vienen a nuestra vida son consecuencia directa de nuestro pecado. Por eso es recomendable que cada vez que venga una situación difícil a su vida, luego de poner la mirada en Dios Ud. ponga la mirada en Ud. mismo, en su corazón, para ver si hay algún pecado no confesado, algún pensamiento impropio, alguna actitud contraria a la palabra de Dios. Si Ud. encuentra algo de malo allí, adentro, sólo donde Ud. y Dios pueden entrar, entonces es necesario reconocerlo y confesarlo y es muy probable que el problema que tiene se solucionará. David se miró a sí mismo, y vio que todo lo que decían de él era falso. Sus manos estaban limpias de lo que le acusaban; no había indicio alguno de que él hubiera traicionado a alguien. Mas bien había hecho favores a quien no lo merecía. Quizá esto fue una alusión a la ocasión cuando perdonó la vida a Saúl. Por tanto, al mirarse a sí mismo, David no encuentra un pecado escondido. Si hubiera pecado escondido, David dice que estaría bien que el enemigo le persiga y le alcance, que lo tire al suelo y le humille y termine por poner su honra en el polvo. Esto sería el pago merecido de su maldad. Pero como David era inocente de todo lo que le acusaban, entonces no era justo ser perseguido. Por eso es que ahora David va a poner su mirada sobre sus enemigos.

Después de poner su mirada en Dios y después de poner su mirada en sí msimo, recién allí David dirige su mirada al enemigo. Ahora estaba en perfecta condición como para tratar con el enemigo. Salmo 7: 6-9 dice: "Levántate, oh Jehová, en tu ira; álzate en contra de la furia de mis angustiadores, y despierta en favor mío el juicio que mandaste. Te rodeará congregación de pueblos, y sobre ella vuélvete a sentar en alto. Jehová juzgará a los pueblos; júzgame, oh Jehová, conforme a mi justicia, y conforme a mi integridad. Fenezca ahora la maldad de los inicuos, mas establece tú al justo; porque el Dios justo prueba la mente y el corazón." David ve a sus enemigos como perros salvajes que le acosan. Habla de la furia de sus angustiadores. Pero no hay razón para tener miedo, porque allí está Jehová su Dios, quien se levantará en su ira. Jehová está presto a derramar su juicio sobre los enemigos de David. Después David recurre a Dios para que como Juez justo que es, lo declare inocente de todas las acusaciones de sus enemigos. David ve a Dios convocando a las naciones y sentándose en el lugar alto, en el trono del Juez. Desde allí, Jehová juzgará a David. El juicio será conforme a la justicia y a la integridad de David. Esto no significa que David se sentía absolutamente justo y santo y libre de todo pecado. Solamente Dios es justo, santo y libre de todo pecado. Lo que David está diciendo es que él era inocente de toda esa andanada de acusaciones falsas que había proferido contra él. Como David sabía que estaba limpio de todas las acusaciones, está seguro que el veredicto de Juez justo, Jehová, va a ser a su favor. Por eso dice: Fenezca o muera o desaparezca la maldad de los inicuos, de sus enemigos y establéceme porque soy inocente o justo en aquello que me han acusado. Dios es alguien que no sólo se guía por las acciones sino que puede discernir lo que hay en la mente y el corazón del hombre. Es decir en lo más íntimo del ser humano. Hasta aquí llegamos en el contenido de este salmo. ¿Qué hacer ante la presencia de la adversidad? Antes de mirar cuán grave o cuan severa es la adversidad, debemos mirar a Dios quien tiene el control de la adversidad, luego mirarnos a nosotros mismos para ver si la adversidad es el resultado de algún pecado que hemos cometido, recién allí debemos evaluar la adversidad para dejarla en las manos de Dios para que él se haga cargo. El ciertamente sabe como manejar la adversidad porque en definitiva, fue Él quien la diseñó y la trajo para cumplir un buen propósito en nuestras vidas. Enunciar y entender este principio es muy sencillo, pero otra cosa es ponerlo en práctica. Le desafío a que lo haga. ¡Funciona!.

domingo, 26 de abril de 2015

La Disciplina


"El que tiene en poco la disciplina, menosprecia su alma"

Proverbios 13:32

El honor, el honor es algo vital para la vida, jugar con el honor de alguien es lo mismo que tratar de dañar su reputación. ¿y como se daña la reputación de alguien?.

La Biblia dice que no debemos preocuparnos cuando hablen de nosotros con mentiras. En otras palabras, “no se preocupen cuando hablen chismes de ustedes. ¿Cuantas vidas dañadas a cusa de este mal?, virus del cual no estamos libres los creyentes, parásito que desgraciadamente ha encontrado guarida en las mentes de muchos que dicen servir al Señor.

¿Cómo erradicar este plaga? Quiero insistir en lo que hablamos antes, la reeducación de nuestras vidas y la revaloración de las cosas que hacíamos antes de ser cristianos. Dentro de ese proceso de reeducación hay un elemento clave, se llama respeto. Si, respeto hacia su prójimo, hacia su persona y sobre todo hacia un hijo del Altísimo.

Por chismes muchas buenas relaciones se han caído. Por chismes muchas altas estimas se encuentran en el suelo. ¿Cuánto daño puede hacer nuestra lengua? Puede hacer tanto daño que incluso nuestra integridad puede resultar dañada cuando hablamos sin reflexión. El chisme es tan dañino que nunca daña a una sola persona, por lo general hace mal por lo menos a tres individuos estos son: El que siembra el chisme, el segundo es quien escucha el chisme y por supuesto de quien se trata el chisme.

Algunos creen que el chisme es un secreto que cuando hablamos se queda entre quienes lo cultivan. Se equivoca quien así piensa, pues el chisme como mal, se riega como pólvora y cuando estalla, sólo se salvan quien se ha puesto el ungüento de la prudencia.

Hoy es buen día para aprender a mordernos la lengua cuando vayamos a chismear.

sábado, 11 de abril de 2015

Un Cristiano...


Te Aceptara...tal cual eres, cuando a nadie más le importes. Te Animará con Perseverancia... para que no te rindas jamás. Es Sincero hasta lo sumo, si en
eso te has fijado, Y si le necesitas a tu lado estará.

No le importa si eres rico o colmado de necesidad. Te buscará la vuelta y aceptara tu personalidad (incluso las partes inacabadas). Y si le necesitas... incondicionalmente a tu lado estará.

Si te ve agobiado por las luchas de la vida... una diferencia en tu vida, sin dudas hará. Sabe que no eres Perfecto y por eso ... tus errores Perdonará cualquiera que ellos sean.. Te ayudará si fallas en alguna empresa de la vida... Te invitara a Reintentarlo con la ayuda de Jesús.

Aunque no esté cerca de ti... Siempre se Preocupará... por tu salud, por tu vida, por cómo estarás. Te amara... por lo que eres, sin ningún tipo de interés personal.

Si te ve preocupado... Calmará tus temores con la Palabra de Dios. Será alguien en quien puedes confiar, pues por él Nunca serás juzgado... según las apariencias, más en cambio... Te ofrecerá apoyo y Te ayudará a levantar.

miércoles, 1 de abril de 2015

El ciego de nacimiento y los interrogantes de los opresores. Juan 9


Curación de un ciego de nacimiento

Vers. 1-5:
Al pasar, vio a un hombre ciego de nacimiento. Sus discípulos le preguntaron: "Maestro, ¿quién ha pecado, él o sus padres, para que haya nacido ciego?". "Ni él ni sus padres han pecado, respondió Jesús; nació así para que se manifiesten en él las obras de Dios. Debemos trabajar en las obras de aquel que me envió, mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo".

Introducción:

Vers. 1-5. El discípulo muy naturalmente pregunta por las características, origen y significado de la enfermedad que afecta joven ciego de nacimiento. La creencia popular de aquel tiempo admitía dos explicaciones para situaciones como estas: 1) Esta persona habría cometido un pecado como causa de la enfermedad, o 2) sus padres habrían pecado y el niño sufriría las consecuencias. En resumen, el discípulo estaba preguntando por aquello que había ocurrido como para llegar a esta situación de enfermedad. La relación entre enfermedad y pecado estaba muy condicionada como explicación del origen de las epidemias. La respuesta de Jesús es muy clara: “Ni él ni sus padres han pecado, nació así para que se manifiesten en él las obras de Dios”. Dicho en otras palabras, nada de lo que hubiera podido ocurrir en el pasado, relacionado con la conducta moral o ética de esta persona o de sus padres, son explicaciones válidas de una enfermedad. No existe una explicación de este tipo para la enfermedad de una persona. Es exactamente la misma argumentación del Libro de Job en el Antiguo Testamento. Allí son los amigos de Job los que a lo largo de todo el libro buscan relacionar algún error, pecado o falta conocida o desconocida, como causal de las calamidades actuales de Job. La estructura de este pensamiento vigente en aquel entonces y, aún muy vivo en el pensamiento de muchas personas religiosas en nuestro tiempo, nos conduce a una extraña teología en la cual los sanos son bendecidos por Dios y esa salud física es expresión de un correcto comportamiento ético y moral. En cambio los enfermos serían signos visibles del rechazo divino a personas moralmente incorrectas. Esta teología es, por supuesto insostenible, desde una perspectiva evangélica. Jesús no busca este tipo de explicación. El origen de las enfermedades, lo sabemos hoy, son los microbios, los gérmenes, los bacilos, las bacterias, etc.

Indudablemente Dios puede utilizar el sufrimiento vivido por una persona para manifestar su poder y desde esa perspectiva adquiere una significación que no tenía antes y que tampoco la tiene fuera de este contexto. La acción de Dios frente a los enfermos y las enfermedades es de misericordia y nunca de juicio.

Preguntas para reflexionar :

1. ¿Qué tiene en común la situación del ciego con nuestra situación en la epidemia del SIDA ?

2. Si preguntamos por las causas de la enfermedad de una persona, ¿no estaremos ya buscando enjuiciar porque presuponemos que algo malo ocurrió en el plano moral o ético?

3. ¿Podemos decir categóricamente enfermedad es sinónimo de castigo divino y que el gozar de buena salud es signo claro de aprobación de Dios?.

4. ¿Podemos decir que todos los enfermos son pecadores y los sanos son justos y salvos?
· “...el sufrimiento, cuando se sabe que uno es hijo o hija de Dios, aparece a una luz nueva. El judaísmo antiguo es, en este punto, muy cruel. Cada sufrimiento es castigo por un determinado pecado particular. Tal es la firme convicción de la época (véase Juan 9 :2). Dios velaría porque la culpa y el castigo se rijan exactamente por el principio de “medida por medida”. Cuando se encuentra a un tullido, paralítico, ciego o leproso, es obligación piadosa murmurar : “¡Alabado sea el Juez fiel !” Cuando muere un niño pequeño, tiene que haber habido determinados pecados de los padres, pecados que Dilos ha castigado. Y, así, en el sufrimiento se ve el azote de Dios. Jesús rechaza enérgicamente que se hagan tales elucubraciones....El sufrimiento es, más bien, una llamada a la conversión : una llamada dirigida a todos. Mientras que los contemporáneos pregunta : “¿Por qué envía Dios el sufrimiento?”, los discípulos de Jesús deben preguntar : “Para qué envía Dios el sufrimiento? (Joachim Jeremias : “Teología del Nuevo Testamento” Vol. I pag. 216)



Vers. 6-7:
Después que dijo esto, escupió en la tierra, hizo barro con la saliva y lo puso sobre los ojos del ciego, diciéndole: "Ve a lavarte a la piscina de Siloé", que significa "Enviado". El ciego fue, se lavó y, al regresar, ya veía.

ver. 6 a 7 : El uso de la saliva como gesto de sanidad en la realización de un milagro, en el vocabulario simbólico del evangelista, nos lleva al contexto de una nueva creación. Es un gesto de un nuevo comienzo, de nueva vida y de una segunda oportunidad. En el libro del Génesis el gesto de creación es barro y soplo mientras que en Juan es barro formado con saliva. La curación obrada por Jesús es una recreación de la dignidad de la persona en su plenitud. El envío a la piscina de Siloé también lo podríamos interpretar como un signo que nos recuerda el bautismo que nos conduce al vocabulario de morir y renacer.

Preguntas para reflexionar :

· Frente a las etiquetas impuestas por la sociedad en la que vivimos, ¿podría la comunidad cristiana ser un santuario que protege la dignidad y la identidad de toda persona ?

Vers. 8-12: Los vecinos y los que antes lo habían visto mendigar, se preguntaban: "¿No es este el que se sentaba a pedir limosna?". Unos opinaban: "Es el mismo". "No, respondían otros, es uno que se le parece". El decía: "Soy realmente yo". î Ellos le dijeron: "¿Cómo se te han abierto los ojos?". El respondió: "Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, lo puso sobre mis ojos y me dijo: 'Ve a lavarte a Siloé'. Yo fui, me lavé y vi". Ellos le preguntaron: "¿Dónde está?". El respondió: "No lo sé".

Vers. 8 a 12 : Cuando la persona ciega es restituida en su plenitud y en su dignidad, porque salud y dignidad iban juntas en el contexto de pensamiento judío de aquel tiempo, los vecinos reaccionaron extrañados y con una profunda ironía. Todo el diálogo revela esa sospecha e incredulidad. Los vecinos ponen en duda la nueva identidad de esta persona ciega, no pueden creer en la acción de Dios que devuelve al ciego a su lugar de dignidad en la sociedad y en la comunidad de fe. El núcleo de este relato está en la actitud de Jesucristo que nos enseña que el rigorismo está en contra de la voluntad de Dios.

Preguntas para reflexionar:

· Como comunidad cristiana, ¿puede nuestra presencia junto a las personas que viven con VIH-SIDA recrear la dignidad y defender el lugar que le pertenece por derecho evangélico en la comunidad humana?

Vers. 13-17:
El que había sido ciego fue llevado ante los fariseos. Era sábado cuando Jesús hizo barro y le abrió los ojos. Los fariseos, a su vez, le preguntaron cómo había llegado a ver. El les respondió: "Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo". Algunos fariseos decían: "Ese hombre no viene de Dios, porque no observa el sábado". Otros replicaban: "¿Cómo un pecador puede hacer semejantes signos?". Y se produjo una división entre ellos. Entonces dijeron nuevamente al ciego: "Y tú, ¿qué dices del que te abrió los ojos?". El hombre respondió: "Es un profeta".

Vers. 13-17: La defensa y justificación del ministerio con las personas que viven con el VIH-SIDA, actualmente no es necesaria hacerla frente los extraños a la fe cristiana sino con los miembros más cercanos de la comunidad de fe, de los amigos y de los familiares. Los más grandes cuestionamientos a esta acción de reconstrucción de lazos fraternos, de inclusividad, de anuncio de buenas nuevas se producen dentro del círculo más estrecho e íntimo de todos aquellos que se sienten llamados a esta acción pastoral.
Preguntas para reflexionar

· Debemos analizar si nuestra comunidad y nosotros mismos estamos dispuestos a desafiar el “sábado” (un erróneo uso de las Escrituras) para comprometernos en la promoción de los derechos humanos de las personas que viven con VIH-SIDA o en la construcción de una acción educativa que sea completa y científicamente fundada.

Vers. 18-23:
Sin embargo, los judíos no querían creer que ese hombre había sido ciego y que había llegado a ver, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron: "¿Es este el hijo de ustedes, el que dicen que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?". Sus padres respondieron: "Sabemos que es nuestro hijo y que nació ciego, pero cómo es que ahora ve y quién le abrió los ojos, no lo sabemos. Pregúntenle a él: tiene edad para responder por su cuenta". Sus padres dijeron esto por temor a los judíos, que ya se habían puesto de acuerdo para excluir de la sinagoga al que reconociera a Jesús como Mesías. Por esta razón dijeron: "Tiene bastante edad, pregúntenle a él".

Vers. 18-23: Muchas familias, por temor a ser aisladas y estigmatizadas ellas mismas, también abandonan a sus hijos o hijas cuando más les necesitan en medio de la epidemia de VIH-SIDA. Muchas veces los líderes religiosos sinceros, pero con una equivocada metodología bíblica, son los más duros en emitir juicios y condenas. El uso con fines discriminatorios que se quiere hacer de los resultados de los análisis de sangre que detectan la presencia del virus del VIH es francamente ilegal e inmoral. Una de las condiciones para se excluido de la sinagoga era el reconocer a Jesús como Mesías y Señor. Este era el credo de la iglesia apostólica.

Preguntas para reflexionar:

· ¿No sería suficiente para reconocer a una persona como miembro del Cuerpo de Cristo el que proclame que Jesús es Mesías y Señor?

· En este preguntar la misma persona sobre lo sucedido, no nos llevaría a pensar en la necesidad de que la comunidad cristiana se transforme en abogada de la confidencialidad del diagnóstico teniendo en cuenta las graves consecuencias que pueden aparecer en el nivel de trabajo, familia, escuela.

Vers. 24-34:
Los judíos llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron: "Glorifica a Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador". "Yo no sé si es un pecador, respondió; lo que sé es que antes yo era ciego y ahora veo". Ellos le preguntaron: "¿Qué te ha hecho? ¿Cómo te abrió los ojos?". El les respondió: "Ya se lo dije y ustedes no me han escuchado. ¿Por qué quieren oírlo de nuevo? ¿También ustedes quieren hacerse discípulos suyos?". Ellos lo injuriaron y le dijeron: "¡Tú serás discípulo de ese hombre; nosotros somos discípulos de Moisés! Sabemos que Dios habló a Moisés, pero no sabemos de donde es este". El hombre les respondió: "Esto es lo asombroso: que ustedes no sepan de dónde es, a pesar de que me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, pero sí al que lo honra y cumple su voluntad. Nunca se oyó decir que alguien haya abierto los ojos a un ciego de nacimiento. Si este hombre no viniera de Dios, no podría hacer nada". Ellos le respondieron: "Tú naciste lleno de pecado, y ¿quieres darnos lecciones?". Y lo echaron.

Vers. 24-34: Nos enfrentamos a dos posiciones encontradas: por un lado están ubicados los fariseos que con las Escrituras en las manos, han podido demostrar que Jesús quebrantó la legislación y la tradición con relación al sábado y en consecuencia es evidentemente un pecador. El “ciego” de nacimiento afirma que Jesús lo ha curado, es decir, le ha quitado estigma de su vida lo que le permite reincorporarse a la sociedad civil y religiosa. Desde esta reconstrucción de su lugar de dignidad en la comunidad confiesa que Jesús es un profeta. Esta confesión es causa de excomunión. Aquello que los padres del ciego temían confesar, el hijo tiene la valentía de hacerlo sin importarle las consecuencias. Aquellos que eran considerados sabios en esta historia, muestran que en realidad son los verdaderos ciegos de la historia. Sus equivocados conocimientos teológicos y el mal luso de las Escrituras les han impedido comprender la realidad. El ciego puede hablar y dialogar en este relato. La voz del excluido y del marginado es escuchada como metodología para construir una pastoral.

Preguntas para reflexionar:

· Cuando se desea construir una acción educativa de prevención, o una acción pastoral: ¿con quién debemos dialogar?

· Al ser expulsado el ciego de la sinagoga: ¿de qué lado se ubico Jesús?.

Vers. 35-38
Jesús se enteró de que lo habían echado y, al encontrarlo, le preguntó: "¿Crees en el Hijo del hombre?". El respondió: "¿Quién es, Señor, para que crea en él?". Jesús le dijo: "Tú lo has visto: es el que te está hablando". Entonces él exclamó: "Creo, Señor", y se postró ante él.

Vers. 35-38: Al enterarse Jesús de que el ciego al cual había curado fue expulsado de la sinagoga, se acerca y le hace una pregunta muy simple pero profunda: “Crees en el Hijo del Hombre”. Este es el único requisito de inclusión en la comunidad cristiana. Esta pregunta suena también como una cálida invitación. En el lenguaje del evangelista Juan el título “Hijo del Hombre” puede significar el modelo arquetípico al cual es llamado todo ser humano, es el proyecto del ser humano nuevo que se relaciona armónicamente con Dios, con sus semejantes y con la creación. En realidad Jesús le está preguntando si cree en ese proyecto de vida que ha venido a revelar y mostrar que es posible vivirlo ahora y aquí. El verdadero milagro no está ubicado en la curación de la vista sino en la curación de la mente y del corazón. El milagro es la confesión del ciego que hace suyo el proyecto de Dios.

Preguntas para reflexionar:

· ¿Qué pre-requisito impuso Jesús al ciego para curarlo?

· ¿Qué consecuencias prácticas tiene en la vida del ciego el desafío religioso e institucional de Jesús?

· ¿Qué significa esta acción en una tarea educativa y pastoral hoy en la iglesia?

Vers. 39-41:
Después Jesús agregó: "He venido a este mundo para un juicio: Para que vean los que no ven y queden ciegos los que ven". Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le dijeron: "¿Acaso también nosotros somos ciegos?". Jesús les respondió: "Si ustedes fueran ciegos, no tendrían pecado, pero como dicen: 'Vemos', su pecado permanece".

Vers. 39-41: Jesús vino al mundo para revelar la voluntad de Dios. El ver del mundo es diferente del ver de Cristo. La mirada de Dios no es exactamente igual a la mirada de los seres humanos. Los que ven según las reglas del mundo son muchas veces ciegos desde la perspectiva del Reino. La acción pastoral de Jesús pone al descubierto esta situación. La epidemia del VIH-SIDA esta produciendo un efecto revelador de situaciones de exclusión, de ceguera, tanto en la sociedad como en las iglesias cristianas. Muchos que se creían excluidos de la comunión que Dios está construyendo con los seres humanos en la historia, descubren que son el objeto del amor de Dios. También está poniendo bajo la luz del evangelio las actitudes de exclusión y falta de comunión de muchas personas sinceramente religiosas pero equivocadas. A la luz de esta epidemia estamos descubriendo la mezquindad de nuestro amor, lo poco inclusiva que son nuestras comunidades, lo ilusorio de nuestra comunión y los infinitos temores y prejuicios que aún debemos enfrentar.

Preguntas para reflexionar:

· ¿Podemos intentar una respuesta a la primera pregunta de los discípulos al comienzo del relato?

· ¿Podemos intentar aplicar este pasaje a la realidad revelada por la epidemia del VIH-SIDA?

martes, 31 de marzo de 2015

Quejas de Dios...


ME LLAMAS SEÑOR, Y NO ME OBEDECES,
ME LLAMAS LUZ, Y NO ME VES,
ME LLAMAS EL CAMINO, Y NO ME SIGUES,
ME LLAMAS VIDA, Y NO ME DESEAS,
ME LLAMAS SABIO, Y NO ME ESCUCHAS,
ME LLAMAS BELLO, Y NO ME AMAS,
ME LLAMAS RICO, Y NO ME PIDES NADA,
ME LLAMAS ETERNO, Y NO ME BUSCAS,
ME LLAMAS BONDADOSO, Y NO ME CONFIAS,
ME LLAMAS NOBLE, Y NO ME SIRVES,
ME LLAMAS DIOS, Y NO ME TEMES,
SI TE CONDENAS NO ME CULPAS.

"JESÚS DIJO: SI ME AMAIS GUARDAD MIS MANDAMIENTOS"
(JUAN 14:15)

jueves, 19 de marzo de 2015

El Amor De Dios, Durara Para Siempre


Cuando comprendemos que Dios es eterno, podemos tener la quieta seguridad de que Su amor por nosotros también es eterno.
El salmista dice: "Señor, tú nos has sido refugio de generación en generación... Desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios" (Salmo 90: 1,2).

El Dios que vive para siempre, amará para siempre. Su amor nunca se desvanecerá o disminuirá. Nunca terminará. Dios dice: "Con amor eterno te he amado" (Jeremías 31:3)
Su esposa o su esposo, a pesar de lo años de casados podría aparecer un fatídico día con la idea de: "Ya no te amo." A lo mejor Ud. Ya ha oído esas fatales palabras.
Si es así, recuerde, aun cuando todos los otros amores fallen, el amor de Dios nunca falla. Nunca cambiará. Dios lo dijo, "Con amor eterno te he amado."

EL AMOR DE DIOS, ES UNIVERSAL

El humorista norteamericano Will Rogers solía decir, "Nunca he encontrado a un hombre que no me haya gustado." Pero la Biblia dice que Dios nunca ha creado a un hombre que no le haya amado.
El amor de Dios abarca a todo ser humano. Es universal. Juan 3:16 nos habla de ello: "Porque de tal manera amó Dios al mundo."
Ser amado por Dios es algo muy importante. Algunos padres no aman a los blancos o a los negros o a los Judíos o a los Chinos. Pero Dios creó el mundo y Ud. Es parte del mundo. Y Dios dice que El ama- sin importar su nacionalidad, su trasfondo étnico o sus debilidades. El amor de Dios es universal.

lunes, 16 de marzo de 2015

Dios Nos Provee De Un Salvador


Nuestro santo Dios, no puede cambiar Sus demandas sobre los pecadores, pero Él mismo puede satisfacer esas demandas. Él castigo por el pecado tiene que ser pagado, así que, Él mismo ha procedido a efectuar el pago por amor. Motivado por su gran misericordia y gracia, Dios el Padre dio a su Hijo para que muera por nosotros, pagando así el castigo por el pecado.

Tome cuidadosa nota del mensaje en los siguientes versículos:
Juan 3:16 "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna."
2 Corintios 5:21. "Al que no conoció pecado (Jesús) por nosotros lo hizo pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él"
1 Juan 4:9: "En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él."
Como verá, Dios siempre ha demandado un sacrificio sangriento como paga por el pecado. "Porque la vida de la carne en la sangre está... y la misma sangre hará expiación de la persona." (Levítico 17:11). Él demanda este tipo de sacrificio por Ud. y por mí. Sin eso, no podemos ir al cielo cuando muramos.
En el Antiguo Testamento el sumo sacerdote entraba una vez al templo, al lugar santísimo, para hacer expiación por los pecados del pueblo Judío. Pero el Nuevo Testamento nos dice que los sacrificios de estos sumo sacerdotes "nunca pueden quitar los pecados" (Hebreos 10:11). "Porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no pueden quitar los pecados" (Hebreos 10:4).

Él sacrificó a su propio hijo para pagar nuestra deuda por el pecado.

Pero lo que la sangre de los toros y de los machos cabríos no pudo lograr, lo logró la sangre de Jesús. Hebreos 10:10 nos asegura que somos santificados "mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre." Pablo dice de Jesús, "en quien tenemos redención por su sangre, el, perdón de pecados" (Efesios 1:7). 1 Pedro 3:18 lo dice claro. "Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios."
El dilema se ha resuelto. Dios ha hecho expiación por nuestros pecados. Él mismo pagó por ellos, mediante el sacrificio de Su hijo en la cruz del Calvario. Él sacrificó a Su propio Hijo para pagar nuestra deuda por el pecado. Él hizo posible que vayamos al cielo cuando muramos. "Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros" (Romanos 5:8). Amor es la respuesta de Dios al pecado del hombre.
¡Asombroso amor! ¿Cómo puede ser, que Tú, mi Dios murieras por mí? Charles Wesley

jueves, 5 de marzo de 2015

ESTUDIO SOBRE EL SALMO 9 1ra parte

Alabanza y adoración parece ser el máximo elixir de la vida en muchas reuniones cristianas. De hecho, mucha gente piensa seriamente en cambiarse de iglesia local porque supuestamente en su iglesia local no se da la debida importancia a la alabanza y adoración. Pero cuando uno echa un vistazo a lo que llaman alabanza y adoración, lo único que encuentra es un atractivo espectáculo que captura la atención del oyente por el ritmo de la música o por la gesticulación de los cantantes o por los arreglos del escenario. Todo, menos la persona de Dios o de su amado Hijo el Señor Jesucristo. Si Ud. quiere saber como es la genuina alabanza y adoración, estudie el libro de Salmos y estoy seguro que allí verá algo completamente diferente. Lo que sobresale es que la alabanza y adoración no consiste en el estilo de música o en el talento de los músicos. La música con la que se cantaban los salmos no ha sido conservada, porque no era importante. Lo importante era la letra de los himnos, el contenido de las canciones. Hoy en día acontece lo opuesto. Lo importante es la música y el talento de los músicos y la letra de los cánticos es algo secundario. Tan secundario que la letra de muchos himnos contemporáneos de alabanza y adoración no son sino una cansina repetición de frases muchas veces sin sentido.

Uno de los salmos donde se puede apreciar de una manera muy clara lo que estamos diciendo es en los primeros doce versículos del Salmo 9. Este pasaje bíblico, que será analizado el día de hoy, destila alabanza y adoración genuina a Dios, no a la música ni a los cantantes. Abramos pues nuestras Biblias en el Salmo 9, versículos 1 a 12. Lo primero que encontramos es una sobre escritura con instrucciones para el músico principal. Dice así: Al músico principal; sobre Mut-labén. Salmo de David. La palabra Mut-labén significa muerte de el hijo, parecería ser la referencia a algún tipo especial de melodía. El salmo se cantaba al ritmo de aquella melodía. Podemos ver también que el autor de este salmo es David. En cuanto al contenido del Salmo, básicamente encontramos dos secciones. La una podría llamarse la alabanza expresada y la otra podría llamarse la alabanza explicada.

Consideremos la primera sección. La alabanza expresada. Salmo 9:1-2 dice: "Te alabaré, oh Jehová, con todo mi corazón; contaré todas tus maravillas. Me alegraré y me regocijaré en ti; cantaré a tu nombre, oh Altísimo" Con cuatro acciones, David expresa su alabanza a Jehová.

Primero, te alabaré, oh Jehová, con todo mi corazón. Para el judío, hablar de corazón era como estar hablando de su intelecto, de su facultad de razonar, de su habilidad de pensar. Cuando David dice que alaba a Jehová con todo su corazón está diciendo que todo su intelecto, todo su pensamiento, todo su razonamiento está entregado a alabar a Jehová. ¿No le parece fantástico? Yo debo admitir que muchas veces, estoy cantando al Señor con el himnario en mis manos y mis ojos en la letra del himno, pero mi mente, mi razonamiento, mi pensamiento está quien sabe donde. Esto no es de ninguna manera alabar al Señor con todo mi corazón.

Segundo, contaré todas tus maravillas. En su alabanza, David acostumbraba citar verbalmente o decir, los hechos maravillosos de Dios. A esto se refiere cuando dice: Contaré todas tus maravillas. ¿Acostumbra Ud. decir las maravillas de Dios en su alabanza a Dios?.

Tercero: Me alegraré y me regocijaré en ti. David alababa con una sonrisa a flor de labios. Estaba realmente alegre. Yo no sé si Ud. habrá tenido la experiencia de dirigir la alabanza en una reunión de una iglesia local. Si lo ha tenido, Ud. estará de acuerdo conmigo en que desde adelante uno puede apreciar con bastante exactitud el estado de ánimo de las personas que alaban al Señor. Son realmente pocos los que como David se alegran y se regocijan en Dios a quien están alabando. La gran mayoría cantan como autómatas, o peor aún, como si estuvieran autotorturándose cuando cantan al Señor. Sus rostros reflejan tal amargura, tal mala gana, que parecen un limón exprimido. David era lo opuesto, se sentía alegre alabando al Señor y se le notaba en su rostros. Estaba regocijándose.

Cuarto: Cantaré a tu nombre, oh Altísimo. La alabanza de David era con cánticos dirigidos al nombre de Dios Altísimo. David no quería atraer la atención de la gente hacia si mismo o hacia su música. David se esforzaba por llevar la atención de todo el mundo a la persona de Dios. Él es el único digno de ser alabado. ¿Cómo es su alabanza a la luz de lo que hemos visto? Yo le confieso que a mí me falta bastante para ser un verdadero adorador. Pero no me desanimo. Quiero esforzarme para ser mejor cada día.

Una vez que hemos considerado la alabanza expresada, consideremos la alabanza explicada. ¿Por qué estaba David tan dispuesto a alabar al Señor? Permítame sugerir dos razones importantes.

Número uno, porque los enemigos perecieron. Salmo 9: 3-6 dice: "Mis enemigos volvieron atrás; cayeron y perecieron delante de ti. Porque has mantenido mi derecho y mi causa; te has sentado en el trono juzgando con justicia. Reprendiste a las naciones, destruiste al malo, borraste el nombre de ellos eternamente y para siempre; y las ciudades que derribaste, su memoria pereció con ellas" Por ser rey, David tenía muchos amigos y no pocos enemigos. Siempre será así para las personas en puestos de autoridad. A veces parecía que los enemigos prevalecían, pero David clamaba a Dios y Dios respondía su oración otorgando victoria sobre los enemigos. En su justicia, Dios literalmente borró del mapa a los enemigos de David. Este hecho es lo que motivó a David a alabar a Dios grandemente. Quizá Ud. no tendrá enemigos que quieran matarlo, pero estoy seguro que tendrá otros enemigos entre comillas. Pienso por ejemplo en cosas como orgullo, envidia, malos pensamientos, celos, iras, complejo de inferioridad, temor, duda, etc. A veces estos enemigos se muestran amenazantes y poderosos. Recuerde que Dios está listo para librarle de cualquiera de estos enemigos y cuando lo haga, no olvide alabar a Dios con todo su corazón.

Número dos, porque Jehová permanece para siempre. Salmo 9: 7-12 dice: "Pero Jehová permanecerá para siempre; ha dispuesto su trono para juicio. El juzgará al mundo con justicia, y a los pueblos con rectitud. Jehová será refugio del pobre, refugio para el tiempo de angustia. En ti confiarán los que conocen tu nombre, por cuanto tú, oh Jehová, no desamparaste a los que te buscaron. Cantad a Jehová que habita en Sión; publicad entre los pueblos sus obras. Porque el que demanda la sangre se acordó de ellos; No se olvidó del clamor de los afligidos" El enemigo por más fuerte que sea es pasajero, pero Jehová permanece para siempre. Esto es un gran motivo para alabar al Señor con todo el corazón. Como Dios eterno, Jehová está listo para juzgar al mundo con justicia y a los pueblos con rectitud. Al ver la maldad de este mundo, muchas veces nos preguntamos si habrá alguien que alguna vez juzgue a los malvados. El Dios eterno los juzgará y los malvados recibirán su condena conforme a sus malas obras. Como Dios eterno, Jehová también será refugio al pobre. Esto es maravilloso. El pobre es normalmente despreciado, humillado y abusado por los poderosos de este mundo, pero con Dios las cosas son diferentes. La Biblia dice que Dios es refugio al pobre, refugio para el tiempo de angustia. La seguridad de un refugio depende de la calidad de ese refugio. ¿Puede haber alguien de mejor calidad de Dios? Consecuentemente no hay refugio más seguro que Dios. No hay razón alguna para tener temor sabiendo que Dios es nuestro refugio.

Luego, el salmista dice que los que conocen el nombre de Dios o los que saben a ciencia cierta lo poderoso que es Dios, pueden confiar plenamente en él. Y acto seguido presenta una promesa para todos los que confiamos en Dios. Dice: Tú oh Jehová no desamparaste a los que te buscaron. Nadie que confíe en el nombre de Jehová llegará a estar desamparado o desprotegido. Esto es el tema de la canción de David. Cantad a Jehová, dice, publicad entre los pueblos sus obras. Jehová es el vengador de los afligidos. Jehová no se olvidó del clamor de los afligidos. ¿Está Ud. en aflicción este momento? No pierda la esperanza amigo oyente. Conozca a Jehová personalmente por medio de Jesucristo su Hijo. Jehová será entonces su refugio. Clame a Jehová con todo su corazón y Jehová responderá a su clamor y dará el pago justo a los que le han traído aflicción.

Así termina esta porción del Salmo 9. Sí, es un cántico, es alabanza y adoración. Su contenido es rico en exaltar a Dios por lo que el es y lo que él hace. No es vana repetición de frases que riman muy bien pero no comunican nada, como es mucha de la alabanza y adoración de hoy en día.

martes, 3 de marzo de 2015

CAPÍTULO III "He Ahí tu Hijo ...He Ahí tu Madre"

"Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos" (Jn. 15:13). Nuestro Señor Jesús dijo eso, y al haber estado considerando las palabras que El pronunció desde la cruz, nos hemos dado cuenta de cuan grande es Su amor. No solamente murió por Sus amigos, que también murió por Sus enemigos. "Siendo [nosotros] aún pecadores, Cristo murió por nosotros" (Ro. 5:8).

"Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y, María Magdalena. Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo. Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa" (Jn. 19:25-27).

Ese discípulo, por supuesto, era Juan. El fue quien escribió el Evangelio que leva su nombre, y dio testimonio de estas cosas.

Si usted y yo hubiéramos estado en Jerusalén aquella tarde de la pascua, cuando Jesús fue crucificado, me pregunto cuan cerca de la cruz hubiéramos estado. Una cosa es cantar: "Tenme cerca de tu cruz, Señor," y otra muy distinta estar realmente cerca de la cruz. Los cuatro soldados romanos estaban allí, pero lo estaban porque ese era su deber. Las cuatro mujeres estaban allí, junto con el apóstol Juan, pero no porque tal era su deber. Estaban allí debido a su devoción; amaban al Señor Jesús. María, Su madre, estaba allí; María Magdalena estaba allí; Salomé (la hermana de Su madre) estaba allí; María, la mujer de Cleofas, estaba allí; y Juan estaba allí.

Usamos la frase "cerca de la cruz" muy a menudo. Se ha convertido en una de las frases de cajón evangélicas. Hemos orado: "Señor, mantenme cerca de tu cruz," y hemos cantado que queremos estar cerca de la cruz. ¿Qué significa realmente estar cerca de la cruz de Cristo?

Obviamente, no estamos hablando acerca de geografía literal. La cruz ya no existe, y usted y yo no podemos ir a las afueras de la muralla de Jerusalén y ubicarnos cerca de la cruz. Estamos hablando de una posición espiritual; estamos hablando de una relación especial a Jesucristo.

Esta tercera palabra desde la cruz nos ayuda a entender lo que significa estar cerca de la cruz. Tal vez lo mejor que podemos hacer es sencillamente hablar con las personas que se encontraban allí.

Entrevistemos a María Magdalena, Salomé, las dos Marías y a Juan, y veamos lo que realmente significa estar cerca de la cruz de Cristo. ¿Qué significó la cruz para cada una de estas personas?

Un Lugar de Redención

Empecemos con María Magdalena. Es mencionada como última en la lista de Juan 19:25, pero yo quiero empezar con ella. Si usted se hubiera acercado a María Magdalena aquella tarde, y le hubiera preguntado: "María Magdalena: Tú te hallas cerca de la cruz. ¿Qué significa eso para ti?" pienso que ella le hubiera respondido: "La cruz para mi es un lugar de redención."

María Magdalena había sido libertada por el Señor Jesucristo. Es desafortunado que algunos que estudian la Biblia, y algunos predicadores también, hayan confundido a la mujer de Lucas 7 con María Magdalena. Lucas 7:36-50 registra un evento en el cual nuestro Señor estaba cenando en casa de un fariseo. Una mujer se le acercó; era una mujer de detestable reputación. Ella rindió adoración al Señor Jesús, y le ungió con un perfume muy costoso. Mucha gente ha identificado a esta mujer con María Magdalena; pero esto no es verdad. No sabemos el nombre de aquella mujer.

María Magdalena es mencionada en Lucas 8:2 como una mujer de la cual Jesús había arrojado siete demonios. Lo mismo se registra en Marcos 16:9. María Magdalena no solamente estuvo al pie de la cruz, sino que también temprano en la mañana de la resurrección fue a la tumba de Cristo. María Magdalena había estado cautiva de Satanás. Personalmente no puedo concebir lo quesería estar poseído por un demonio; mucho menos lo que es estar dominado por siete. No sabemos lo que hacían que ella hiciera; pero ella estaba en terrible y horrible esclavitud. Ahora, antes de que hagamos un juicio sobre ella, recordemos que Efesios 2:1-3 señala claramente que cada persona que no es salva camina "conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia." Las fuerzas demoníacas obran todavía en las vidas de los incrédulos hoy en día, y estas fuerzas demoníacas quisieran igualmente dominar las mentes y perturbar los corazones del pueblo de Dios. Satanás estaba obrando en la vida de María Magdalena, y entonces Jesús la libertó de aquellos poderes demoníacos. Siempre que pienso en liberación, pienso en Hechos 26:18. Dios le dijo estas palabras a Pablo, para indicarle lo que sería su ministerio del evangelio: "Para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados." Cuando usted confía en el Señor Jesucristo, estos cambios maravillosos tienen lugar en su vida. Usted sale de las tinieblas a la luz; de la oscuridad mental, de las tinieblas morales y de la noche espiritual a la maravillosa luz del evangelio de Jesucristo. Usted pasa del poder de Satanás al poder de Dios. Dios empieza a controlar y a usar su vida. Usted pasa de la culpa al perdón, y de la pobreza a la riqueza como heredero de Dios por medio de la fe en Cristo. Esto es lo que Jesús hizo por María Magdalena.

Este milagro de redención es una cosa costosa. Cuando Jesús libertó a María Magdalena del poder del Maligno, le costó algo a El. Estando al pie de la cruz, María vio el precio que fue pagado.

Jesús tuvo que morir para que nosotros podamos ser redimidos. Para que yo pudiera pasar de las tinieblas a la luz, El tuvo que pasar de la luz a las tinieblas. Para que yo pudiera ser libertado de Satanás y pudiera venir a Dios, El tuvo que ser abandonado por Dios. Para que yo pudiera ser libertado de la culpa y perdonado, Jesús tuvo que ser hecho pecado por mí. Para hacerme rico a mí, El tuvo que convertirse en el más pobre de los pobres. No sorprende que María haya estado allí al pie de la cruz. No sorprende que ella haya estado allí cuando Jesús fue sepultado. No sorprende que ella estuvo en la tumba temprano en la mañana de la resurrección. María Magdalena había experimentado la redención. Al estar cerca de la cruz, María decía: "La cruz para mí es un lugar de redención."

¿Es la cruz lugar de redención para usted? ¿Puede usted decir: "He confiado en Jesucristo, y El me ha hecho pasar de las tinieblas a la luz, del poder de Satanás al poder de Dios, de la culpa del pecado al perdón, de la pobreza a una herencia por medio de la fe en El"? Si esto no es verdad en su vida, entonces a usted le falta todo aquello por lo cual Jesús murió para dárselo. Pídale que le salve, y entonces usted puede tomar su lugar al pie de la cruz, un lugar de redención.

Un Lugar de Reprensión

La segunda persona con la cual quisiera hablar es Salomé. Salomé era una persona interesante. Era la madre de Santiago y Juan, la hermana de María, y la mujer de Zebedeo. La recordamos como la mujer que vino con sus dos hijos pidiendo tronos para ellos. El relato de tal incidente se encuentra en Mateo 20:20-28. Salomé, Santiago y Juan se acercaron a Jesús y le dijeron: "Queremos pedirte algo." Jesús les preguntó: "¿Qué queréis?" (v. 21). Ellos le habían oído decir que los apóstoles iban a juzgar a las doce tribus de Israel, y que se iban a sentar en tronos; y querían asegurarse de tener buenos lugares. Así que dijeron a Jesús: "Quisiéramos tener nuestros tronos, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda." Jesús les dijo: "¿Podéis beber del vaso que yo he de beber, y ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado?" (v. 22). Con mucho desenfado contestaron: "¡Claro que podemos!" Jesús les dijo: "Así será; en verdad, así será." Por supuesto, Santiago fue el primero de los apóstoles en dar su vida en el martirio. Juan fue el último de los apóstoles en morir, y atravesó gran persecución y sufrimiento antes de ser llamado al hogar celestial.

"Salomé, queremos preguntarte: ¿Qué clase de lugar es la cruz? Tú te encuentras cerca de la cruz. ¿Qué significa eso para ti?" Pienso que ella hubiera contestado: "La cruz para mí es un lugar de reprensión. Aquí me siento recibiendo una fuerte reprimenda, porque fui muy egoísta. Quería que mis dos hijos tuvieran los lugares de honor; quería que estuvieran a la derecha y a la izquierda del Señor Jesús. Ahora estoy aquí viéndole, no en un trono, sino en una cruz; y me siento avergonzada de mí mismo."

En verdad, debía estar avergonzada de sí misma-tanto como deberíamos estarlo nosotros cuando oramos egoístamente. Su plegaria fue una oración egoísta; "Quiero algo para mis hijos. No importa lo que cueste. ¡Eso es lo que quiero!" Su oración brotaba del orgullo, no de la humildad.

¿Merecían tronos esos dos hombres? Los tronos no son repartidos al descuido; uno tiene que ganárselos. Salomé había olvidado el costo de la verdadera recompensa. No hay corona sin cruz; no se puede llevar la corona sin haber bebido el vaso. Incluso nuestro Señor Jesucristo mismo no retornó a Su trono sino por medio de la cruz.

La cruz fue para Salomé un lugar de reprensión. Cuánto necesitamos nosotros cantar: Cuando contemplo la portentosa cruz Sobre la cual de gloria el Príncipe murió, Mi ganancia más valiosa como pérdida se vé, y mi mal fundado orgullo se reduce a nada.

¡Que no ocurra, oh Dios, que me gloríe, Sino en la muerte de Cristo, mi Señor! Todas las cosas vanas que me seducen tanto Ante Su sangre, en humildad, las sacrifico.

Algunas veces las cosas más egoístas que hacemos son el resultado de una oración equivocada.

Ningún cristiano crece más allá que su vida de oración. Salomé no trajo sus oraciones a la cruz. Como consecuencia, sus oraciones eran egoístas, terrenales, de orgullo e ignorancia. No se dio cuenta del precio que iba a tener que pagar.

Dios contesta la oración, pero debemos asegurarnos de que podemos pagar el precio. Santiago de hecho pagó el precio-murió como un mártir.

Juan de hecho pagó el precio-tuvo que sufrir y fue perseguido. Salomé miró a la cruz como un lugar de reprensión; y yo confieso también que muchas veces, al contemplar la cruz, he sido reprendido; por cuanto mis oraciones han sido egoístas por entero, mi oración ha sido de orgullo. Dios me ha mirado, y me ha dicho: "¿Estás dispuesto a beber el vaso?" "¡Oh, no! Señor. Lo que quiero es una respuesta a mi oración." "Pero, tienes que beber el vaso. ¿Estás dispuesto a ser bautizado con el bautismo del sufrimiento?" "No, Dios. Simplemente lo que quiero es la bendición, no el sufrimiento." Salomé nos dice, a cada uno de nosotros: "La cruz es un lugar de reprensión." Dios se complace en honrar a Sus siervos y a Su pueblo. Un día iremos a disfrutar de Su gloria eterna. Pero, antes de la gloria, tiene que haber sufrimiento. "El Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione" (1 P. 5:10).

María Magdalena nos dice que la cruz es un lugar de redención. ¿Ha sido usted redimido? Salomé nos dice que la cruz es un lugar de reprensión. Tal vez al estar nosotros cerca de la cruz Dios reprenda nuestro egoísmo, nuestro orgullo y nuestro deseo de gloria sin sufrimiento.

Un Lugar de Recompensa

Ahora miremos a María y a Juan-María, la madre de nuestro Señor Jesús, y Juan, el discípulo al cual Jesús amaba. Si usted hubiera estado al lado de María, en el Calvario, y le hubiera preguntado: "¿Qué significa estar cerca de la cruz?" pienso que ella hubiera replicado: "La cruz, para mí, es un lugar de recompensa." Es interesante notar que encontramos a María al principio del Evangelio de Juan, y al final del mismo. La encontramos en Juan 2 y en Juan 19, pero los dos incidentes están en contraste. En Juan 2 María está en una boda y participando de la alegría de la fiesta. En Juan 19 está participando de la tristeza de un funeral. En Juan 2 el Señor Jesús dio una demostración de Su poder, y tornó el agua en vino. En Juan 19 nuestro Señor Jesús moría en agonía y vergüenza. Pudo haber ejercido Su poder y haberse librado a Sí mismo; pero, de haberlo hecho, no hubiera acabado la obra de la salvación. No vino para salvarse a Sí mismo, sino para salvarnos a nosotros.

En Juan 2 encontramos a María hablando, pero en Juan 19 ella guarda silencio. Su silencio es interesante; de hecho, es muy importante. En Juan 2 es de esperarse que ella diga algo. El vino se había acabado, y eso era una tragedia social en los días de Jesús. En alguna parte leí que una persona podía ser multada por invitar gente a una fiesta y no tener suficiente vino. María se acercó a Jesús y le dijo: "No tienen vino" (v. 3). Jesús suplió esa necesidad de acuerdo a Su corazón de gracia y amor.

Pero en Juan 19 María guarda silencio. Pienso que si alguna persona pudiera haber rescatado de a cruz a Jesús era Su madre, María. Todo lo que hubiera tenido que hacer era acercarse a los soldados romanos y decirles: "Yo soy su madre; yo le comprendo mejor que nadie. Lo que él dice no es verdad; por consiguiente, déjenlo en libertad." Si María hubiera presentado esta clase de testimonio podría haber rescatado al Señor Jesús. Pero guardó silencio. ¿Sabe usted por qué guardó silencio? Porque ella no podía mentir. Allí, junto a la cruz, su silencio fue un testimonio de que Jesucristo era el Hijo de Dios. Si alguien conoce a un hijo, ciertamente es su madre. Si Jesucristo no hubiera sido lo que reclamaba ser, María hubiera podido salvarlo. Pero permaneció en silencio, y ese silencio es un elocuente testimonio de que el Jesucristo que adoramos es Dios-Dios el Hijo venido en carne humana.

La cruz era un lugar de recompensa para María. ¿En qué sentido? En el sentido de que el Señor Jesucristo no la ignoró, sino que la recompensó al dejarla con el discípulo amado, y viceversa. María debe ser reconocida con honor, pero no debe ser adorada. En el Evangelio de Lucas se nos dice que María mismo dijo: "Mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador" (Lc. 1:47). María fue salva por la fe, igual que cualquier otro pecador. El ángel no le dijo: "Bendita tú sobre las mujeres." Lo que le dijo fue: "Bendita tú entre las mujeres" (v. 28). Reconocemos que María fue bendita, porque sufrió para traer al mundo al Salvador.

Simeón le había dicho: "Una espada traspasará tu misma alma" (Lc. 2:35). En la cruz ella experimentaba el clímax de ese sufrimiento. Cuando se descubrió que estaba encinta, empezó para ella el sufrimiento, la vergüenza y el reproche. Fue mal entendida. La gente murmuraba de ella. Se casó con José, un carpintero, y vivía en pobreza. Dio a luz al Señor Jesús en un establo.

Tuvieron que huir de Belén para escapar de la espada, y sin embargo algunos niños inocentes murieron a causa de su nene. Me preguntó cómo se sentiría María en cuanto a eso. Se gozó porque su hijo fue librado, pero debe haber sentido la espada en su propia alma al enterarse de que otros niños inocentes habían muerto.

Cuando nuestro Señor Jesús fue un adolescente, le había dicho: "¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?" (v. 49). Eso marcó el inicio de una experiencia de separación, una separación creciente. En ocasiones María realmente no le entendía. ¡La espada atravesaba su propia alma! María, al pie de la cruz, sufría. Sufría porque El moría. Sufría por la forma en que moría-en una cruz, contado con los transgresores. Sufría por el lugar en donde moría-en público, a la vista de toda suerte de gentes. Era tan cosmopolita la muchedumbre, que Pilato hizo escribir en tres idiomas la declaración para la cruz. ¡Nuestro Señor no fue crucificado en un callejón escondido! ¡Fue crucificado a vista de todos, en público, en vergüenza! Y María estaba allí, sintiendo la espada que atravesaba su alma.

Pero Jesús la vio, y le dio seguridad de su cariño. Siempre lo hace así. Tal vez usted esté atravesando un calvario. Tal vez usted está sufriendo intensamente por algo que ha ocurrido. Quiero que sepa que el Señor Jesús siempre nos da seguridad de Su amor. A María le dijo: "Mujer [un título de respeto], he ahí tu hijo" (Jn. 19:26). ¿Se refería a Sí mismo? Pienso que no. Pienso que se refería a Juan. Luego dijo a Juan: "He ahí tu madre" (v. 27). ¿Qué es lo que estaba haciendo? Estaba estableciendo una nueva relación. A María le estaba diciendo: "Voy de regreso al cielo. Por esto tú y yo debemos tener una relación enteramente nueva.

Pero, para dar paz a tu corazón, para restañar la herida causada por la espada que te ha atravesado, te entrego a Juan." Le aseguró Su amor al tomar a Su discípulo amado y hacerlo hijo de María. El Señor Jesús sintió el dolor de ella. Conocía la soledad que la afligía, y la recompensó dándole al discípulo que tanto había amado.

Leí en alguna parte que el testamento más largo que se conoce consta de cuatro enormes volúmenes. Tiene 95.940 palabras. El testamento más corto del que se tiene noticia está en Inglaterra, y contiene solamente tres palabras: "Todo para mamá." Jesús no tenía posesiones terrenales para dejar.

Los soldados ya se habían jugado sus vestiduras. ¿Qué podría dejarle a María? Le dio a Juan. "Desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa" (v. 27).

Para María la cruz era un lugar de recompensa. Al final, Dios recompensa a los que han sufrido.

Un Lugar de Responsabilidad

Ahora debemos hablar con Juan. "Juan, ¿Qué significa para ti estar al pie de la cruz?" Pienso que Juan hubiera contestado: "Este es un lugar de responsabilidad."

Nuestro Señor Jesús reinaba desde la cruz. Estaba en control. Daba órdenes. Daba direcciones a Sus seguidores y seres queridos. Restauró a Juan. Juan le había abandonado y había salido huyendo. Todos los discípulos habían hecho lo mismo. El Pastor había sido herido, y las ovejas esparcidas. Pero Juan regresó hasta la cruz. ¡Fue restaurado y perdonado! Usted y yo podemos habernos descarriado, podemos haber desobedecido o aun haber negado al Señor; pero podemos retornar. Juan regresó hasta la cruz. No era el lugar más seguro para colocarse, ni el más fácil de ocupar. He estado junto a algunos moribundos, pero nunca en una situación ni remotamente parecida. Regresar requirió valentía y amor de parte de Juan. El Señor Jesús lo restauró, y fue Juan mismo el que luego escribiría: "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad" (1 Jn. 1:9).

Jesús no solo que restauró a Juan, sino que también le honró. Le dijo: "Juan, tú vas a tomar mi lugar. Ya no estaré más en esta tierra para velar por mi madre humana, María; de modo que tú vas a tomar mi lugar. Vas a llevarla contigo, y tú vas a ser para ella un hijo." Lo interesante es que todos nosotros estamos tomando Su lugar. Después de Su resurrección, dijo: "Como me envió el Padre, así también yo os envío" (Jn. 20:21). Usted y yo representamos a Cristo delante de otros. Juan debía amar a María, por cuanto debía ocupar el lugar de nuestro Señor en la vida de ella. Usted y yo tenemos que amar a otros en la manera en que el Señor Jesús nos ha amado. Juan fue el discípulo al cual amaba Jesús.

Es interesante notar, en los capítulos finales de su Evangelio, cómo Juan mostró su amor por el Señor Jesús.

En Juan 13:23 leemos que Juan "estaba recostado al lado de Jesús." El amor siempre es algo del corazón. En Juan 19:26 leemos que Juan estaba al pie de la cruz. Una cosa es recostarse en el pecho de Jesús privadamente, en el aposento alto, y algo totalmente distinto ponerse públicamente al pie de la cruz. Pero el amor siempre ocupa su lugar y sufre. Juan 20:4 nos dice que Juan corrió al sepulcro. Más adelante reconoció a Jesús y dijo: "¡Es el Señor!" (21:7). El amor siempre reconoce al ser amado. Luego, el amor le hizo seguirle. Jesús dijo:
"Sígueme," y Juan le siguió. Finalmente, el amor da testimonio. Juan dijo que él daba "testimonio de estas cosas" (v. 24), porque las había visto y sabía que eran ciertas.

La cruz es un lugar de responsabilidad. Si usted y yo nos hemos acercado a la cruz, tenemos una grande responsabilidad-la responsabilidad de amar al Señor Jesús, y luego vivir por El y amar a otros. La vida cristiana no es una vida fácil, pero es una vida maravillosa. Estoy convencido que la vida cristiana es una vida mucho más fácil que la vida de pecado. "Junto a la cruz"-ese es el lugar donde El nos quiere. Es un lugar de redención. Si usted nunca ha confiado en el Señor Jesús, usted puede ser redimido. Sencillamente venga a la cruz por fe y confíe en El. "Junto a la cruz" es un lugar de reproche.

Todo nuestro orgullo y egoísmo se desvanece cuando nos ponemos al pie de la cruz y vemos al Señor Jesús sufriendo por nosotros.

"Junto a la cruz" es un lugar de recompensa. "Mujer, he ahí tu hijo . . . He ahí tu madre" (Jn. 19:26,27). Es un lugar de responsabilidad. Cuando nos acercamos a la cruz, por medio de la fe en Cristo Jesús, no podemos escaparnos, no podemos escondernos. Debemos ocupar nuestro lugar e identificarnos con El en comunión con Sus sufrimientos. Entonces podemos ir y hacerla obra que El nos ha llamado para que hagamos.

Cualquier cosa que sea lo que Dios le ha llamado a hacer, amigo mío, hágala. Si se acerca a la cruz descubrirá que es un lugar realmente maravilloso.

miércoles, 25 de febrero de 2015

El Tiempo Preciso De Dios


“... y estad siempre preparados ... ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” 1 Pedro 3:15

El pasado sábado 26 de enero, el hermano Reinaldo Sánchez, Armado con unas tablillas, un cartón, un alto conocimiento y una gran experiencia del tema, que como sargento paramédico de los Bomberos de Caracas maneja; dictó en nuestra Congregación el primero de varios talleres sobre primeros auxilios. Nos instruyó en un leguaje sencillo y ameno, la importancia de saber prestar atención en caso de heridas, hemorragias, quemaduras, inmovilizaciones, entre otras emergencias. Es e día la asistencia pudo haber sido mayor, pero para quienes asistimos jamás imaginamos lo útil y vital que eso puede ser en nuestra vida cotidiana. El hermano Reinaldo decía que el prestar los primeros auxilios no es saber a totalidad que hacer, sino conocer lo básico de lo que no se debe hacer. Y fue eso precisamente lo que protagonizó la siguiente historia.

Eran las 10:00 PM, cuando un hermano y yo caminábamos para llegar a Capitolio, después de tener unos minutos caminado se escucho la caída de algo metálico, yo le comentaba a el hermano que estaba de visita lo peligroso que se había vuelto esta zona; de pronto, caminando un poco más, volteamos a nuestra derecha y vimos un muchacho que estaba de rodillas pidiendo ayuda, nunca olvidare sus palabras: ¡Ayúdeme, por favor! Inmediatamente lo auxiliamos, lo acostamos y mientras el hermano que estaba conmigo lo chequeaba ya que es estudiante del último año de medicina, en ese instante el Señor me permitió poner en práctica lo que había aprendido, dejó de ser teoría. Ver la sangre comportarse como nos lo había enseñado, saber dominar los nervios, manejar el ánimo del herido, tratar de calmar a la gente, orientándolos a ayudarlo. Este joven tenía tres heridas de bala , y llegamos justo a tiempo para estabilizarlo lo más que se pudo, y luego trasladarlo en taxi a un hospital.

Hermanos, la moraleja de esta historia no es hacer la buena obra del día, sino que el Señor nos capacita para utilizarnos en el momento y lugar que El lo requiere; pero El nos necesita preparados, la asistencia a este taller pudo ser la diferencia entre la vida o la muerte de esa persona, y es así para todas las actividades. Hay personas trabajando en su congregación para ustedes, para que tengan las herramientas para edificarse, el conocimiento bíblico para ayudarse y brindar ayuda espiritual a quien necesite, usted es un instrumento de Dios, no lo vaya a olvidar ... pero aún, el mejor instrumento si no se sabe utilizar bien es inútil, hermanos pensemos que tal vez hubiera sido usted, el que no asistió al taller ¿qué hubiera hecho?, ¿como hubiese actuado? hermanos, hermanas, es un llamado de amor de parte de Cr isto, el Señor, apoyemos las actividades de nuestra congregación; puede que sea la diferencia entre la vida y la muerte, tanto física o espiritual de un conocido o hasta de usted mismo. Dios nos capacita para utilizarnos; no veamos este tipo de actividades como simple cultura general. “... de la ayuda mutua no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios”. Hebreos 13:16

“... No sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece”. Santiago 4:14

--------------------------

EL PASADO MIÉRCOLES 6 de febrero, falleció de un paro respiratorio Manuel Dacorte, el joven, que auxiliamos y llevamos al hospital el domingo 3 de febrero por recibir tres impacto de balas. Cuando recibí la noticia, recordé una ocasión en la que compartía con una gran amiga y hermana; lo duro del trabajo de la medicina, el hecho de tener la responsabilidad de preservar la vida de otro ser humano. De ella aprendí que cada ocasión donde nos vemos involucrado es una batalla y que no siempre se gana cuando logramos salvar una vida, sino cuando se hace todo lo que esta a nuestro alcance y aún más allá de nuestras fuerzas. Está amiga murió de un paro cardiaco en un lugar repleto de médicos, ninguno pudo hacer nada para revivirla, la vida sólo es neblina, y lo único que necesitamos para morir es vivir.

Cada vez, que me veo expuesto de esta manera a la muerte, inevitablemente tengo que preguntar como estamos viviendo los días que el Señor nos regala, realmente estamos siendo personas útiles, preocupados en ser el reflejos de Jesús, si muriéramos que legado o huella dejaríamos en la obra del Señor. Nos sentiremos realmente satisfecho de nuestras vida. Hermanos cada día es una oportunidad para salvar la vida espiritual de un persona, cada día es un oportunidad para ayudar, construir y contribuir a la obra en su ciudad, la invitación es que aproveche cada día al máximo, tal vez no notemos los triunfos, pero nadie podrá decir que no hicimos todo lo que estuvo a nuestro alcance. Para finalizar lo invito a decirle a sus seres queridos lo mucho que lo ama.

“... anímense unos a otros cada día, mientras dura ese “hoy” de que habla la Escritura, para que ninguno de ustedes sea engañado por el pecado y su corazón se vuelva rebelde”. Hebreos 3:13

sábado, 21 de febrero de 2015

ESTUDIO SOBRE EL SALMO 6

El pecado no es asunto liviano para un hijo de Dios. No importa qué tipo de pecado, porque todo pecado, desde el más insignificante hasta el más grave atenta contra la santidad de Dios. Que triste es que muchos hijos de Dios tratan ligeramente el pecado en sus vidas. Será útil examinar cómo se sintió el rey David después de haber pecado. Para ello, abra su Biblia en el Salmo 6. Lo primero que notará es el título del salmo. Dice así: Al músico principal; en Neginot, sobre Seminit. Salmo de David. De aquí podemos saber que este salmo debía ser cantado con acompañamiento de cuerdas, porque Neginot significa eso, pero se ha añadido un elemento nuevo. Las instrucciones al músico principal incluyen el hecho que debe ser cantado sobre Seminit. Esta palabra, Seminit significa, octava. Bien podría ser una referencia a un instrumento de ocho cuerdas o simplemente que debía incluirse música en una octava más bajo. También podemos saber que el autor del Salmo es David. Este salmo es el primero de los siete salmos penitenciales del libro de Salmos. En este Salmo, David derrama su corazón delante de Dios al reconocer la gravedad de su propio pecado. Dicho esto, podemos dividir el Salmo 6 en tres partes. La petición realizada en los versículos 1 a 3, la petición repetida, en los versículos 4 a 7 y la petición respondida en los versículos 8 a 10.

Veamos el primer punto. La petición realizada. Salmo 6: 1-3 dice: "Jehová, no me reprendas en tu enojo, ni me castigues con tu ira. Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy enfermo; Sáname, oh Jehová, porque mis huesos se estremecen. Mi alma también está muy turbada; y tú Jehová, ¿hasta cuándo?" Notamos que David habla de reprensión y castigo. Por eso sabemos que debe haber algún pecado que David había cometido. ¿Cuál pecado era? no se sabe con certeza y realmente no hace falta saberlo. Para qué hurgar en la vida pecaminosa de los demás. Dejemos el trabajo sucio a Satanás. A decir verdad, es mejor que la Biblia no nos revele por cuál pecado estaba siendo reprendido y castigado David, porque así podemos saber que todo pecado, cualquiera que sea y por más insignificante que sea siempre tiene su consecuencia. Gálatas 6:7 dice: "No os engañéis; Dios no puede ser burlado; pues todo lo que el hombre sembrare, esto también segará." Esta es una ley de causa y efecto. A una causa que es el pecado, cualquiera que sea, siempre está aparejado un efecto, la consecuencia del pecado. Con Dios no se puede jugar. Puede ser que Ud. haya pecado mucho y hasta ahora no ha pasado nada. Pero eso no significa que nunca va a pasar nada. En algún momento vendrá la consecuencia del pecado. Un joven se jactaba de que podía acostarse con cualquier mujer que esté dispuesta a hacerlo y que nunca le ha pasado nada, aparte del profundo placer que según él obtenía en cada uno de sus escabrosos encuentros. El tiempo pasó y hoy día es portador del virus de inmunodeficiencia humana, y algún momento engrosará las estadísticas de los muertos por el SIDA. Con Dios no se puede jugar. El pecado es algo muy serio en el incrédulo y peor en el creyente. Consciente de la gravedad de haber cometido pecado, David clama a Dios no para que Dios no le reprenda o no le castigue. La reprensión y el castigo es beneficioso para el pecador. Lo que David pide a Dios es que esa reprensión y ese castigo sean con benevolencia. Cuando mi hijo era tierno y hacía algo que merecía disciplina con vara en la parte del cuerpo que Dios ha diseñado para eso, solía rogar: Solamente dos, papi, solamente dos. Algo así está haciendo David con Dios. En realidad está pidiendo misericordia. Recuerde que misericordia es no dar lo que uno merece. David merecía todo el castigo de Dios, pero está rogando que Dios no le dé lo que realmente merece. Lo que pasa es que David había sentido ya la mano de Dios en reprensión sobre su vida. Todo su ser estaba sufriendo la consecuencia del pecado. Su cuerpo había enfermado, al punto que está clamando a Dios por sanidad. La enfermedad era tan grave que no podía sostenerse en pie porque sus huesos estaban temblorosos. Su alma estaba también en angustia. Dice que estaba turbada. Eso significa, sin paz, sin tranquilidad, atormentada. Su espíritu no podía estar bien tampoco. Estaba al borde de perder toda esperanza. Por eso clama a Dios: Y tú, Jehová, ¿hasta cuándo? Vemos que cuerpo alma y espíritu estaban padeciendo la consecuencia de pecado. Por eso David pide a Dios clemencia. El pedido realizado. Si bien es cierto que no toda enfermedad es causa de pecado, es también cierto que el pecado puede ser reprendido o castigado por Dios con enfermedad. De esto nos da amplia evidencia la Biblia. Si Ud. está enfermo, examine su vida. Podría ser que su enfermedad es consecuencia de algún pecado suyo que sólo Ud. y Dios lo saben. Si es así proceda a confesar y a apartarse de su pecado y es muy probable que Dios reprenderá la enfermedad con la cual Ud. está siendo reprendido o castigado.

Ahora consideremos la segunda parte del salmo. La hemos llamado la petición repetida. Salmo 6: 4-7 dice: "Vuélvete, oh Jehová, libra mi alma; sálvame por tu misericordia. Porque en la muerte no hay memoria de ti; en el Seol, ¿quien te alabará? Me he consumido a fuerza de gemir; todas las noches inundo de llanto mi lecho, riego mi cama con mis lágrimas. Mis ojos están gastados de sufrir; se han envejecido a causa de todos mis angustiadores." Bueno, David pidió a Dios clemencia. Ahora está pidiendo liberación del castigo por su pecado. Razón tenía porque había recibido ya bastante. David veía a Dios como si le estuviera dando las espaldas a causa del pecado y dice: Señor, vuélvete, mírame como estoy, libra mi alma. Es el clamor de alguien que reconoce la gravedad de la consecuencia de su pecado. No es que David merecía ser librado de seguir siendo castigado, sino que imploraba a Dios por misericordia. Sálvame por tu misericordia. Ninguno de nosotros merecemos ser perdonados del castigo por el pecado. Si Dios nos perdona es solamente por su misericordia. David se sentía tan mal, físicamente, emocionalmente y espiritualmente, que realmente pensaba que iba a morir muy pronto. Pero no quería morir y dice a Dios. Señor, no permitas que muera, porque si muero no podré hacer memoria de ti porque en el Seol o en el lugar donde están todo los muertos no podré alabarte como lo podría hacer aquí entre los vivientes, si me dieras un tiempo más de vida. Al orar así a Dios, David no está diciendo que el alma del hombre entra a un profundo sueño a partir que el hombre muerte físicamente. La Biblia nos muestra con claridad que el alma y espíritu de los creyentes va al cielo tan pronto el hombre muere físicamente. Lo que David está diciendo es simplemente: Si muero, no podré seguir alabándote junto a los demás seres vivos de la tierra. El pedido de liberación de David se fundamentaba también en cierto modo en que ya había sufrido bastante. Se había consumido a fuerza de gemir, todas las noches lloraba tanto que empapaba su cama con sus lágrimas, sus ojos ya no tenían lágrimas de tanto haber llorado. La última palabra la tiene Dios. Veamos qué es lo que hizo Dios.

Consideremos la tercera parte de este salmo. Lo hemos llamado la petición respondida. Salmo 6: 8-10 dice: "Apartaos de mí, todos los hacedores de iniquidad; porque Jehová ha oído la voz de mi lloro. Jehová ha oído mi ruego; ha recibido Jehová mi oración. Se avergonzarán y se turbarán mucho todos mis enemigos; se volverán y serán avergonzados de repente." La oración de David tuvo su efecto. Jehová oyó su llanto, Jehová respondió a su ruego. Jehová libró a David de seguir castigándolo por el pecado. Por tanto, los inicuos que pensaron que no había esperanza para David, deben irse lejos, deben sentirse avergonzados y turbados. Dios premió con liberación del sufrimiento por el pecado a alguien que en arrepentimiento se acercó a él para pedir clemencia. Si Dios actuó así con David, también puede actuar de la misma manera con Ud. Si Ud. está viviendo la trágica consecuencia de algún pecado en su vida, no se desanime, no piense que ya no hay esperanza para Ud. Dios está dispuestos a librar también a Ud. de sus aflicciones, pero para ello, se necesita que Ud. se presente delante de Dios en humillación como lo hizo David.

El pecado no es asunto liviano para un hijo de Dios. No importa qué tipo de pecado, porque todo pecado, desde el más insignificante hasta el más grave atenta contra la santidad de Dios. Que triste es que muchos hijos de Dios tratan ligeramente el pecado en sus vidas. Será útil examinar cómo se sintió el rey David después de haber pecado. Para ello, abra su Biblia en el Salmo 6. Lo primero que notará es el título del salmo. Dice así: Al músico principal; en Neginot, sobre Seminit. Salmo de David. De aquí podemos saber que este salmo debía ser cantado con acompañamiento de cuerdas, porque Neginot significa eso, pero se ha añadido un elemento nuevo. Las instrucciones al músico principal incluyen el hecho que debe ser cantado sobre Seminit. Esta palabra, Seminit significa, octava. Bien podría ser una referencia a un instrumento de ocho cuerdas o simplemente que debía incluirse música en una octava más bajo. También podemos saber que el autor del Salmo es David. Este salmo es el primero de los siete salmos penitenciales del libro de Salmos. En este Salmo, David derrama su corazón delante de Dios al reconocer la gravedad de su propio pecado. Dicho esto, podemos dividir el Salmo 6 en tres partes. La petición realizada en los versículos 1 a 3, la petición repetida, en los versículos 4 a 7 y la petición respondida en los versículos 8 a 10.

Veamos el primer punto. La petición realizada. Salmo 6: 1-3 dice: "Jehová, no me reprendas en tu enojo, ni me castigues con tu ira. Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy enfermo; Sáname, oh Jehová, porque mis huesos se estremecen. Mi alma también está muy turbada; y tú Jehová, ¿hasta cuándo?" Notamos que David habla de reprensión y castigo. Por eso sabemos que debe haber algún pecado que David había cometido. ¿Cuál pecado era? no se sabe con certeza y realmente no hace falta saberlo. Para qué hurgar en la vida pecaminosa de los demás. Dejemos el trabajo sucio a Satanás. A decir verdad, es mejor que la Biblia no nos revele por cuál pecado estaba siendo reprendido y castigado David, porque así podemos saber que todo pecado, cualquiera que sea y por más insignificante que sea siempre tiene su consecuencia. Gálatas 6:7 dice: "No os engañéis; Dios no puede ser burlado; pues todo lo que el hombre sembrare, esto también segará." Esta es una ley de causa y efecto. A una causa que es el pecado, cualquiera que sea, siempre está aparejado un efecto, la consecuencia del pecado. Con Dios no se puede jugar. Puede ser que Ud. haya pecado mucho y hasta ahora no ha pasado nada. Pero eso no significa que nunca va a pasar nada. En algún momento vendrá la consecuencia del pecado. Un joven se jactaba de que podía acostarse con cualquier mujer que esté dispuesta a hacerlo y que nunca le ha pasado nada, aparte del profundo placer que según él obtenía en cada uno de sus escabrosos encuentros. El tiempo pasó y hoy día es portador del virus de inmunodeficiencia humana, y algún momento engrosará las estadísticas de los muertos por el SIDA. Con Dios no se puede jugar. El pecado es algo muy serio en el incrédulo y peor en el creyente. Consciente de la gravedad de haber cometido pecado, David clama a Dios no para que Dios no le reprenda o no le castigue. La reprensión y el castigo es beneficioso para el pecador. Lo que David pide a Dios es que esa reprensión y ese castigo sean con benevolencia. Cuando mi hijo era tierno y hacía algo que merecía disciplina con vara en la parte del cuerpo que Dios ha diseñado para eso, solía rogar: Solamente dos, papi, solamente dos. Algo así está haciendo David con Dios. En realidad está pidiendo misericordia. Recuerde que misericordia es no dar lo que uno merece. David merecía todo el castigo de Dios, pero está rogando que Dios no le dé lo que realmente merece. Lo que pasa es que David había sentido ya la mano de Dios en reprensión sobre su vida. Todo su ser estaba sufriendo la consecuencia del pecado. Su cuerpo había enfermado, al punto que está clamando a Dios por sanidad. La enfermedad era tan grave que no podía sostenerse en pie porque sus huesos estaban temblorosos. Su alma estaba también en angustia. Dice que estaba turbada. Eso significa, sin paz, sin tranquilidad, atormentada. Su espíritu no podía estar bien tampoco. Estaba al borde de perder toda esperanza. Por eso clama a Dios: Y tú, Jehová, ¿hasta cuándo? Vemos que cuerpo alma y espíritu estaban padeciendo la consecuencia de pecado. Por eso David pide a Dios clemencia. El pedido realizado. Si bien es cierto que no toda enfermedad es causa de pecado, es también cierto que el pecado puede ser reprendido o castigado por Dios con enfermedad. De esto nos da amplia evidencia la Biblia. Si Ud. está enfermo, examine su vida. Podría ser que su enfermedad es consecuencia de algún pecado suyo que sólo Ud. y Dios lo saben. Si es así proceda a confesar y a apartarse de su pecado y es muy probable que Dios reprenderá la enfermedad con la cual Ud. está siendo reprendido o castigado.

Ahora consideremos la segunda parte del salmo. La hemos llamado la petición repetida. Salmo 6: 4-7 dice: "Vuélvete, oh Jehová, libra mi alma; sálvame por tu misericordia. Porque en la muerte no hay memoria de ti; en el Seol, ¿quien te alabará? Me he consumido a fuerza de gemir; todas las noches inundo de llanto mi lecho, riego mi cama con mis lágrimas. Mis ojos están gastados de sufrir; se han envejecido a causa de todos mis angustiadores." Bueno, David pidió a Dios clemencia. Ahora está pidiendo liberación del castigo por su pecado. Razón tenía porque había recibido ya bastante. David veía a Dios como si le estuviera dando las espaldas a causa del pecado y dice: Señor, vuélvete, mírame como estoy, libra mi alma. Es el clamor de alguien que reconoce la gravedad de la consecuencia de su pecado. No es que David merecía ser librado de seguir siendo castigado, sino que imploraba a Dios por misericordia. Sálvame por tu misericordia. Ninguno de nosotros merecemos ser perdonados del castigo por el pecado. Si Dios nos perdona es solamente por su misericordia. David se sentía tan mal, físicamente, emocionalmente y espiritualmente, que realmente pensaba que iba a morir muy pronto. Pero no quería morir y dice a Dios. Señor, no permitas que muera, porque si muero no podré hacer memoria de ti porque en el Seol o en el lugar donde están todo los muertos no podré alabarte como lo podría hacer aquí entre los vivientes, si me dieras un tiempo más de vida. Al orar así a Dios, David no está diciendo que el alma del hombre entra a un profundo sueño a partir que el hombre muerte físicamente. La Biblia nos muestra con claridad que el alma y espíritu de los creyentes va al cielo tan pronto el hombre muere físicamente. Lo que David está diciendo es simplemente: Si muero, no podré seguir alabándote junto a los demás seres vivos de la tierra. El pedido de liberación de David se fundamentaba también en cierto modo en que ya había sufrido bastante. Se había consumido a fuerza de gemir, todas las noches lloraba tanto que empapaba su cama con sus lágrimas, sus ojos ya no tenían lágrimas de tanto haber llorado. La última palabra la tiene Dios. Veamos qué es lo que hizo Dios.

Consideremos la tercera parte de este salmo. Lo hemos llamado la petición respondida. Salmo 6: 8-10 dice: "Apartaos de mí, todos los hacedores de iniquidad; porque Jehová ha oído la voz de mi lloro. Jehová ha oído mi ruego; ha recibido Jehová mi oración. Se avergonzarán y se turbarán mucho todos mis enemigos; se volverán y serán avergonzados de repente." La oración de David tuvo su efecto. Jehová oyó su llanto, Jehová respondió a su ruego. Jehová libró a David de seguir castigándolo por el pecado. Por tanto, los inicuos que pensaron que no había esperanza para David, deben irse lejos, deben sentirse avergonzados y turbados. Dios premió con liberación del sufrimiento por el pecado a alguien que en arrepentimiento se acercó a él para pedir clemencia. Si Dios actuó así con David, también puede actuar de la misma manera con Ud. Si Ud. está viviendo la trágica consecuencia de algún pecado en su vida, no se desanime, no piense que ya no hay esperanza para Ud. Dios está dispuestos a librar también a Ud. de sus aflicciones, pero para ello, se necesita que Ud. se presente delante de Dios en humillación como lo hizo David.










BibleGateway | Free E-mail | Libro de Visitas | Políticas | Boletín Bíblico | Mapa

martes, 17 de febrero de 2015

Aceptando a los demas


"Soportándose con paciencia los unos a los otros, en amor"

Efesios 4:2

Cada ser humano es una creación única, la cual proviene de las manos artísticas de Dios. Cada ser humano tiene características diferentes que lo hacen especial, todos los seres humanos somos diferentes aunque con ciertas particularidades comunes.

Jesús oró para que seamos uno, esto no quiere decir que seamos uniformes, pienso esto porque cada uno de nosotros es un ente pensante, capaz de analizar asuntos y reaccionar ante situaciones de forma diferente. Sin embargo esta petición de Jesús al Padre en lugar de pedir uniformidad implora por la unidad de los creyentes. Unidad en el sentido de aceptarnos tal cual somos, unidad en el sentido de permanecer juntos, amándonos a pesar de pensar diferentes.

Es un error tratar de cambiar a las personas, es necesario aceptar a cada cual con sus características propias, con sus debilidades. Hace un tiempo leí: Dios nos ama como somos, pero nos ve como El quiere que seamos.

Es tiempo de poner a un lado nuestras condiciones para aceptar a los demás, es tiempo de saber que los demás están llamados a aceptarnos y a amarnos exactamente como somos. Sin embargo lo importante para una persona, no es el ser aceptado, sino luchar por aprender aceptar a los demás. Jesús nos ha dado el ejemplo, El Rey acepta a todo aquel de le busca. ¿Quiénes somos para no hacer como El Maestro de Nazaret nos indica.

lunes, 16 de febrero de 2015

Quien Creo Lo Malo Que Sucede En La Tierra


¿Es cierto que todo lo malo que sucede en la tierra es culpa de Dios porque fue él quien creó el mal cuando puso el árbol de la ciencia del bien y del mal en el huerto de Edén, según Génesis 2:9?

No es correcto afirmar que todo lo malo que sucede en la tierra es culpa de Dios. Peor todavía afirmar que Dios es el autor del mal porque él puso el árbol de la ciencia del bien y del mal en el huerto de Edén.

En la Biblia, el mal moral que existe en el mundo se define claramente como pecado, y la Biblia es muy enfática al declarar que de ninguna manera Dios puede ser considerado como el autor del pecado.

Es verdad que el decreto eterno de Dios hizo segura la entrada del pecado en el mundo, pero esto no debe interpretarse en el sentido que Dios es el responsable de que exista pecado en el mundo.

Veamos el fundamento bíblico para esto que hemos dicho. Job 34:10 dice: "Por tanto, varones de inteligencia oídme: Lejos esté de Dios la impiedad, y del Omnipotente la iniquidad"

Mal puede crear la impiedad o la iniquidad alguien que según este texto está lejos de ello. Dios está totalmente apartado de pecado, eso es lo que se llama santidad

Isaías 6:3 dice: "Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria"

Un Dios así de santo no puede ser autor de la maldad en el mundo. Además, la Biblia dice que Dios es recto y que no hay injusticia en él. Salmo 92:15 dice: "Para anunciar que Jehová mi fortaleza es recto y que en él no hay injusticia"

Todas estas cualidades de Dios, alejado de impiedad e iniquidad, santo, recto, apartado de la injusticia, hacen imposible que él sea el autor o el responsable del pecado en la tierra.

Esto es lo que menciona Santiago 1:13 que dice: "Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie"

Dios no puede, de ninguna manera ser el autor o el responsable del pecado. En realidad, Dios odia el pecado, eso es lo que dice la Biblia. Zacarías 8:17 dice: "Y ninguno de vosotros piense mal en su corazón contra su prójimo, ni améis el juramento falso; porque todas estas son cosas que aborrezco, dice Jehová"

Alguien que aborrece el pecado no puede ser autor del pecado. A la luz de todo esto seríamos blasfemos si dijéramos que Dios es el autor del pecado.

Concluimos pues que Dios no es responsable del mal que hay en el mundo porque no fue él quien originó la maldad. El árbol de la ciencia del bien y del mal, que él puso en el huerto de Edén fue solamente la prueba que utilizó Dios para que el hombre creado en inocencia por Dios pudiera hacer uso de su libertad de hacer lo bueno o lo malo. Desafortunadamente el hombre escogió por su propia voluntad hacer lo malo y así sumió a la humanidad en el pecado, evidencia de lo cual es la maldad que vemos en la tierra.

jueves, 12 de febrero de 2015

Somos pecadores Nacimos en esa condicion.


Yo amo de corazón a mí padre y a mi madre. Los dos fueron padres ejemplares en todo sentido. Pero los dos, mi padre y mi madre son pecadores; y por cuanto ellos son pecadores, yo soy pecador.

Job preguntó: "¿Quién hará limpio a lo inmundo?" Y luego él mismo respondió a su pregunta: "¡Nadie!" (Job 14:4). Es imposible que dos padres pecadores traigan al mundo hijos sin pecado. La razón por la cual Ud. no era precisamente un "angelito" cuando era niño es porque Ud. era un pecador, y lo sigue siendo.

Después de su gran pecado con Betsabé, David dijo a Dios lo siguiente: "He aquí en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre" (Salmo 51:5). Como Ud. verá, antes aún de cometer cualquier pecado, ya habíamos nacido en pecado. Ud. y yo somos pecadores porque nacimos así, no sólo porque cometemos pecado.